Historias del porno: La mujer con tres nombres

Antes de que las húngaras, las checas o las españolas pusieran Europa en el mapa del porno internacional, hubo una holandesa con tendencia a cambiar de nombre que fascinó al mismísimo Andrew Blake y participó en los primeros orgasmos filmados del gran Rocco Siffredi.

Zara Whites
Paco Gisbert | 19/02/2013 - 11:04

Cuando Esther Kooiman, nacida en Rotterdam en 1968, tenía solo 15 años, se dio cuenta de que, en su colegio, había otras tres niñas con su mismo nombre.

A esas edades, las adolescentes se sienten únicas, señaladas por los dioses para cumplir misiones en la sociedad que nadie puede ejecutar, y Esther pensó que había demasiadas “Esther” en su entorno para ser una más. Así que decidió cambiar su nombre por el de Amy.

A partir de entonces, la vida de Amy entró en una vertiginosa deriva que incluso la llevó a ejercer, por pura curiosidad y durante un corto periodo, la prostitución. En su periplo por el lado más salvaje de la vida, Amy entró a trabajar en el White’s, prostíbulo de Rotterdam en el que, según confesaría más tarde, vivió algunas de las experiencias más interesantes de su vida.

Tras dejar la profesión, la inquieta Amy probó suerte como azafata de televisión en el mítico programa de Telecinco ‘Ay, qué calor’ y empezó a dedicarse a las sesiones de fotografía erótica.

En la tierra de las oportunidades

Tiempo después, Amy viajó a Los Ángeles para participar en una sesión fotográfica junto a un joven actor italiano que triunfaba por entonces en los Estados Unidos. El nombre de aquel adelantado a su tiempo era Rocco Siffredi y la sesión de fotos (accidentada por la inquietante autonomía de la polla de Rocco) desembocó en una oferta para participar en un filme porno dirigido por John Stagliano.

La película se acabaría titulando ‘Buttman’s Ultimate Workout’ (‘Culitos amorosos’, en su más que dudoso título español) y, en ella, Amy interpretaba a una joven artista que se resistía a ser abatida por Rocco hasta el final de la cinta. Al finalizar la grabación, el equipo de producción preguntó a Amy con qué nombre deseaba figurar en los títulos de crédito, y la holandesa se acordó de su etapa en el White’s. El nombre le llegó como una revelación de lo que iba a ser su nueva vida. Había nacido Zara Whites.

Todo un carrerón

Durante tres años, Zara Whites fue la actriz más importante del porno europeo y una de las pocas de nuestro continente que gozó de verdadero en los Estados Unidos. Trabajó, muy a su pesar, con Mario Salieri, quien la elevó a los altares en películas como ‘Toda una vida’, con Andrew Blake, el único director capaz de hacer que Zara viera una película porno con agrado, con John Leslie, con el que descubrió nuevos caminos en su sexualidad, o con Michel Ricaud, un hombre que, según recuerda, “gritaba todo el tiempo” pero cuya calidad como persona y como director no pone en duda.

En 1993 decidió retirarse del porno para intentar emprender una carrera como presentadora de televisión y cantante. Solo triunfó a medias, pues los discos que grabó nunca salieron a la luz, pero adquirió un cierto prestigio en Francia conduciendo programas de sexo. Hasta que, a finales del siglo XX, retornó brevemente al porno, ya casada y con la única condición de participar sólo en escenas lésbicas, para protagonizar ‘La domadora’, de Alain Payet, y ‘Divina’, de Mario Salieri, un filme semiautobiográfico que sería el punto final en su carrera.

A sus 44 años, la vida de Zara Whites ha cambiado mucho. Dejó las drogas (incluido el tabaco) hace años, es vegetariana y una activa militante del ecologismo político, que la llevó incluso a ser candidata a las elecciones legislativas francesas en 2007 con su nombre de casada, Esther Spincer.

Divorciada del hombre con el que compartió matrimonio durante diez años, un preparador físico de balonmano con el que tuvo dos hijos, vive en la región parisina feliz, contenta de que su azarosa vida la haya llevado hasta algo que defender con orgullo. En su fuero interno, sabe que fue la primera gran estrella femenina del cine X europeo, la única superviviente en el recuerdo de los aficionados de una generación que ha caído en el olvido. Pero entonces era Zara Whites. Ahora es simplemente Esther.

  • Imprimir
  • Enviar por e-mail
Este mes, en 'Primera Línea'
Janice Griffith: La actriz porno fumeta que odia el sexismo y el racismo
Este mes, en 'Primera Línea'
publicidad
publicidad
Búscanos en Facebook
publicidad

© Ediciones Reunidas, S.A. | Todos los derechos reservados