Vicio y subcultura Jason Luv es oro negro

Entre las grandes novedades viciosas y subculturales que nos trae este mes de septiembre destaca la consagración de Jason Luv, estrella en auge del tinglado erótico y candidato desde ya a derribar barreras y llevárselo calentito en los próximos AVN.

Jason Luv
Javier Blánquez | 04/09/2018 - 13:52

Hace algo menos de un mes, Kanye West acudió como invitado al talk show televisivo de Jimmy Kimmel para conceder una entrevista, y ahí habló de todo lo que ahora mismo le preocupa: que se le considere un negro vanidoso por haberse arrimado a Donald Trump y comparar sus fortunas, de la libertad de expresión, de la nostalgia de Obama y de lo solo que se siente el hombre rico y triunfador en la América de las envidias, las rencillas y la división.

O sea, un tostón bastante prescindible, aunque hubo un momento que, para lo que nos interesa, resultó muy revelador. Kimmel le preguntó al rapero si su vida había cambiado mucho desde que tenía una hija pequeña, y la respuesta de Kanye fue, inesperadamente, bastante gueto: “Nah, todavía me conecto a Pornhub”. E inquirido por sus categorías favoritas en el consumo de porno en solitario, a la espera, quien sabe, de que dijera algo tipo “ass to mouth” o “blow bang”, su segunda intervención pornófila fue una muestra de apoyo a la comunidad negra en el negocio X, afirmando que “mi favorita es Blacked”.

Nótese el matiz. Pudiendo haber dicho IR o interracial, Kanye fue al hueso, al meollo, al mismo centro de la cuestión del porno con performers de raza negra, y reconoció la importancia que ha tenido en estos últimos años la productora Blacked, que también tiene un canal dentro de Pornhub en el que se pueden ver las versiones abreviadas de sus escenas, resumidas en diez minutos, suficientes para aliviarse en un momento de tensión, algo tan necesario en estos días de vuelta al trabajo y a la rutina tras tus dos semanas en Islandia o Tailandia.

 

Tenía que ocurrir

Lo que a uno le extrañaba en todo este tiempo es que no se hubiera producido una conexión estable y directa entre el hip hop, que es la gran maquinaria que mueve el negocio del espectáculo en Estados Unidos, y el porno, cuando es sabido que los raperos y sus adláteres, en la mayoría de los casos, tienen un discurso bastante proclive a la sexualización de su vida diaria.

Con Ariana Marie

 

Es decir, debería haber una correspondencia entre las letras de culos y tetas, y la glorificación del comportamiento criminal, la acumulación de dinero y la celebración del éxito a través de la ostentación y el exceso sexual, del haber pasado del lumpen delincuente a la cúspide de la riqueza, con la celebración de la pornografía.

Sin embargo, esa correspondencia no se acababa de dar. Hay artistas, como Snoop Dogg, que en su día sí lanzaron una serie de vídeos porno, y hay veces en que las letras de las canciones tienen más voltaje sexual que las memorias de Klaus Kinski, pero mientras las estrellas del rap se identifican con los traficantes de droga más icónicos y sus hermanos del baloncesto, el fútbol americano, el cine y otras ramificaciones del espectáculo copados por la minoría racial oprimida, nos cuesta encontrar en la lírica del rap una alabanza a los méritos evidentes demostrados por figuras como Mandingo o Lex the Impaler.

Los actores porno negros también son un ejemplo de cómo los homiez pueden salir del gueto y ser parte de la sociedad capitalista sorteando los peligros de la delincuencia, pero se ve que la moral puritana, todavía tan presente en Estados Unidos, aún no ha sido capaz de romper sus tabúes con respecto al sexo duro ni siquiera en el hip hop.

Sin embargo, los actores porno negros, de los que ya hablamos aquí como ejemplo de un boom reciente del porno mainstream, poco a poco van encontrando su lugar, sus canales y su público, y en algunos casos reproducen el patrón que ya hemos visto en el deporte o la música: no resignándose a una vida frustrada por las barreras sociales y los prejuicios de raza, muchos de ellos han encontrado en el porno la manera de destacar entre su comunidad, ganar dinero y proyectar una carrera que irradia éxito con el mismo fulgor con el que Zeus dispara rayos sobre la tierra –que es una metáfora de los largos y espesos chorros que expelen estos talentos de la naturaleza–.

Con Adriana Chechik

 

Y ahí es donde nos encontramos con nuestro favorito en el juego ahora mismo, el semental zaíno Jason Luv, un miura del porno que está acumulando méritos para ser considerado, al menos oficiosamente, como el mejor actor masculino del momento. Por encima, incluso, de los príapos blancos que han copado el negocio y los premios desde hace décadas.

 

Un pronóstico

Aquí va una propuesta provocadora: en los próximos premios AVN, cuando salgan las nominaciones a los mejores en las diferentes categorías, apostamos por que Jason Luv aparezca en la terna de favoritos a male performer of the year y que, contra todo pronóstico, en la gala de enero se alce con el (alberto ruiz) galardón que en pasadas ediciones han alzado el austriaco Mick Blue y el ruso Markus Dupree, ahora mismo las lanzas de Velázquez más enhiestas, brillantes y caudalosas de todo el negocio.

Y lo decimos porque, tras haber seguido atentamente la carrera de Jason Luv, creemos que está muy por encima de estos actores, y que lamentablemente nunca se le reconocerá su auge de manera oficial porque los premios AVN nunca han mostrado una especial sensibilidad hacia la cuestión racial –tampoco a las asiáticas o las latinas–.

Se podría decir que está muy bien eso de no dividir, pero en el porno todo es compartimentación: lo IR lleva años en auge, pero no hay ninguna categoría que aporte premios específicos al porno interracial, como sí las hay para el porno gay o lésbico, o a los formatos dúo, trío y gang bang. O sea, que ni siquiera hay un gueto para los actores negros, y en la jungla del todos contra todos siempre ganan los blancos, a pesar de que tengan herramientas algo menos ostentosas.

Con Tasha Reign

 

Jason Luv tiene algo que no veíamos desde los mejores días de Nacho Vidal: es un actor con carisma y actitud, que proyecta aura, que está enamorado de su pene y hace una obscena ostentación de su magnetismo y su momento de absoluta confianza en sus posibilidades. Si nos tomamos la molestia de seguirlo en sus redes, principalmente Twitter e Instagram, veremos que Luv es un narciso de azabache que no deja de colgar vídeos en los que a la mínima desenfunda el falo que le cuelga, se lo restriega con amor hasta ponerlo tieso como el palo de la bandera, y mientras tanto te va soltando frases motivadoras al más puro estilo Paulo Coelho sobre las bondades inherentes del esfuerzo, la disciplina, la motivación y la persecución tenaz de tus sueños, a veces adornadas con emoticonos de corazones.

Se entiende que Jason Luv haya adoptado este lenguaje porque su caso es exactamente el mismo del que se le ha aparecido la virgen en forma de mentor y triunfador que le ha dado todo en la vida.

 

Algunos antecedentes

Repasemos su historia (tampoco hay mucha): se sabe que su nombre real es Jason Thomas, que nació el 1 de febrero de 1985 en el estado de Lousiana, y por tanto es un sureño de pura cepa, seguramente un descendiente de esclavos por línea directa con raíces en su comunidad desde mediados del siglo XIX.

En las pocas entrevistas que ha concedido cuenta que en el instituto era un nerd aficionado a los videojuegos y al deporte, sin amigos, y que empezó a ver porno con nueve años. Su primer contacto con los actores negros fue con Mandingo, y después de unos años dedicándose a trabajos de mierda o clandestinos –no nos consta, pero no nos extrañaría que hubiera sido lavaplatos o, como un secundario de The Wire, hubiera estado pasando papelas por las esquinas más calientes del gueto–, probó con los atributos que la naturaleza y el gimnasio le habían dado, que eran un falo descomunal y un cuerpo esculpido con paciencia gracias a la disciplina en las máquinas de pesas y cardio.

Jason empezó a hacer webcams y en un momento dado recibió la llamada de Blacked.com, que buscaba actores negros. Para Luv, fue como cuando Lebron James fichó por los Cavaliers en el draft.

Con Karlee Grey

 

Hay dos vertientes de Jason Luv que merecen comentario. La primera es como performer: a diferencia de otros actores negros, que sólo tienen máquina taladradora pero poca habilidad para emplearla, Luv es un follador virtuoso que saca todo el jugo posible de las escenas, un semental resistente, acrobático, fuerte, que además disfruta bajando a la mina y entreteniéndose un buen rato en el tesorito de sus partenaires, que incluso las ha llegado a poner en lo alto de una repisa para hacerlo de pie al más puro estilo Cirque du Soleil –otra de sus especialidades es subir a la chica a horcajadas sobre sus hombros y entonces servirse un buen buffet libre de felpudo–.

La mayor virtud de los actores negros, al menos a ojos de un director de cásting, es el grosor y la longitud de su hombría; en el caso de Luv, también es su aspecto gueto, completamente tatuado, como si fuera una estrella del trap surgida de la factoría Cash Money. Luego, más allá de eso, es un follador con recursos que, como Magic Johnson, ofrece espectáculo y además siempre gana. Tanto es su valor en el negocio que Greg Lansky, el dueño de Blacked y Blackedraw, lo tiene como actor en exclusiva. No puede rodar para nadie más.

Y es a través de la influencia de Lansky, un tipo que por su discurso motivador podría ser portavoz del presidente Macron, como Luv ha llenado sus redes sociales de reflejos del triunfo individual. Es un paladín del liberalismo negro, un tipo que cree en las virtudes de la iniciativa personal, del esfuerzo, que siempre habla sobre perseguir sueños, luchar duro para llegar alto y no bajar la guardia.

Cada cierto tiempo se atilda y se fotografía con trajes que parecen de Armani, sus calzoncillos son Calvin Klein, y al final consigue conectar dos mundos, el del hombre negro hecho a sí mismo ocupando la cima del éxito que farda de dinero, al estilo Jay Z, y el del héroe sexual, que el hip hop anunciaba tímidamente, pero que sólo el porno, en estos dos últimos años, ha conseguido unificar en una estética poderosa.

Jason Luv es, descaradamente, nuestro negrata.

 

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