Historias del porno Las salas X

Esta semana se han cumplido 30 años desde la apertura de las salas X en España, en el lejano 1984. Tres decenios después, las salas especializadas en la proyección de películas porno son una reliquia que nos suena tan viejuna como el fax o los motocarros.

SalaX
PACO GISBERT | 07/03/2014 - 14:42

El 5 de marzo de 1984, ahora hace 30 años, empezaron a funcionar las primeras salas X en España. 22 locales, repartidos por todo el territorio nacional, abrieron sus puertas para ofrecer a los aficionados cine porno dentro de la legalidad. Bien es cierto que, desde unos meses antes, ya se podían encontrar películas X en las estanterías de los videoclubes, pero se puede convenir que la apertura de las salas X supuso la emblemática fecha de nacimiento del porno español dentro del marco legal.

El largo y tortuoso camino

El camino hasta llegar a aquel lunes de 1984 había sido largo y, en ocasiones, penoso. Desde los furtivos pechos de Amparo Muñoz en ‘Tocata y fuga de Lolita‘ (1973), el primer desnudo integral del cine nacional, cuyo honor correspondió a María José Cantudo en ‘La trastienda‘ (1977), la comedia erótica de destape de los setenta o el entrañable y nunca bien ponderado cine clasificado ‘S’ de los ochenta, el termómetro cinematográfico español había subido en muchos grados hasta alcanzar una temperatura suficientemente caliente para favorecer la legalización del porno.

Pese a las restricciones que la propia ley de creación de las salas X impuso a los distribuidores y exhibidores de las películas (entre ellas, la prohibición de publicitar los filmes o los abusivos porcentajes de taquilla que se reservaba la administración), los locales especializados en cine para adultos obtuvieron una importante acogida entre el público. Los españoles, tras más de 40 años de dictadura y en pleno proceso de transformación a la nueva realidad democrática, acudieron en tropel a las salas X, deseosos de ver lo que los políticos les habían negado durante años. Las salas se llenaron de intelectuales, con revistas como Triunfo, Cartelera Turia o Cambio 16 bajo el brazo, que iban a ver películas consideradas clásicos del porno, como ‘El diablo en la señorita Jones‘, ‘Garganta profunda‘ o ‘Tras la puerta verde‘, y de aficionados que querían ver y aprender del sexo que practicaban otros.

La caída de las salas

Junto a esa fiebre por ver, también estalló la fiebre por crear. El cine español estrenó entonces un nuevo género que recogía toda la tradición erótica del pasado y la aderezaba con sexo explícito. Entre 1984 y 1988, un grupo de voluntariosos directores, actores, actrices y productores tejieron una pequeña industria de cine X que realizó más de medio centenar de filmes. Jesús Franco abanderó aquella corriente con una decena de filmes, rodados con pocos medios y mucho entusiasmo.

30 años después de que España comenzara a ver porno con normalidad, sólo permanecen abiertas cuatro salas X en el territorio nacional de las 85 que llegó a haber en 1987, en la época dorada de este tipo de locales. El vídeo doméstico, primero, el dvd, después, e internet, ahora, han ido alejando progresivamente al aficionado de la sala oscura en beneficio del salón de casa, mucho más privado e íntimo. Las pocas salas X que resisten lo hacen con una función muy diferente a aquella para la que fueron creadas: como lugar de contacto para el público gay. Pero permanecen como vestigio indeleble de una época en la que el porno era cine y se podía disfrutar, en libertad, como cualquier otra película que no contuviera sexo explícito. Como recuerdo de un pasado en el que se pusieron las bases para lo que es el porno en la actualidad.

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