Mad Men Lab: La mujer y el oso

Un estudio que afirma que la mujer no considera tanto la belleza física de su pareja como lo hace el hombre indigna a la autora de este blog, que arremete contra ese tópico ancestral, por mucha demostración científica que lleve detrás.

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SILVIA CRUZ | 24/02/2014 - 16:30

Hoy toca advertencia. Os lo digo en serio, no hagáis ni puñetero caso de los resultados que dan algunos estudios clínicos, por muy universitarios que sean. El último que ha llegado a mis manos, hecho por la revista científica ‘Journal of Personality and Social Psychology‘, asegura que los matrimonios en los que el hombre es feo y la chica guapa son más felices. No me importa que haya seguido todos los protocolos, ni que hayan contado con 450 parejas para llegar a estas conclusiones.

Ah, no, no se os ocurra llamarme superficial, ni decirme que desprecio a los no-guapos, ni siquiera vayáis a tirar por el pedregoso camino de alegar que me mueve la envidia por no ser miss ni en mi pueblo. Lo que me mueve y revuelve de esta noticia es que parece pensada para seguir perpetuando creencias tan absurdas como la de ese dicho que asegura que el hombre es como el oso: cuando más feo, más hermoso. Y que nosotras, pobres doncellas, debemos ser remonísimas para atraer a un úrsido a nuestro hogar si lo que queremos es ser felices.

Porque, claro, ¿quién iba a querer a un tiparrón hermoso, bien formado, listo y guapo?  ¿Cómo puede ninguna mujer de bien ser feliz con semejante fenotipo?

Nosotras los preferimos buenorros 

Según este estudio, la belleza de las esposas es más significativa para los maridos que para ellas la fealdad de su compañeros. “Eso indica que el atractivo físico tiene un papel más importante en la predicción de la satisfacción en el matrimonio para el esposo que para la esposa”, dice el artículo en cuestión, que además añade que “las mujeres guapas confesaron que se sienten más felices cuando ven a sus esposos satisfechos y felices”. ¿Lo veis? Está claro, ¿no? Las pobres doncellas están contentas cuando ven a sus maridos satisfechos y, claro, esa satisfacción pasa por vernos guapas, hermosas, bien vestidas y educadas. ¡Menudo sopapo le daba yo a los del estudio!

Yo soy partidaria de que cada quien se acueste con quien más le guste: sea el motivo su belleza, su inteligencia, su estupidez o su cartera. Que cada una y uno se vaya al altar con quien más le plazca, pero que dejen de comernos la cabeza con estereotipos ridículos en los que las mujeres somos complacientes y monas y no damos problemas a nuestros satisfechos maridos. ¡Anda que no hay masocas por ahí a los que les gustan las guerreras! A las tías nos ha costado muchos años quitarnos la pesada carga de no hablar sobre la belleza de los hombres, nos ha costado comentarla en voz alta y buscarla como se busca el Santo Grial, para que sigan los psicólogos haciendo estudios que ratifican lo que a nuestros abuelos les hubiera gustado que siguiéramos siendo. Pues no, queridos científicos, eso se acabó: buscamos la belleza igual que cualquier ser humano, y ni nos sentimos culpables por ello, ni pedimos perdón.

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