Gary Oldman amanece en un planeta que no es el suyo

Hoy se estrena ‘El amanecer del planeta de los simios’, puesta al día de una saga que arrancó a finales de los 60 y a la que aún parece quedarle mucha cuerda. Aprovechamos el estreno para recuperar la entrevista con Gary Oldman, uno de los protagonistas de la película, que publicamos en nuestro número de julio.

Gary Oldman
Rosa Gamazo-Robbins | 18/07/2014 - 17:19

¿Cuál es tu papel en ‘El amanecer del planeta de los simios’?
Interpreto a un personaje que vive en San Francisco. Con el director estuvimos hablando sobre mi personaje diciendo que seguramente había sido un policía, una de esas personas con bastantes recursos a las que la gente acude cuando tiene un problema. Se convierte un poco por elección en el líder, aunque no sé si es el término que mejor lo definiría, de un grupo de humanos.

Tu personaje no es un villano, pero tampoco un héroe. ¿Crees que eso refleja lo que ocurre en la vida cotidiana?
Creo que nos pasamos la vida intentando vivir de manera confortable y en paz con nosotros mismos, pero al mismo tiempo nos encontramos con que hay que diferenciar entre nuestras vidas pública y privada. Hay ocasiones en las que tienes que ser de otra manera. Por ejemplo, con los hijos.

¿Qué quieres decir exactamente?
Con tus hijos no puedes comportarte como si fueras su colega, tienes que hacer el papel de padre responsable. Obviamente, desde el cariño, pero debes mantener el papel de educador ante todo. Por ejemplo, mi hijo me preguntó ayer si podía traer unos amigos a casa, porque los quería invitar a pasta. Sé que entre los amigos hay una chica que le gusta. Obviamente mi hijo quiere que yo no esté en casa, pero no los voy a dejar solos. Sé que mi hijo es responsable, pero yo quiero vigilar la pasta [risas], no vaya a ser que, por no estar yo allí, me encuentre a los bomberos cuando vuelva.

En realidad, a ti a su edad te habría gustado que tu padre te dejase solo.
Exacto, pero tengo que hacer el papel de padre. Le dejaré cocinar su pasta, pero me quedaré pululando por casa.

Hay una frase de tu personaje en la película ‘Rosencrantz y Guildenstern han muerto’ que decía que los actores son todo lo contrario a la gente normal…
Una frase estupenda, pero el que tendría que responderte es Tom Stoppard, el director y guionista de aquella película.

Pero como actor, ¿qué tienes que decir al respecto?
Que no tengo amigos actores.

¿Por qué?
Porque son todo lo contrario a la gente normal [risas].

Muchos compañeros de trabajo te tienen gran admiración y han llegado a afirmar que eres el mejor actor vivo de tu generación.
Es muy halagador, pero no es cierto. Hay mucha gente ahí fuera con una capacidad y una sensibilidad tremendas para la actuación. En cada generación hay actores que destacan y que a su vez admiran a otros. Hace poco me encontré con Ewan McGregor y me comentó que, cuando estaba en la universidad, me tenía como uno de los actores a los que admiraba. Me pareció muy entrañable su comentario. Él se ha convertido en otro actor al que admirar.

 ¿A quiénes admirabas tú?
A Tom Courteney, a Albert Finney, a Alec Guiness… Aunque mis grandes héroes eran Lawrence Olivier y Peter Sellers.

¿Qué actor te ha sorprendido recientemente?
Ralph Fiennes en ‘El gran Hotel Budapest’. Este actor está mejorando cada vez más. Es sublime verlo actuar.  Ahora veo las generaciones siguientes a la mía y lo cierto es que me sorprendo del buen nivel que existe.

¿Hay alguna serie de televisión que veas con verdadera afición?
‘Mad Men’. Cuando empiezo a oír la sintonía parece que todo el mundo para y todo está en orden [risas]. También me gustan ‘Boardwalk Empire’ y ‘The Americans’.

¿Cómo describirías la profesión de actor?
Es una profesión que lidia con los sentimientos. Es todo sentir y escuchar, son sensaciones. Actuar no es una profesión intelectual. Tienes a alguien como Stella Adler, que puede llevar algo abstracto a la articulación a través de la enseñanza de la interpretación, pero en el fondo es todo un sentimiento. Es muy parecido a la música.

¿Cuándo te diste cuenta de que querías dedicarte a esto?
No es algo que supiera desde pequeño, ni mucho menos. Vi una película con Malcolm McDowell llamada ‘The Raging Moon’ y desde ese momento, con 15 años, decidí que me quería dedicar a esto.

¿Crees que el mundo va a mejor? Esta película tiene un mensaje esperanzador.
No, lo siento, no lo veo viable. Creo que la naturaleza del ser humano no lo permite.  La idea de que todos nos demos la mano y vivamos en paz es totalmente utópica. En Occidente la gente tiene ahora un hijo de media por pareja, y en otros países están teniendo hijos a diestro y siniestro a los 15 años. Los musulmanes están teniendo todos esos hijos. Haz la suma. Esas culturas acabarán dominando el mundo. Es solo un ejemplo para que veas que no hay arreglo. Para ellos, somos infieles y no van a convivir en un mundo utópico pacifista.

Oldman

El vodka ya es pasado
Poco ha permitido Gary Oldman que se filtre al público de su vida privada, si exceptuamos sus problemas con el alcohol. A mediados de la década de los 90, Oldman tenía la extraña costumbre de ventilarse dos botellas de vodka diarias, lo que le provocó alguna que otra detención por conducir borracho. En 1995, después del rodaje de ‘La letra escarlata’, ingresó en un centro de rehabilitación del que salió “limpio” de adicciones.

 
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