Mad Men Lab Adiós, Johnny, adiós

Pocas cosas resultan tan dolorosas como perder la fe en tus mitos. A Silvia Cruz se le caído a lo pies Johnny Depp, culpable de haber perdido el sentido del ridículo y vendido su alma al tinte.

Depp-y-el-tinte
Silvia Cruz | 06/02/2015 - 13:00

Ahora sí que sí. Ya puedo decir que se me ha caído un mito. Soy de tener pocos, por no decir ninguno. Y como era muy fan de Fernando Fernán Gómez y él dejó claro que no quería que nadie lo admirara, a pesar de ser un genio incontestable, entendí muy pronto que solo la belleza merece devoción y observación constante.

Nada más que eso. Las ideas se comprenden, se enriquecen y se comparten, no se admiran. El trabajo bien hecho se aplaude, no se observa babeando. La belleza sí se admira. Es lo único.

Mi bello en cuestión, el que ha aguantado temporales de todo tipo desde que lo descubrí cuando yo aún no usaba sostén, es Johnny Dep. Me gustó de niña, de púber, de adolescente, de joven y hasta hace unas semanas, cercana como estoy más a los cuarenta que a los treinta. Pero, oh desgracia, no he podido llegar a mi pisciano cumpleaños con la admiración intacta. Ya hace tiempo que Johnny hace el tonto. Pero yo, admiradora leal, se lo he ido perdonando todo.

 

Me caí del caballo

Pero ya no puedo más. No sólo porque ha cometido ese error que ninguna admiradora que se precie puede tolerar y que consiste en ennoviarse con una que podría ser su hija. Ni siquiera fue determinante que saliera bebido ante su público. Esas son cosas que toda fan consiente, siendo como es la admiradora leal una eterna adolescente incapaz de ver la caspa en el pelo del amado.

Depp-con-Amber-Heard

 

Lo que ha colmado el vaso de mi admiración, lo que ha terminado con esa pasión no es su bella y joven novia, ni sus debilidades con lo que ingiere, sino ese horroroso tinte que se ha aplicado en el pelo.

Hay gustos que merecen palos. Que uno quiera mantener la juventud a toda costa es tan humano que es comprensible. Que uno rompa años de mito sexual tapándose las canas con el color de la pez, tan oscuro que deja evidente que además de color, le falta pelo, es imperdonable.

Esa oscuridad, ese hueco en su cabeza, se ha colado en mis pupilas y ha roto la magia que durante décadas se había mantenido intacta. No te perdono, Johnny. Jamás podré perdonarte. Acepté siempre a tus novias por poco que me gustaran. Aprendí a quererlas como tú, a pesar de que son todas mujeres que no comprendo. Me dispuse a aceptar que te unieras con Vanessa Paradís, esa mujer tan opuesta a mí, que me hizo perder las opciones contigo incluso en sueños. Juntándote con ellas conseguiste que no tuviera más fantasías con tu persona. Y aún así, seguí admirando tu cara gitana, tus ojos de indio, tu andar de flamenco.

Pero ya no. No puedo más. Esos mechones pringados de un imposible color que no te favorece, ni te corresponde por edad ni por estrella, muestran una falta de compás que no puedo tolerarte. Se acabó, Johnny, deseo que seas feliz pero esta admiradora fiel te abandona para siempre.

Johnny-Depp

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