Mad Men Lab: Kilos de más

Hasta hace nada, eso de ponerse a dieta para perder los kilos ganados en las navidades era solo una preocupación de las mujeres. Ahora los hombres se han apuntado al carro y no solo quieren estar delgados como un maratoniano etíope, también quieren estar musculosos.

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SILVIA CRUZ | 08/01/2014 - 17:01

No nos dejan respirar. Acaba el descanso navideño y los medios ya nos bombardean con el temita de marras: los kilos que hemos acumulado entre los pocos días que median entre Papa Noel y la noche de Reyes. Dicen los expertos que entre cuatro y seis kilos hemos aumentado en estas fiestas, una cifra que me da escalofríos si me paro a pensar en lo mucho que cuesta perder esa cantidad cuando me pongo a dieta.

No pienso subirme a la báscula para comprobar si es cierto o no y vosotros tampoco deberías hacerlo. Yo siempre he oído en mi casa que, mientras nosotras miramos y remiramos nuestra silueta en busca de la más estúpida perfección, vosotros pasáis de todo y presumís de barriga. Y en la calle, en el trabajo o entre los amigos, he podido comprobar que las tías abusamos de espejo y de dietas absurdas para parecernos a alguien que no somos mientras que los tíos se ponían cualquier cosa, comían lo que querían y se permitían el lujo incluso de no peinarse. Y no, no hablo de gañanes cualesquiera criados entre matojos. Hablo de gente corriente y moliente.

Ahora bien, hace ya unos años que observo que muchos de vosotros mostráis una excesiva preocupación por vuestros cuerpos serranos. Ya he hablado aquí alguna vez de lo que me parece que os estéis aficionando a la cirugía estética y los cosméticos y sobre lo de obsesionarse con el gimnasio, la depilación y la definición de músculos que solo deberían marcarse en deportistas de élite. Y hoy descubro que entre los hombres aumentan de manera alarmante los trastornos alimenticios, tipo bulimia y anorexia, pero también la vigorexia, que no es otra cosa que la de querer ser un adonis ignorando tu genética y la realidad.

Dos modelos de (im)perfección

Lo han comprobado en el Hospital Infantil de Boston, donde acaban de publicar un estudio en el que informan de que casi el 20% de los adolescentes está obsesionado con su físico y que su máxima preocupación no es solo estar delgados sino estar musculosos. Es fácil de entender, no hay más que ver el patrón de hombre que nos venden los medios y la publicidad: el flaquísimo o el musculoso. No hay nada más en el horizonte. Si echamos un vistazo a la tele está claro: hombres delgadísimos, limpísimos, normalmente con gafas, con un estilo pulido al que una se imagina en una librería o en una cafetería charlando con una amiga o bien, hombres increíbles, musculados, altos y bellos. Y por supuesto, ninguno calvo.

No pienso defender barrigas, ni pesos desmesurados que no sean saludables. Pero tampoco que los tíos acabéis cayendo en las mismas miserias en las que nos hicieron caer a muchas de nosotras. Detesto la delgadez impuesta, la enfermedad y los modelos sin sentido. He visto como estas cosas han acabado con mujeres estupendas. No entréis en el juego, queridos, no vale la pena.

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