Mad Men Lab Menos chochos y más pichas

Deborah de Robertis se abrió de piernas para mostrar que su coño también podría ser el origen del mundo. Pero para Silvia Cruz, la exhibición de un cuerpo femenino desnudo, aunque sea en un museo, ya no tiene nada de contracultural ni de subversivo.

Courbet
Silvia Cruz | 17/06/2014 - 9:24

Deborah de Robertis, una artista luxemburguesa, se sentó hace unos días en el Museo d’Orsay de París y, ante el cuadro titulado ‘El origen del mundo’, de Gustave Coubert, se abrió de piernas, separó los labios que conforman su vulva y enseñó su vagina al tiempo que recitaba unos versos.

Dicen los medios que la intención de la artista al realizar estas performances anatómicas (al parecer, lo ha hecho en otras ocasiones) no es otra que evidenciar cuáles son las relaciones y los roles establecidos a nivel social y sexual, esos que parecen inmutables. Aunque no sé yo si es precisamente el cuerpo de la mujer lo que menos se enseña en este mundo en el que vivimos.

Deborah quiso mostrar al mundo su “agujero negro”, el interior de su cuerpo, su sexo abierto sin tapujos, ni poses de modelo que insinúan pero no muestran nada de lo real. Huyó de las torceduras de cadera que marcan el hueso y evitan la carne, y se abstuvo de usar esa pose tan hipócrita inventada por la moda y que consiste en hacer que la modelo se coloque a horcajadas ante una cámara con unas bragas mínimas y monas que no muestren y ni siquiera prometan lo que de verdad hay debajo. Deborah al menos no dejó lugar al equívoco, enseñó lo que es la cosa de verdad, eso de abajo, lo que no tiene nombre, lo que se tapa y se oculta como si fuera pecado. Ay, sí, como si fuera pecado.

 

¿Lo nunca visto?

Pero si lo que pretendía es enseñar el sexo porque considera escasa la presencia de las mujeres en el arte, en la sociedad o en puestos de responsabilidad, no comparto con ella la forma de hacerlo. Si hay algo que se enseña siempre y en todo lugar, con una insistencia abrumadora, es precisamente el cuerpo femenino. Cierto que no abierto y despojado de todo artificio, pero muchos menos penes se ven en el arte, en la calle o en las vallas publicitarias.

Desde hace un tiempo se ven abdominales masculinos por doquier, abdominales que parecen ser las nuevas tetas, pues sirven de reclamo para vender cualquier cosa, provocar accidentes a las conductoras curiosas y servir de tarjeta de visita de cualquier actor joven que se precie, dándome la razón en eso de que hombres y mujeres nos vamos igualando, pero por abajo. Pero a lo que iba: penes, ni uno, oye. Ni erectos, ni descansados, ni limpios, ni sucios. Así que, puestos a reivindicar, que sean ellos los enseñen ellos sus pichas. Aunque sea para equilibrar el exceso de carne femenina que nos hemos acostumbrado a ver por todas partes.

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