Vicio y subcultura Las presentadoras de La Sexta están jamonas

Esta vez, toca curso acelerado de incorrección política en Vicio y subcultura, el rincón más bestia de la red: Blánquez ve gato encerrado en lo muy apetecibles que están nueve de cada diez (por no decir todas) presentadoras de La Sexta.

Sandra Sabatés
Javier Blánquez | 08/03/2016 - 9:52

A La Sexta, canal de televisión conocido por la muchísima frecuencia con que aparecen por ahí Eduardo Inda y Francisco Marhuenda para arreglar el país, la mayoría de sus detractores la conocen como La Secta.

Sin ir más lejos, el otro día, en una rueda de prensa, salió Esperanza Aguirre a hablar de sus cosas y sus dimisiones, y se refirió a la cadena de Atresmedia marcando muchísimo la ce, para enfatizar la poca simpatía que se tienen entre sí.

Pero en realidad, no es a una secta a lo que se parece la ídem, sino más bien a un harén.

Para quien no conozca la palabra, hagamos una parada técnica: un harén es lo que también conocemos como serrallo, es decir, la dependencia en un palacio musulmán en el que residen todas las mujeres del jeque de turno –odaliscas, favoritas, etcétera, todas ellas convenientemente preparadas para servir cuando el amo les llame a su vera-, y que está prohibidísimo a los hombres.

Es lo que en la cultura grecorromana también se conocía como el gineceo: una zona reservada a la hembra en la que no puede entrar ningún miembro -nunca mejor dicho- del sexo opuesto, un espacio de libertad perfumado de rosas y mirra, sonorizado con cuerdas de cítara, un último reducto de privacidad.

Cristina Saavedra

 

Florido jardín

Si nos fijamos en la programación de La Sexta, nos daremos cuenta de que aquello es un florido jardín de señoras estupendas y fragantes, y que no hay programa informativo en el que cada dos por tres asome una presentadora jamona o se realice una conexión con una periodista de formas rotundas, o rasgos renacentistas.

Aquí podríamos adoptar ahora el discurso feminista radical y acusar públicamente La Sexta de ser una cadena extremadamente machista, porque con el subterfugio de la paridad lo que ha hecho en realidad es convertir su programación en una exposición de floreros. Es poner los telediarios -tanto da si es información general o deportes-, y las probabilidades de que quien te explique lo último que ha pasado con Zidane o Errejón sea una chica en tirantes, con el rostro fresco y mostrando una generosa porción de la grieta entre sus senos. Ni siquiera en Telecinco, cadena sobradamente conocida por tirarse al rollo zafio, se les ha visto tanto el plumero: está clarísimo que, amén de reconocidas profesionales, las presentadoras de La Sexta son también bellos especímenes. Estos directivos no dan puntada sin hilo.

Para despistar, nos ponen a ratos a Josep Pedrerol, con su ojeras de media tonelada cada una, con sus aspavientos y sus palmas extendidas, con su traje de Cortefiel siempre ocho temporadas más viejo. O sale el chico vasco de la mosca bajo el labio, en La Sexta Noche, o por supuesto el amo del corral, Farreras, con ese look de haber desayunado un gintonic y medio cochinillo lechal, cadena de plata al cuello e inclinación del cuerpo como de quien le está brotando una joroba.

Pero estas presencias viriles, nabos alfa en un vergel de huríes, son solo para despistar, y además refuerzan la teoría de la conspiración machista, ya que son siempre los hombres los que se llevan los puestos más destacados -jefe de informativos, jefe de deportes, presentador estrella del magazine del sábado-, mientras que para las señoritas queda la purria, poco más de un busto parlante y minutos de la basura para chupar cámara.

Helena Resano

 

La verdad desnuda 

Una vez dicho esto, pasemos a lo obvio, a la cruda realidad: los deportes los ven principalmente los tíos, las noticias casi que también, y si en vez de a Mamen Mendizábal con los tacones y la falda estrecha nos pusieran todo el rato a Manu Marlasca, con la camisa de oficinista y el cráneo de boxeador, lo cierto es que bajarían las audiencias a plomo, como el mercurio de un termómetro soriano en pleno enero.

Quien maneja los hilos en La Sexta tuvo clara una cosa nada más empezar a diseñar la parrilla: aquello tenía que ser el paraíso del potorro, si hubiera hombres sería para disimular, y todo pensado para que quien se conecte a la cadena, aunque le dé exactamente igual lo último que haya hecho Pedro Sánchez, se quede enganchado a la pantalla porque acto seguido aparecerá una moza con los labios brillantes, las carnes prietas y el pelo ligeramente ondulado para pronunciar “Podemos” con una estudiada cadencia sexy.

No hay mucho que objetar: al hombre de España le gustan las mujeres de España, y algunas tienen la carrera de periodista sacada, así que, cumpliendo todos los requisitos -percha, prestancia y oficio-, se le concede el trabajo. La cadena gana, y los anunciantes están felices.

Toda esta teoría podría desmontarse si ocurriera, por ejemplo -es algo que pasa en otros canales-, que algunas presentadoras entraran en la categoría de “maduritas”, o que además de chicas, para contrapesar el tiránico dominio del heteropatriarcado, hubiera presentadores gays (que ejercieran como tales, con outing y todo, queremos decir; se sabe de uno que está ahí, aunque todavía en el armario; La Sexta aún no tiene a su Jorge Javier, o su Jesús Vázquez)

Susana Guasch

 

Sinceridad descarnada

Lo que ocurre en La Sexta es que no se andan con apariencias, allí no quieren homosexuales con pluma, o figurantes sin carisma, todo va muy a saco, muy in your face, que dirían los ingleses, así que lo fácil es tirar de chicas. Del harén, o sea. Cada presentadora que sale en pantalla cumple a la perfección con un clarísimo libro de estilo estético. Desmenucémoslo.

Uno: rara es la ocasión en la que las muchachas en flor de La Sexta lleven los brazos tapados, incluso que vistan de manga corta. En esa santa casa a las presentadoras se les ve todo el brazo, desde el hombro hasta el extremo del dedo corazón, con sus pecas y sus pelillos perfectamente enfocados. Todavía no ha llegado el día en que aparezcan con tops dejando intuir el ombligo, pero más que la persecución de la verdad, es como si a los editores de las noticias les interesara más mostrar carne, cuanto más turgente, bronceada y virginal mejor. La verificación de las fuentes, si eso, ya para más tarde.

Dos: con la excepción de Cristina Villanueva -a la que tienen confinada en los fines de semana, que dentro de una cadena de televisión es como si estás en el Barça y te mandan a jugar con los alevines-, las chicas de La Sexta siempre tienen el pelo largo. Hay un rechazo frontal al estilo garçon, a cualquier experimento que pueda pensar en una juvenil presencia masculina. Son muy proclives al tinte con brillos caoba, muy en consonancia con el fulgor del colorete, los brillos en la frente y el destello flamígero de los labios. Las chicas de La Sexta siempre entrecierran un poco los ojos al mirar al teleprompter, como si fueran miopes y tuvieran que haberse quitado las gafas, porque las gafas no son sexys.

Cristina Villanueva

 

Tres: es casi obligatorio para cualquier presentadora de La Sexta, incluso si está dando las noticias, aparecer en algún momento en plano completo -no sirve el de tres cuartos, o americano, ya que se trata también de que le veamos los tobillos y la imponente longitud de los tacones de aguja-, de modo que además del logo del Partido Popular al fondo, también vemos la torneada curva de un seno y la inflexión ojival de una pantorrilla. Decimos casi porque las chicas de los deportes sólo aparecen de cintura para arriba -lo que implica que muestran más canalillo, para compensar-, y esa exención también se aplica a Sandra Sabatés, rotundísima diosa griega de ‘El Intermedio’, que estaría de manera indiscutible en el top 1 de nuestra lista de preferencias sectiles.

Precisamente porque Sabatés está fuera de categoría, nos abstendremos de hacer un ránking de ‘chicas de La Sexta’, más que nada porque podrían acusarnos de colaborar con el enfoque sexista de la cadena, y si algo distingue a ‘Primera Línea’ es precisamente su defensa encarnizada de los derechos de la mujer, a la que siempre se le valora por su talento y aportación positiva a la sociedad, y no por su físico.

Lo que sí es importante es tener en cuenta algo que flota en el ambiente, que se intuye, pero no se comenta: hay en Atresmedia un genio del interiorismo que ha convertido los platós de La Sexta en un desfile de señoras de bandera, un casting mucho más escandaloso, femeninamente hablando, que el de ‘Juego de tronos’ o ‘House of Cards’. Sea quien sea, se merece el sueldazo que debe estar cobrando. Las audiencias, legiones de señores que detrás de un pasajero interés por la política esconden una naturaleza de sátiro, que sostienen con una mano el control a distancia y con la otra se van bajando cuidadosamente la bragueta, le dan rotundamente la razón. Día tras días, sin respiro.

Sandra Sabatés

Calota Reig

Mamen Mendizábal

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