Mad Men Lab: El mal de los bellos casados

Ahora que Matthew McConaughey triunfa por tierra, mar y aire, a Cruz le da por escribir una sentida elegía al hombre que fue, el canalla falta de escrúpulos y sobrado de encanto que el matrimonio y el éxito profesional han hecho desaparecer definitivamente.

Matthew
Silvia Cruz | 07/03/2014 - 12:00

No me podría gustar más Mathew McConaughey. El hombre de moda por llevarse un Oscar al mejor actor sigue siendo bello y bien plantado a pesar de que sufre de un mal que padecen muchos hombres casados: el de volverse correctos.

Y es que Mathew ha sido siempre un canalla de marca mayor. Un guaperas cachas de sonrisa impecable, blanca y deslumbrante.

Mathew ha sido el gamberro alto y fornido, no el menguado y enclenque tipo James Dean, que ha tenido que mantener sus músculos a raya para someterse a los rigores de las cámaras, capaces de engordar hasta al más esbelto.

McConaughey se ha paseado por medio mundo enseñando películas dignas de multa y ha tenido amores de todos los colores. Fue famoso por correrse unas buenas juergas y no llevar bien del todo su carrera y cuando parecía que empezaba a estar mayor para tantas tonterías, el chicarrón tejano se casa, tiene tres hijos, se reforma y empieza a hacer unas pelis para morirse de gusto. Killer Joe es seguramente la mejor de todas, pero ni siquiera la estrenaron en los cines, por lo bestia que era.

 

La clave oculta

Yo no tengo duda de que parte de ese cambio lo ha operado su señora, Camila Alves, que le ha hecho un bien a sus hijos, a la historia del cine y a su propio marido, claro. Pero eso sí, nos ha hecho perder a un canalla de los que encantan.

Recuerdo cuando Matthew se paseaba con Sandra Bullock por las alfombras rojas diciéndole maldades al oído, cogiéndola por la cintura con la fuerza de un ciclón sureño o arrimando nariz y labio a toda hembra viviente que se le acercara. Eso ya no se ve en los gestos de Mathew. Ni sobre su señora ni sobre ninguna otra. De hecho, es llamativa la forma tan pacata de rodear por la cintura a Cate Blanchett para hacerse la foto de familia en la ceremonia de los Oscar. Ese no es mi Mathew McConaughey, a ese me lo han cambiado.

Además, no sé si es por influencia de los papeles que ha hecho últimamente, pero a Mathew se le ve un puntito ido. No digo que yo que no pueda interpretar papeles extremos, creer en dios y proclamarlo a los cuatro vientos. Digo que me parece un poco salido de madre esas cosas que ha dicho de dios al recoger su premio. ¿Es que dios le habla?

Ay, madre, que hemos perdido a Mathew para siempre. Lo bueno que tiene este chico es que sonríe y el mundo se ilumina, y que cuando se acuerda de que es un tipo divertido, te partes de risa y el mundo te parece mucho más hermoso. ¡Dichoso mal de los bellos casados! Al volverse correctos alivian a sus esposas, claro, pero desencantan al resto de las hembras que los miramos pasar.

  • Imprimir
  • Enviar por e-mail
Este mes, en 'Primera Línea'
Janice Griffith: La actriz porno fumeta que odia el sexismo y el racismo
Este mes, en 'Primera Línea'
publicidad
publicidad
Búscanos en Facebook
publicidad

© Ediciones Reunidas, S.A. | Todos los derechos reservados