Mad Men Lab: Charlie quiere ser Carlos

La última insensatez de Charlie Sheen ha resultado bastante más inofensiva de lo habitual: tal vez para que se pierda el rastro recientes de sus broncas, orgías intempestivas, follones y arrestos, el crápula más admirado de la tele ha decidido cambiarse de nombre.

Charlie Sheen
Silvia Cruz | 28/05/2013 - 9:52

Charlie Sheen vuelve a ser noticia. Esta vez, lo es porque quiere dejar de llamarse Charles para llamarse Carlos, y pretende recuperar de paso el verdadero apellido de su padre: Estévez. Y es que el actor está trabajando ahora mismo en la próxima película de Robert Rodríguez, al que quiere honrar usando su apellido español. Gallego, para ser más concretos.

Charlie, Carlos o como quiera llamarse ahora el hijo del enorme (no por la estatura, claro) Martin Sheen, es único. Y no lo digo solo por esa manera suya de sacarle tanto partido a sus, al menos en mi opinión, un tanto limitados encantos. Es único porque tiene un charm que no se lo acaba. Tanto que nos hizo creer que él, con sus patitas escuálidas, su muy dudoso gusto en el vestir y su poca delicadeza con el género humano en general, podía conseguir que las más bellas hembras de Los Ángeles cayeran rendidas en sus brazos en aquella serie titulada ‘Dos hombres y medio’.

Como la vida misma

No cometamos el error de creernos que Sheen se limita a interpretar un papel: lo que hace el actor es darle todo lo que tiene, que es mucho y no siempre bueno, a Charlie Parker. Las coincidencias son muchas: la forma de llevar las bermudas con calcetines hasta media pantorrilla; esa manera de lucir las camisas de manga corta en dos colores sin ningún pudor; esa seguridad con la que pisa el suelo de Malibú derritiendo a las chicas; su gusto por la bebida, los coches caros y las fiestas orgiásticas; ese lucir constantemente ojos vidriosos e intentar disimularlo…

Las coincidencias son muchas. Y las diferencias, bastantes menos, pero igual de obvias: las fiestas de la serie acaban solo medio mal, nunca mal del todo, como sí le pasa a Charlie Sheen, perdón a Carlos Estévez, que ha sido detenido por conducir borracho, por posesión de drogas y por una ya larga sucesión de motivos más.

Otra diferencia, y la más importante, que separa al encantador hortera que es Charlie Parker del crápula cretino que ha demostrado ser Charlie Sheen, es que el primero solo emplea la fuerza en alguna fiesta loca con sesión de sadomaso consentida, algo que no siempre le sucede al hijo de Martin. Y ahí queridos, es donde Charlie, Carlos o como quiera llamarse, pierde todo su encanto, todo su charm, todo su crédito y pasa a ser un tipo nada deseable, ni encantador, por más que se haga un cambio de imagen, de representante o incluso de nombre.

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