Historias del porno: La chica que odiaba la pornografía

La leyenda negra del cine X se nutre de historias como esta. Shauna Grant, drogas, herpes, desgana y suicidio. Sordidez al cubo.

Shauna Grant
Paco Gisbert | 30/04/2013 - 12:11

Si Colleen Applegate hubiera nacido un siglo antes, su vida se habría parecido a la de Laura Ingalls, la inconformista escritora norteamericana que dejó para la posteridad su niñez en la Minnesota rural en ‘La pequeña casa de la pradera’, mucho tiempo antes de que Michael Landon la convirtiera en una almibarada serie de televisión.

Y es que Applegate, como Ingalls, nació y creció en una comunidad rural del estado del remoto norte de los Estados Unidos, con la diferencia que su familia era pequeño burguesa y no agricultores condicionados por la cosecha anual. Pero su carácter rebelde, marcado por la terrible represión sexual que emanaba de su propia familia y su entorno, afloró pronto. A los 18 años cogió sus más elementales pertenencias y se marchó a California en busca de fortuna.

Poco tiempo después, a Minnesota llegaron algunos ejemplares de las revistas ‘Penthouse’ y ‘Hustler’ en las que aparecía la presuntamente inocente y virginal Colleen desnuda. Sus padres tomaron un avión y se presentaron en California para convencer a su hija de que debía rectificar y orientar su vida hacia las buenas costumbres. Pero ya era tarde. Colleen pasó de ellos y subió un escalón más en su ascenso hacia la nada. En 1982 aceptó participar en unas cuantas sesiones fotográficas realizadas por Suze Randall. Aquellas fotos llamaron la atención del productor Bobby Hollander, quien la convirtió en Shauna Grant.

Suprema desgana

Shauna Grant no fue una actriz como las demás. Odiaba el porno y lo transmitía en sus actuaciones. Era como ese oficinista kafkiano que trabajaba en su cubículo y detestaba cada jornada laboral, como el Bartleby de Melville que prefería no hacer nada, enfrascado como estaba en su terco nihilismo. Jerry Butler, actor contemporáneo a Shauna y uno de los personajes más controvertidos de la historia del cine X americano, resumió su disposición al trabajo en una frase lapidaria: “Era como follarse a una muerta”.

Sin embargo, fue una estrella deslumbrante, que participó en una treintena de películas durante poco menos de un año y tuvo tiempo, en ese periodo, de coger herpes,  quedarse embarazada y abortar, ganar más de 100.000 dólares y gastarse la mayoría de esa suma en esnifar cocaína.

Porque, paralelamente a su contradictoria vida laboral, Shauna se internó en el peligroso territorio de la droga. Cocainómana compulsiva, se vio obligada a alejarse de los platós cuando los productores vieron que llegaba a rodar con la boca torcida. Abrió una boutique de piel en Palm Springs, financiada en parte por su novio, Jake Ehrlich, un conocido camello de Los Ángeles, pero su irresistible adicción nasal y una ruinosa administración la obligaron a cerrar el negocio.

Volvió fugazmente al porno, pero no por mucho tiempo. Dos meses después de que Ehrlich evitara su suicidio tras una acalorada discusión, Shauna aprovechó que su novio estaba trapicheando por las calles para volarse los sesos con un rifle del calibre 22. Era el 22 de marzo de 1984, sólo tres años después de que abandonara Minnesota para dejar atrás una vida que la atormentaba.

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