Mad Men Lab: Aprendices de Hugh Grant

Parece que recurrir al complejo de astronauta (“necesito espacio”) ha dejado de ser la última palabra en lo que a rupturas sentimentales con estilo se refiere. Cruz ha identificado unas cuantas alternativas de moda, a cuál más ridícula.

Hugh, a punto de usar de nuevo su magistral "no eres tú, soy yo"
Silvia Cruz | 19/02/2013 - 9:49

Lo reconozco, estoy de las comedias románticas hasta más allá de la peineta. Estoy saturada de escuchar frases bobas sacadas de guiones regulares que no funcionan ni en pantalla aplicadas a la vida real y dichas con total desvergüenza, sin pudores, como si la vida fuera un culebrón, caramba.

Se me nota el cabreo, ¿verdad? Me perdonaréis, es que acabamos de dejar atrás San Valentín y tengo un par de amigas que han sido abandonadas por sus ligues de turno. Hasta aquí, todo normal, pensaréis: gente que se une y se toca y se soba y se cansa y se deja. Y a otra cosa, mariposón.

Pero es que sus experiencias, unidas a algunos cotilleos cazados casi al vuelo sobre historias parecidas, me ha puesto sobre la mesa la moda que practican los tipos solteros, libres como el viento, que van de flor en flor pero quieren ser sensibles o quedar como sensibles, que aunque no lo creáis, no es lo mismo, queridos, no es lo mismo.

La historia se repite de la siguiente manera: se conocen por internet, se ponen calentitos, quedan, se gustan, se ven más veces, parece que la cosa pueda ir bien o quizás no, pero se divierten. Al cabo de un tiempo, cuando ya se han dicho alguna cosa más comprometida, el mozo en cuestión sale por patas usando la frase que un guionista que se precie no escribiría jamás: “No quiero hacerte daño”.

Y eso sí que duele…

¿Daño? ¿Dónde?, le pregunto a mi amiga, que casi me escupe por mi falta de tacto, claro. En otros casos se completa el diálogo con algo parecido a “Estoy sintiendo demasiado”. Esa sí que me hace pensar que hay una epidemia de aprendices de Hugh Grant que abusan de los términos romanticoides y hacen creer a las chavalas que les han abierto las puertas de unos sentimiento desconocidos con el único objetivo de sacárselas de encima mientras ellos quedan como dioses.

Os explicaré algo por si tenéis intención de caer en la tentación: las mujeres no somos de azúcar. Es decir, no nos vamos a hacer daño porque el que está de paso coja la puerta y se largue. Podemos llorar un rato, seguramente. Podemos, incluso, montar un drama. Y la que sea de azúcar, pues oye, que se haga un té y se disuelva en él. Ya sé que algún colega os ha contado que eso queda de narices, que la dejas más enamorada todavía, de tanta sensibilidad como ha visto en ti. Y encima no se enfada. ¿Cómo se va a cabrear una mujer a la que has confesado que te hace sentir de esa manera tan intensa?

Yo sé que algunos creéis que funciona porque incluso yo, oyendo a algunas mujeres, he llegado a pensar que es posible: “Mira que me ha dicho, qué mono, no quiere hacerme daño, aunque claro, me lo ha hecho, pero bueno, ya ves qué mono es, qué tierno, que esta sintiendo demasiado y tiene miedo… Pobre, quizás es que nunca ha sentido algo así…”.

Y, ay, queridos, en ese mismo instante en que ella se lo cuenta a la amiga, en ese momento en que lo hace palabra, la perfecta excusa se vuelve en vuestra contra cuando ella, contagiada del tono empalagoso de la historia que habéis creado, decide luchar por ese amor. Y a mi me da la risa, qué queréis que os diga, porque os veo teniendo que decirle que estáis con otra (porque jamás diréis la verdad, aprendices de Hugh Grant) en un momento en el que todo el merengue de la dulce historia ya se ha convertido en mierda.

  • Imprimir
  • Enviar por e-mail
Este mes, en 'Primera Línea'
Janice Griffith: La actriz porno fumeta que odia el sexismo y el racismo
Este mes, en 'Primera Línea'
publicidad
publicidad
Búscanos en Facebook
publicidad

© Ediciones Reunidas, S.A. | Todos los derechos reservados