Vicio y subcultura La prostitución según Chester Brown

Blánquez se asoma a esta vez a un tema espinoso: la prostitución tal y como la ve Chester Brown, guionista de cómic underground que lleva casi 20 años pagando por tener relaciones sexuales y ha acabado desarrollando teorías muy personales al respecto.

Chester Brown 2
Javier Blánquez | 12/07/2016 - 11:32

Hace unos cinco años, aparecieron en el mercado del cómic en español dos títulos que se acercaban a la prostitución, tema tan polémico como espinoso, por no decir cargado de morbo, desde dos puntos de vista prácticamente contrapuestos.

Uno de aquellos títulos era ‘Sex Report. Diario de un putero en Japón’, una novela gráfica del mangaka japonés Hiromi Hiraguchi, y el otro ‘Pagando por ello’, quizá la más importante entre las últimas obras del autor de cómics canadiense Chester Brown. Los puntos de partida de ambos tebeos era muy parecidos: el autor, convertido en narrador de la historia, se dedicaba durante semanas, meses y años a recorrer su ciudad a la busca de experiencias con putas, y una vez consumado el acto procedía a explicar la experiencia con las profesionales del sexo con todo tipo de detalles.

 

A degüello

El cómic de Hiraguchi era, en gran medida, una obra gonzo y canalla, muy sebosa y sucia, y que con razón podía molestar a quien piense que la prostitución es la forma de dominación y humillación definitiva del hombre sobre la mujer. Las viñetas del japonés estaban repletas de toda la retórica guarra de quien entiende el sexo como una actividad egoísta y, en último término, denigrante: es el relato de un varón piojoso con dinero, al estilo Torrente, que sólo porque paga se piensa que la prostituta está para servirle en todo, sin posibilidad de negociar, o de establecer una esfera de intimidad.

Cada una de las aventuras culmina con sexo freak, sexo normal o un malentendido, pero no deja de sobrevolar la intención egoísta de esta especie de Torbe nipón: el sentido último de la prostitución es que un hombre, vicioso o inseguro, pero siempre con dinero, utilice su posición de poder para sentirse un vencedor, un héroe, alguien que por un momento se cree el rey del mundo. Después de correrse, ya ha ganado y se ha superado la prueba. Lo único que queda por hacer es poner una crucecita, como quien visita frecuentemente restaurantes por curiosidad, y planificar la siguiente excursión.
Sex Report

 

Chester Brown, en cambio, concibió ‘Pagando por ello como un ejercicio mucho más introspectivo, culpable y comprensivo con la mujer. Brown no es un dibujante y guionista gonzo al estilo de Hiraguchi, sino alguien con una trayectoria sólida en las últimas décadas del cómic underground o alternativo, alguien muy bien relacionado con primeras figuras como Seth, y que un buen día entró en un periodo oscuro de su vida, lleno de dudas y bajo en autoestima, y sólo encontró una salida, un consuelo o una vía de escape en la prostitución. De repente, casi a sus 40 años de edad, Brown empezó a ir de putas y a pagar por sus servicios. No lo hizo para sentirse superior o dominante, sino para calmar un dolor, y porque acabó encontrando en las prostitutas un calor humano que se vuelve más importante que la lujuria que pueden llegar a despertar.

 

Crónica de un solitario

De este modo, ‘Pagando por ello’ no es un simple ‘diario de un putero’, sino una reflexión profunda sobre la soledad en las grandes ciudades, los problemas de afección que tienen muchas personas en esta sociedad, la necesidad del sexo como si fuera una atención médica, y además lo hacía compartiendo siempre el punto de vista de la mujer que se prostituye.

Cada historia es distinta, no todas tienen que ver con esas inclinaciones fatales que muchas veces introducen los medios de comunicación –pertenencia a familias desestructuradas, graves problemas económicos, dependencia de las drogas–, y de este modo Brown dialogaba con mujeres a las que simplemente les gusta el sexo, que entraron en este mundo porque les produce morbo acostarse con desconocidos –y cobrar por ello–, y que llevan su profesión con una naturalidad que, de puertas para afuera, nunca se quiere tener en cuenta.

Para Brown, no toda la prostitución, pues, es trata de mujeres. ‘Pagando por ello’ es uno de los trabajos más honestos que nunca se han hecho en defensa del reconocimiento de los derechos sociales y laborales de las prostitutas, una llamada a favor de la legalización del oficio más antiguo del mundo.

Chester Brown comenzó a ir de putas en 1999 y todavía sigue haciéndolo. Admite que desde hace diez años es cliente de una sola prostituta, a la que permanece fiel y con la que ha desarrollado unos lazos afectivos fuertes y que se basan en el respeto mutuo y la satisfacción completa de la tarifa económica pactada. Según Brown, la prostitución no degrada a la mujer y no debe hacer sentir moralmente sucio al hombre, siempre y cuando haya consentimiento, respeto y normalidad no impostada. Defiende que exista, que se regule, que no se criminalice ni a la prostituta que quiere hacerlo ni al cliente que quiere pagar. La novela gráfica apareció en 2011 y, desde entonces, se ha convertido en un clásico.

Paying for It

 

El retorno de Chester

Aquella fue la primera vez que Chester Brown entró a fondo en el tema de la prostitución, pero no ha sido la última, y hace pocos días ha aterrizado en las tiendas de cómics –y en las grandes superficies culturales– su último título, ‘María lloró sobre los pies de Jesús’ (La Cúpula, 2016), y que lleva como subtítulo ‘Prostitución y obediencia religiosa en la Biblia’.

Desde el momento en que en tan pocas líneas ya aparecen los nombres de Cristo, la Virgen, el texto sagrado y las putas, es fácil imaginar que este comic book –que más que un tebeo es un ensayo gráfico, con un extenso aparato de notas explicativas y hasta bibliografía– está abonado a la polémica, y más sabiendo lo muy libremente que campa a sus anchas ahí fuera el fanatismo religioso. Pero no es exactamente lo que parece.

El libro de Brown es, también como dice en la portada, ‘una novela gráfica que adapta algunos pasajes bíblicos’. Algunos son de carácter estrictamente sexual. Por ejemplo, ahí está la historia de Tamar, obligada a casarse con Onán para que éste le dé un heredero a su hermano muerto, aunque Onán intentará por todos los medios no dejar embarazada a Tamar, de modo que en cada acto sexual derramará su esperma en el suelo, y por eso a la masturbación también la llamamos onanismo.

Pero hay otras historias que no tienen nada que ver con el sexo, y sí con el rechazo de la máxima autoridad de Dios, como en el episodio de Caín y Abel, en el que el obediente Caín mata a su hermano Abel porque, a pesar de haber desafiado a Yahvé, obtiene su favor. Al final, todo tiene que ver con una idea importante: el sexo en la Biblia es un acto de desobediencia, y las protagonistas de estas vías de subvertir la ley de Dios muchas veces son las mujeres que utilizan su cuerpo para obtener una ventaja, ya sea personal o para su pueblo.

María lloró sobre los pies de Jesús

 

La reflexión más polémica se la guarda Chester Brown para el final. Tiene que ver con un texto que leyó hace unos años, ‘The illigitimacy of Jesus’, de Jane Schaberg, un ensayo en el que la autora intenta demostrar que, puesto que la fecundación de María por parte del Espíritu Santo es una imposibilidad física absoluta, Jesús tuvo que ser concebido de manera natural, y puesto que José no había tocado a María antes del matrimonio, alguien tuvo que haberlo hecho. De este modo, Schaberg sugiere que María fue una prostituta, y que para sugerirlo de manera discreta, el evangelista Mateo se inventó una genealogía de Jesús por vía materna en la que muchas de sus predecesoras fueron prostitutas: Tamar, Ruth, Betsabé, Rahab… Todas estas son las historias que se explican en el libro.

Si entramos en la discusión teológica, nos vamos a meter en un jardín del que nos costará salir, así que no lo vamos a hacer. A lo largo de los siglos ha habido teorías de todo tipo sobre por qué Jesús sentía simpatía por las prostitutas, y por qué algunos de los protagonistas de sus parábolas –como el hijo pródigo–, a pesar de haber pecado y yacido con mujeres, siempre obtienen el perdón de Dios.

Por supuesto, está el episodio culminante de la amistad de Jesús con María de Magdala, y se intenta explicar cómo la Virgen María, siendo virgen, pudo haberse quedado embarazada. Buena parte de ese problema, pues, está expuesto en el cómic. Lo importante, en todo caso, es el fondo ético que intenta explicar Chester Brown, aportando la idea de que la ley de dios no es férrea, que el pecado, si se perdona muchas veces, es porque quizá pecar no sea algo terrible, sino deseable, y que muchas veces, en la Biblia, el propio Dios ha alentado el pecado, o ha premiado a los pecadores.

Desobedecer es algo grato para Él. Y entre las pecadoras, las prostitutas gozan de su simpatía. Un argumento más para que Brown sostenga su gran idea de los últimos años: que la prostitución debe ser legalizada y su estigma eliminado. Si la prostitución disgusta, es porque las interpretaciones de la Biblia la han catalogado como el peor de los comportamientos. Pero no está tan claro que esa sea la interpretación correcta: Jesús se rodeó de prostitutas y, según San Mateo, tuvo varias de ellas en su linaje.

María

María lloró

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