Mad Men Lab: Discutir nos sienta muy bien

En esta sección somos muy de los estudios sobre las relaciones de parejas. Y, en este caso, nos fijamos en uno, de una universidad neozelandesa, que ha indagado sobre las discusiones de pareja y que demuestra que, si nos dan la razón, seremos más felices. Pero también más aburridos.

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SILVIA CRUZ | 23/12/2013 - 11:41

A estas alturas, muchos ya sabréis que me fascinan los estudios que intentan indagar en los intríngulis de las relaciones de pareja y sacar conclusiones claras. Normalmente no sucede, pero supongo que debe de ser la mar de interesante investigar sobre cosas a las que nadie les ha encontrado nunca en la historia de la ciencia,  ni del mundo, ni del sentido común, una explicación definitiva.

Sí, cariño, lo que tú digas

El último estudio sobre la materia lo ha realizado la Universidad de Auckland y trata sobre la importancia de tener razón dentro de una pareja. Lo que se planteaban los científicos era si, para mantener una relación, es mejor ganar siempre en la batalla dialéctica o no discutir nunca. El experimento lo hicieron con un matrimonio en el que solo el hombre sabía que se estaba llevando a cabo y al que le dieron la instrucción de que debía darle la razón en todo a su señora. Como era de esperar, el estudio se tuvo que parar antes de tiempo porque al hombre se le hincharon las pelotas al ver que su amada se había vuelto cada vez más crítica con él y sus actos cuantos más días se pasaba dándole la razón en todo.

Después, pidieron a los participantes que midieran su nivel de felicidad del 1 al 10, siendo 10 lo más de lo más. Ella, al final de la prueba, estaba en ese punto, pero él había descendido hasta un 7 durante el experimento. La regla de tres que se desprende del estudio, publicado en el British Journal of Medicine, es clara: cuanta más razón tienes, más quieres y, cuanto más sumiso te muestras, más gilipuertas te sientes y, por tanto, más infeliz.

Discutir es divertido

Yo sigo pensando que no hace falta hacer estudios para llegar a estas conclusiones, pero, puestos a hacer más, ¿por qué no ponen en marcha el invento al revés? A ver qué hace el señor cuando le den la razón todo el rato. A mí me da en la nariz, y podéis llamarme prejuiciosa, que el resultado sería un pelín diferente.

Lo que sí que me queda claro es que la ausencia de discusión puede darte una vida más tranquila en pareja, pero desde luego, no tengo duda de que mucho, muchísimo, más aburrida.  Así que no os apuntéis al club del “lo que tú digas, cariño”, que la cara de gilipuertas se hace crónica con una rapidez pasmosa.

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