Vicio y subcultura Jean Val Jean, la máquina del sexo

Blánquez dedica esta vez un inflamado elogio al hijo pródigo del porno internacional, Jean Val Jean, que triunfó, se fue y volvió sin dejar en ningún momento de hacer honor a su reputación de animal (masculino) más bello del cine X.

Jean Val Jean
Javier Blánquez | 17/01/2017 - 10:00

El regreso de Jean Val Jean al mundo del porno sería, si hacemos una analogía con los textos bíblicos (analogía va sin segundas), sólo comparable al del hijo pródigo.

Es la historia de aquel que estuvo y fue importante, se marchó de malas maneras y volvió al cabo de un tiempo, perdonado por todos. Y, como es natural, este retorno ha conseguido que, de repente, todo el público femenino que disfruta con los encuentros sexuales en vídeo comience a suspirar y humedecerse como en sus mejores días, cuando el empotrador francés empezó a hacer películas y se consagró como el animal (macho) más bello sobre la tierra.

Hagamos un poco de memoria: entre los años 2000 y 2008, este adonis de cuerpo esculpido en mármol pórfido, con una tableta de chocolate más trabajada que la de Michael Phelps, y que en vez de tener músculos pareciera que fuera un relieve tallado en aire sólido, irrumpió en el circuito del porno chic con argumentos físicos mucho más convincentes que los de su competencia.

Seamos sinceros: a pesar de que el actor tipo está últimamente más cerca de Nacho Vidal que de Ron Jeremy –es decir, un hombre que no sólo tiene herramientas grandes, sino que también se cuida el cuerpo, se muscula y se atilda–, la media en el porno la seguimos encontrando en folladores al estilo de Toni Ribas: hombres normales, de talla estándar, eficientes en lo que les corresponde, que eyaculan con abundancia y que consiguen tener las erecciones cuando el guion lo exige. Grandes obreros del plató de rodaje, en definitiva.

Jean Val Jean

 

Un bello semental

Pero por un Apolo que se pone delante de las cámaras, tenemos muchos que se van dejando progresivamente y no se depilan hasta parecer hombres silvestres de la estirpe de Puerto Hurraco, o que marcan barriga cervecera, o que parecen oler a sobaco rancio. Y así, claro está, se espanta a mucho público femenino, que con toda la razón del mundo exige ver a señores que les entren por los ojos, antes de que les entren por otras aberturas de su ser.

Jean Val Jean no era de esos: además de entrenar los coitos, se machacaba en el gimnasio, y así tuvo la oportunidad de probar suerte en otras disciplinas, más allá del sexo: ha sido chef, actor convencional, modelo, es decir, todo lo que le he dado la gana, porque para eso es un hijo de Eros. Y un buen día le dio la gana abandonar el porno, desaparecer discretamente, y dejar huérfanas a sus fieles seguidoras, que tuvieron que conformarse entonces con su paisano Manuel Ferrara, o con Mick Blue, que tampoco están mal, pero que no eran exactamente lo mismo.

Ni siquiera lo era James Deen, el chico guapo pero enclenque que ha dominado el porno de los últimos años, sobre todo a medida que Ferrara iba ganando en años y en kilos. No nos malinterpreten: tanto Ferrara como Deen son folladores consumados que siguen en la cima y de ahí parece que sólo les van a bajar la autoestima o la próstata, sobre todo en el caso del segundo, que incluso tuvo que superar el mobbing que le organizó el colectivo feminista después de que su ex, Stoya, lo acusara de maltrato, sin pruebas que lo demostraran, pero mediante un tuit que parecía totalmente sincero y basado en hechos reales –o sea, que servía para las redes, pero no para un juez–.

 

Ya de vuelta

Pero estábamos hablando de Jean Val Jean, y cómo se fue del porno hace algo menos de diez años, y cómo el verano pasado decidió volver por la puerta grande, con la bandera completamente izada y con calzoncillos nuevos, y cómo de repente se ha erigido (erigido sí va aquí con segundas) en el actor más cotizado del momento, el que más aparece en las producciones de alto nivel, y el que está capturando las presas más preciadas del momento entre sus garras.

Jean Val Jean

 

A modo de ejemplo: el estreno en el sexo anal de Lana Rhoades –otra hija pródiga que amenazó con retirarse y que ha vuelto sólo para escenas muy específicas, cobrando una pasta muy seria– tuvo como anfitrión, hace cosa de mes, a este parisino de ojos turquesa y atributos más rectos que el brazo de una grúa. Y qué decir tiene, Val Jean –nombre extraído del paria de la novela ‘Los Miserables’, de Victor Hugo, otra gloria nacional francesa– cumplió sobradamente con sus obligaciones. Vino, excavó hasta el fondo de la cueva, ofreció sus nutrientes, y venció.

El regreso de Jean Val Jean se produjo porque el gran magnate del porno chic, Greg Lansky, también francés y muy cercano a nuestro Marco Carola de los orgasmos, decidió hacerle una oferta de esas que no se pueden rechazar: ser el actor principal en las escenas de su nuevo canal en internet para el sexo anal, Tushy, y garantizarle un protagonismo en su nuevo imperio como nunca nadie antes había disfrutado.

Eso significaba tener la oportunidad de lucir su torso apolíneo, rodar escenas de altísima calidad con las actrices más explosivas del momento y además cobrar por ello, que siempre viene bien. Su primer trabajo en Tushy fue en junio del año pasado, explorando la puerta trasera de Riley Nixon, la actriz rapada, y poco a poco fueron cayendo en sus redes, al ritmo de unas tres por mes –contando también las escenas para el portal Vixen; en Blacked, por motivos obvios, no puede trabajar–, starlettes tan apetecibles como Carter Cruise, Alaina Dawson, Valentina Nappi o Jillian Janson.

Jean Val Jean

 

No sólo eso: Jean Val Jean se ha cobrado piezas cotizadísimas como el trío con Leah Gotti y Keisha Grey –que es como que te toque un bote de la primitiva de 130 millones de euros, pero en una cama de matrimonio–, el citado primer anal delante de una cámara de Lana Rhoades, por el que cualquiera dentro del gremio hubiera matado o vendido su alma al diablo, e incluso la última incursión de Amarna Miller en el porno americano. Un depredador hambriento que no perdona ni una y que ya está en el olimpo de los ‘male performers’: está por ver si esto le va a dar premios, pero al menos a Lansky, su recuperación para la causa le está dando visitas, dinero y prestigio.

 

Reflexiones laterales

Habrá quien opine, con buen juicio, que Jean Val Jean –cuyo nombre real es Emmanuel Delcour, y que también hay que decir que como actor convencional (salió en un capítulo de ‘C.S.I.’) no se comió una rosca– es más un chico de póster que un buen actor porno, entendiendo buen actor porno como aquel que transgrede los límites o se involucra de manera salvaje y pasional en su trabajo.

Está claro que el tipo no es un explorador anal a la altura de su amigo Mike Adriano, ni un maestro del gonzo como Jules Jordan, ni tampoco un torrente de pasión animal como Nacho Vidal, ni un estajanovista como Rocco, ni tampoco un inseminador copioso como Manuel Ferrara.

Hay actores que son Messi, que lo hacen todo bien y les da igual con quién tengan que lidiar, que siempre ganan la partida –tanto les da si les toca una MILF recauchutada, o una teen por estrenar sin redondece ni experiencia–, mientras que Jean Val Jean es Cristiano Ronaldo, un actor que sólo rinde bien contra rivales fáciles y a la mínima que puede hace como Christian Bale en ‘American Psycho’, que en plena faena se observa en el espejo y se besa los bíceps. Está hecho para las grandes ligas, no para el trabajo duro de picar piedra. También porque la lotería genética se lo permite, y él se aprovecha.

Jean Val Jean

 

Pero incluso en el cielo del gonzo chic, allí donde a las chicas les maquillan los tatuajes, las sábanas son blancas y las vaginas huelen a lirios, hay que saber estar a la altura de las expectativas y no defraudar ninguna mirada opulenta. En Tushy o Vixen no se trata de demostrar que eres un perforador de túneles, sino que eres un amante romántico y con destellos feroces, de animal embravecido, que sabe cómo adentrarse en los secretos del amor y culminar el trayecto con una generosa lluvia blanca.

Y, de paso, ponerlas a ellas más cachondas que Jesulín de Ubrique en sus buenos tiempos, cuando iba a torear y le lanzaban bragas, en vez de flores. Es por eso por lo que Jean Val Jean es el actor porno del momento, aquel que te encuentras incluso cuando vas a tomarte tu sopa –con agua de squirting– del mediodía: porque a las fans femeninas las tiene ya ganadas, de tan disparadas que van las feromonas, y a los espectadores masculinos no sólo les produce una envidia sana [bueno, sana no es, para qué negarlo: lo que él tiene lo querríamos para nosotros], sino que también les plantea retos difíciles.

Hay un horizonte sexual al que hay que llegar, y Jean es por ahora el mejor manual de autoayuda coital. Si lo que quieres es ser el mayor follador del planeta, su pene es definitivamente como el dedo de Mourinho: el que nos señala el camino.

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