Mad Men Lab La cena como estrategia

Contraviniendo una de las normas no escritas del cortejo, los hombres han dejado de invitar a cenar a las mujeres. Este hecho irrefutable nos lleva a la conclusión de que algo está pasando para prescindir de un rito que nos muestra descarnados ante los demás.

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SILVIA CRUZ | 12/03/2014 - 10:00

Los chicos ya no invitan a cenar. Lo deduzco de las muchas historias que me cuentan las solteras y casadas poliamorosas que conozco. Los hombres no invitan a cenar. Empiezo a pensar que me junto con un mismo tipo de señora, porque no puede ser que esto se haya convertido en una tendencia generalizada pero, teniendo en cuenta que todo el mundo está obsesionado por la figura y las dietas, igual es posible.

La prueba del fogón

Sea cual sea el motivo, yo creo que hacen mal unos y otras (chicas, también podéis lanzaros vosotras, ¿no os parece?) porque lo de ir a comer juntos es una prueba de fuego. No solo porque lo de compartir mesa pone de manifiesto la educación, las manías, los gustos e incluso el apetito sexual de la persona que tienes delante, sino porque la falta o presencia de hambre puede explicarnos muchas cosas.

No creo que nadie que esté muy interesado en tu body, tu espíritu o en el conjunto entero de tu persona tenga mucha hambre en una primera cita con comida de por medio. Es una situación incómoda para quienes no se conocen o se conocen poco, a pesar de que las empresas lo han entendido al revés y hacen negocios comiendo porque están convencidos de que eso relaja el ambiente. Comiendo es como somos más animales y donde tenemos que imponernos las normas de conducta más estrictas para no molestar a los demás. Y eso, si el que tienes delante te gusta a reventar, es difícil de controlar. Por no hablar de lo que quita el hambre un enamoramiento o, en su defecto, un sencillo encoñamiento.

La cena es el espejo del alma 

Pero no hay que tirar la toalla si nuestro compañero de mesa come como un descosido. Hay gente que es tranquila por naturaleza y otra que, sencillamente, tiene tan claro el objeto de la cita que come sin ganas con el afán de coger fuerzas para ir a la cama. Y todos esos detalles y muchos más se perciben en una mesa. Porque no es igual la información que te dan los demás con un cubata en la mano. Ver a la gente coger el cuchillo y el tenedor es a veces suficiente para determinar si el que tienes delante es de los que se quita los calcetines para ir al catre.

Por tanto, a pesar de que pueda resultar un mal trago, cenar o comer con ese o esa que te quita el sueño es una buena medida para saber cuánta atracción existe. Ya, ya. No todos somos iguales y a algunos nerviosos les da por comer. Y, puestos a elucubrar, quizás los pobres chicos no es que no quieran invitar: es que no pueden. Lo que yo digo: esta maldita crisis nos va a quitar incluso de chingar.

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