Historias del porno La película maldita

Hace casi 40 años que Tinto Brass filmó ‘Calígula’, monumental sátira sobre el poder y la corrupción que ha pasado a la historia como la película erótica más cara de la historia.

Calícula
Paco Gisbert | 19/03/2018 - 8:46

17 millones y medio de dólares de presupuesto, 64 escenarios, un vestuario de 3.592 ropajes diferentes hechos a mano, más de 2.000 pares de zapatos supervisados por un experto de Siena, 3.500 extras y 13 chicas Penthouse.

Estas son las cifras de ‘Calígula’, la mayor superproducción del cine erótico europeo y una de las películas que han marcado una época por su exhaustiva recreación de la época más depravada del Imperio Romano.

La poderosa revista ‘Penthouse’, por medio de su división cinematográfica, estaba detrás de un proyecto que contó con un buen número de nombres ilustres para hacerlo realidad. El guión corrió a cargo del escritor norteamericano Gore Vidal, del diseño de decorados se encargó Danilo Donatti, ganador de cuatro Oscar de Hollywood y colaborador habitual de Federico Fellini, y la dirección de la cinta fue encomendada al italiano Tinto Brass, realizador de películas eróticas cuya anterior obra, ‘Salón Kitty’, ya había alcanzado cierta notoriedad entre el público y la crítica además de levantar considerable polvareda por su visión de la Alemania nazi.

Calígula

 

Brass tuvo la oportunidad de contar con el presupuesto más amplio de la historia para dirigir un filme de corte sexual y, sobre todo, con una nómina de intérpretes de primera fila. El británico Malcom McDowell, famoso por su histriónica y ajustada recreación del pandillero Alex en ‘La naranja mecánica’, de Stanley Kubrick unos años antes, fue el elegido para el papel del emperador Calígula, mientras que la relación de secundarios era todo un lujo para cualquier filme.

 

Duelo de titanes

Peter O’Toole, que necesitaba diariamente de tres horas de sesión de maquillaje para meterse en el personaje de un Tiberio consumido por la sífilis, Sir John Gielgud, uno de los grandes monstruos del teatro británico, la encantadora Teresa Ann Savoy, formada en el free cinema inglés, y Helen Mirren, propuesta para su papel de Caesonia por el propio McDowell, completaron un elenco al que Bob Guccione añadió dos Pet of the year (o lo que es lo mismo, las mejores chicas del año en las páginas centrales de su revista), Anneka di Lorenzo y Lori Wagner, que protagonizan la escena lésbica más tórrida de la película.

Las intenciones de Brass, que entroncaban con la tendencia de los cineastas italianos de culto de las décadas de los 70 y los 80 de reflexionar sobre determinados aspectos de la sexualidad, eran realizar un filme político con toques sexuales, en la línea de los trabajos de Pier Paolo Pasolini (‘Saló o los 120 días de Sodoma’, ‘El decamerón’) o Marco Bellocchio (‘El diablo en el cuerpo’). Una sátira política sobre la corrupción del poder con la Roma de Calígula como alegoría.

Calígula

 

El resultado de todo este esfuerzo es un filme espectacular y barroco, que combina la suntuosidad con los apuntes personales sobre la locura del poder que aportó su director y que, con los años, ha alcanzado la categoría de leyenda del cine erótico por sus particulares condiciones de producción y distribución.

 

Una sucia jugada comercial

Cuando en 1980 se estrenó ‘Calígula’ en los cines de todo el mundo, la película proporcionó más comentarios que beneficios económicos.

La crítica debatió interminablemente sobre la osadía de sus imágenes pero el público no acabó de animarse a acudir a las salas comerciales a comprobar que todo lo que decía la prensa era realmente cierto. Bob Guccione, productor de la película y dueño de ‘Penthouse’, ideó una curiosa estrategia para recuperar los 17 millones y medio de dólares invertidos en la realización de la cinta: añadió al material filmado por Brass más de seis minutos de metraje con escenas de sexo explícito que habían sido rodados sin el consentimiento del director y que se concentran en las escenas de orgías multitudinarias.

Lo cierto es que Guccione tenía material de sobra para hacerlo, pues Brass filmó 100 horas de película, de las que, en el primer montaje, solo aprovechó 84 minutos. El nuevo montaje de ‘Calígula’ convirtió a la cinta en un best seller en su lanzamiento en los video-clubes y suscitó un agitado debate sobre los límites entre el erotismo y la pornografía, pese a que Tinto Brass se negó a firmar el posterior montaje e incluso acudió a los tribunales para que se suspendiera la distribución de las cintas remontadas por Guccione.

Calígula

Casi 40 años después del rodaje de la película erótica más famosa de la historia, la polémica sigue acompañando a ‘Calígula’.

El pasado 26 de febrero se estrenó, en el marco del Hollywood Reel Independent Film Festival, el documental de Alexander Tuschinski ‘Mission: Caligula’, una película de 40 minutos que analiza el rodaje de la cinta y que incluye material filmado por Brass que hasta ahora no se había visto nunca y que fue descubierto en uno de los archivos de Penthouse Global Media, donde permanecía sin que nadie le hubiera prestado atención.

El documental defiende la tesis de que el remontaje de Guccione, después que Tinto Brass abandonara el proyecto, no se limitó a añadir escenas de sexo explícito a la primera versión, sino que utilizó planos tomados desde diferentes emplazamientos de cámara que el director italiano había rechazado e intentó convertir una película de autor, como la había pensado Brass, en un filme comercial.

El hallazgo del nuevo material ha despertado a la bestia: Penthouse planea estrenar un nuevo montaje, incluyendo el material encontrado, para seguir alimentando la polémica y sacando rédito de aquel proyecto.

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