Loquillo: “Los que mandan son una pandilla de frikis encocados”

Epígono de la generación de los rockeros malditos, Loquillo no solo sobrevivió a la posterior hornada de indies irónicos y modernos cínicos, sino que va camino de convertirse en ese abuelo cascarrabias que todo superviviente del rock con un mínimo de dignidad debería aspirar a ser algún día. Vuelve con Sabino. Pero claro, a su manera.

loquillo
18/10/2012 - 16:45

El rock & roll, para merecer tal nombre, tiene que ser fiel a sus tópicos. La cita con José María Sanz, ‘Loquillo’, es en un concesionario de Harley Davidson. Sobre la mesa, la botella de whisky y el tabaco. La estrella, gafas oscuras, elegante, seguro de sí mismo, chulesco incluso. Pero el señor Loco es también algo más: es educado y amable, comparte su whisky con este plumilla y responde a todas las preguntas, aunque no tengan que ver con el disco que presenta, ‘La nave de los locos’. Diez canciones que, según dice, son su respuesta a la que está cayendo.

Todas las canciones del disco son de Sabino Méndez.

Sí. Lo único que he hecho yo ha sido recoger toda su obra como compositor desde el año 85 hasta ahora y he elegido las que sabía que iban a funcionar. Ha sido una labor un poco antropológica, pero hay algo muy importante: cuando una canción es buena, es buena.

Ahora entiendo por qué algunos de los temas del disco me han hecho pensar en canciones de hace 20 años en las que se hablaba del rock como una liberación, como una redención, como una manera de vivir… No sé si tú aún lo ves así.

El rock & roll no es un entretenimiento. Es un estilo de vida, una actitud. Ayer, escuché en la rueda de prensa de Alejandro Sanz que le llamaban rockero. Fíjate adónde hemos llegado. Ahora resulta que rockeros son Sabina, Serrat… Y no estoy despreciando a nadie. Estoy diciendo que cada uno hace su cosa. ¡El rockero Joaquín Sabina! Oiga, por favor, seamos serios. En España hay esa manía de unificar criterios. Y lo más fuerte de todo es cuando te encuentras a Serrat y Sabina con gafas negras y a Sabina con un anillo con una calavera. Nen, si us plau! Yo no llevo anillos de calavera; los llevaba cuando tenía 25 o 30 años.

Dices que ‘La nave de los locos’ era el disco que había que hacer en este momento, con mala leche.

Es que no hay otra. A mí me preguntan por los Manel y todos estos y digo: grupos inofensivos. Con la que está cayendo, ¿tienes que decir que todo es bonito, todo es fantástico, es Disneylandia? No. Es una mierda y hay que decirlo.

Una de las ideas básicas del proyecto es que no querías que la reunión Loquillo-Sabino fuera un revival.

Es patético ver a gente de mi generación haciendo reuniones después de años de separación para volver a tocar el mismo repertorio. No puedes reunirte con alguien después de 15 años para hacer lo mismo. Tiene que ser para hacer otra cosa. Hay muchas canciones de Sabino que ya no toco desde hace muchos años, porque ya no me identifico con ellas. ¿Cómo voy a cantar yo ‘Quiero un camión’, si ya paso de los 50 años? Es ridículo.

Cuando empezabas eras demasiado rocker para los punkis y demasiado punki para los rockers. Luego grabas un disco de crooner, uno de poemas… Siempre has hecho lo que has querido…

Sí, y creo que me ha ido bien. Tengo 51 años, he grabado 26 álbumes y he vendido dos millones y medio de discos.

Eres muy crítico con la piratería y las operadoras, pero, por otro lado, las redes te han permitido cierta independencia.

En la música, la red sirve para dar a conocer tu obra. ‘Los 40 Principales’ ya no existen. Por lo tanto, estamos todos en igualdad de condiciones. Ahora el artista real es aquel que vende entradas y el artista que vende entradas es aquel que es creíble. Se ha acabado el chiste.

Vives en San Sebastián desde hace años, ¿cómo ves Barcelona cuando vuelves?

Barcelona ya no es Barcelona. Se ha convertido en una ciudad de viejos y de guiris, porque los jóvenes no pueden vivir en ella y eso mata la ciudad. Además, no se ha jugado con la mezcla. Barcelona es mezcla. Yo siempre digo que mi país es el mundo, porque soy de Barcelona. Lo mejor que le ha pasado a la ciudad es la inmigración. Por ejemplo, la música de Barcelona va desde el r’n’r primitivo de los Sírex hasta Ojos de Brujo. Fíjate cuántos colores hay. No aprovechar eso es de imbéciles. No hemos sabido trasladar todo este poder creativo al exterior. No se ha sabido gestionar todo este talento y no hay nada peor que no aprovechar el talento para crear una industria, como hacen en Inglaterra o en Francia.

La cultura tiene un potencial económico e industrial brutal, pero aquí ha sido la primera en recibir palos con la crisis…

Imagínate un sello que tuviera a Serrat, a Sergio Dalma, a Mónica Naranjo, a Loquillo, a Love of Lesbian… Ocuparíamos el 60% del mercado nacional. Madrid ya lo hubiera hecho. Quienes gobiernan no tienen ni puta idea y quienes tienen compañías subvencionadas solo quieren seguir subvencionados y no hacer mucho ruido. No vaya a ser que nos quiten la subvención y entonces ¿cómo construimos el chalet?

Quería preguntarte por las drogas.

Mi generación cogió los restos del naufragio de los 60, de la heroína, y el inicio de las nuevas drogas. Para nosotros, la heroína, la marihuana y el ácido eran de hippies. Como el amor libre, de putos hippies. Mi generación empieza con las anfetaminas. Después, en los 80, entra la cocaína a saco. La heroína ya es una cosa cutre. Yo experimenté con las drogas. Cuando me pareció aburrido, lo dejé. Ahora la gente va mucho peor.

¿Tú crees?

Antes era una minoría, ahora es una mayoría. De hecho, el crack que estamos viviendo es un producto del exceso de cocaína, de empresarios y de políticos que han tomado decisiones puestos hasta arriba. Nosotros nos dedicamos a la música, podemos hacer el animal y no hacemos daño a nadie, pero los que toman decisiones sí pueden hacer daño. Y hoy en día las decisiones las toma una pandilla de frikis encocados.

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