Historias del porno: El nacimiento del gonzo

John Stagliano tuvo una idea de doble filo. Gracias al uso de la cámara subjetiva inyectó al porno una dosis de realismo hasta entonces desconocida, pero también puso el primer clavo en el ataúd del cine X narrativo, pulcro y bien producido que había existido hasta entonces.

Buttman
Paco Gisbert | 30/07/2013 - 9:32

En 1989, la industria de cine para adultos norteamericana atravesaba la peor crisis de su historia. El escándalo provocado por el descubrimiento de que Traci Lords, la reina del porno a mediados de los 80, había participado en más de 70 películas siendo menor de edad, la implacable persecución del FBI a quienes se dedicaban al cine X, con los cargos de prostitución como excusa, y la aparición del formato de vídeo, que había hecho desertar a aquellos que hicieron grande el género, no eran problemas menores al lado de un modelo de representación cinematográfica que parecía llegar a su fin. El porno estaba condenado a renovarse o morir.

John Stagliano, un mediocre actor que ejercía como director desde mediados de la década de los 80, había fundado su propia productora en 1987. La bautizó con el nombre de una de sus películas, Evil Angel, y pensó en una serie de ideas para conferir algo de originalidad a sus productos, dentro del marasmo de títulos insustanciales que poblaban las estanterías de los videoclubes.

Una idea con futuro

Obseso de los culos de las mujeres, pensó en hacer una película basada en ese elemento fetichista que, además, integrara a la cámara como uno de los protagonistas de la historia. Era un recurso divertido que serviría para disimular el vicio de algunas de las nuevas actrices, sin ninguna formación actoral, de mirar a la cámara en cada momento solicitando su aprobación.

La película se llamó ‘Las aventuras de Buttman’ y contaba, desde un punto de vista subjetivo, las andanzas de un camarógrafo que se dedicaba a filmar los traseros de las chicas que encontraba. Nada que no se hubiera inventado ya. Más de 40 años atrás, Robert Montgomery había rodado ‘La dama del lago’ siendo fiel a la técnica de la cámara subjetiva.

Pero en el porno era la primera vez que se hacía. Sin pretenderlo, Stagliano inventó una nueva forma de realizar películas X, que es lo que necesitaba la industria para no morir de aburrimiento. Muy pronto a esa forma de rodar las películas X se la llamó “gonzo”, en homenaje al tipo de periodismo que practicó, una década antes, Hunter S.Thompson, un personaje que curiosamente estuvo muy ligado por porno gracias a su amistad con los hermanos Mitchell, grandes pioneros de la industria sicalíptica. Thompson convertía al narrador de sus artículos en protagonistas de las historias que contaba, al mismo nivel que lo que sucedía, contraviniendo una de las reglas sagradas de la profesión periodística: la que dice que lo importante es lo que se ha de contar y no quien lo cuenta.

Crónicas del segundo origen

El gonzo tal y como lo inventó Stagliano era un recurso brillantísimo para dotar de realismo a las películas X. Al introducir como personaje a la propia cámara, el espectador podía sentirse identificado con un elemento de la trama, como si estuviera inmerso en ella. Los primeros filmes de la serie ‘Buttman’ son fieles a esa nueva perspectiva, ya que presentan a un tipo que no siempre liga, como en la vida real, y que, cuando lo hace, nunca abandona el punto de vista elegido para narrarlo.

Con los años, la palabra gonzo pasó a definir todas aquellas películas porno rodadas de forma descuidada, sin una planificación previa y con una cámara de vídeo como único soporte técnico. El termino se peyoró hasta el punto que cualquier filme sin argumento, en el que se encadenan escenas sexuales sin ninguna relación entre ellas, adquirió tal calificativo. Y lo que es todavía más grave, sirvió de excusa para que cualquiera pudiera coger una cámara y filmar un porno aunque no tuviera ni idea de cómo utilizarla ni, por supuesto, hubiera pasado remotamente cerca de una escuela de cine.

Pronto se cumplirá un cuarto de siglo del nacimiento del subgénero más importante que ha dado el porno en su historia. El que, paradójicamente, ha convertido al porno en una sucesión de polvos sin sentido y ha glorificado a patanes cuyo único mérito ha sido tener suficiente dinero para comprar una buena cámara de vídeo y contratar a unas cuantas chicas para follárselas mientras él mismo las filma. Nada que ver con la apuesta de innovación que ideó Stagliano a finales de la década de los 80.

 

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