Mad Men Lab Dejad mis tetas en paz

Keira Knightley está harta de que le retoquen las tetas con Photoshop cada vez que posa para la prensa masculina. Ella está más que satisfecha con lo que tiene y Silvia Cruz piensa que debería ser suficiente.

Keira
Silvia Cruz | 11/11/2014 - 11:59

Sí, dejad mis tetas en paz. Eso dice la actriz Keira Knightley, que está hasta el moño de ver cómo las revistas le ponen un pecho que no tiene porque alguien debe considerar que lo que sí tiene es demasiado poco para el gusto de los lectores.

La chica tiene razón, ¿quién narices se han creído que son esos fotógrafos, redactores o editores gráficos para ponerle o quitarle a las mozas lo que la naturaleza les dio?

Hace ya más de tres años, un grupo de ciudadanos de a pie (suponemos que sobre todo mujeres) se reunió en Estados Unidos para intentar lanzar una Ley de Autoestima, preocupados como estaban por la imagen de la mujer que pretendían transmitir los medios. En el ojo del huracán, el maldito Photoshop. Los firmantes pedían que se limitara su uso para evitar que las chicas se sintieran acomplejadas y sus complejos derivaran en problemas más serios.

Y sí, se hablaba de chicas solamente.

No es que quiera yo que a los hombres les entren complejos que les destrocen la vida para que también haya igualdad en las miserias, pero sí me pregunto qué narices hacemos todos mal (y no sólo los medios) para que una cría se sienta más influenciada que un hombre por lo que ve en las revistas, por el aspecto que se supone que debe tener o por cómo se supone que deben ser sus tetas.

 

¿Un caso perdido?

Poco recorrido ha tenido la demanda que hacían quienes pedían esta ley y mientras, Keira se ha quejado varias veces de que la redondean y Kate Winslet de que siempre la afinan. Pero la mayoría, ya sea Julia Roberts con veinte años menos, la Preysler pareciéndose a su hija Tamara o Lindsey Lohan con patitas de gallina, no dicen nada.

A quienes no oigo es a los hombres, a los que sé de buena tinta que también someten al pincel del Photoshop. Recuerdo aquella campaña de David Beckham luciendo calzoncillos de Armani donde marcaba un paquete esplendoroso y se dijo que aquello no era normal y que tenía truco. Y lo tendría o no, eso sólo lo sabe Vicky y alguna más, pero el chico no se molesto un ápice, ni vi al resto de hombres preocupados por la entrepierna de David.

Hace poco, un chico muy joven me comentó que las mujeres pasamos demasiado rato comparándonos con otras tías. “Hay una en mi curro que no para de mirar blogs de famosas que dan consejos para vestirse y adelgazarse y todas esas tonterías. ¡Si ella está estupenda!” Al rato, nos encontramos con la chica en cuestión. Me la presentó y pensé que no, que no estaba estupenda. No a la manera que indican las revistas, claro. Al verlos uno junto a la otra, él embobado y ella sin darse cuenta de la admiración que suscitaba en él, confirmé algo que pienso desde hace rato: que todo el mundo tiene su público. Entonces, ¿para qué pasarse la vida imitando patrones que encima son de mentira?

 

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