Mad Men Lab: Mis vacaciones con el Papa

A Cruz le ha dado por imaginarse cómo serían sus vacaciones con el puñado de hombres más ilustres del planeta. Para empezar, fantasea con horas de lectura y atracones cardenalicios en compañía del jefe del minúsculo estado Vaticano.

El-Papa
Silvia Cruz | 23/07/2013 - 11:08

Mientras llegan mis vacaciones (que están al caer) he decidido aprovechar mi rincón en la web de ‘Primera Línea‘ para imaginarme cómo sería mi verano con alguno de los hombres que han sido importantes en lo que llevamos de año. Me he decantado por lo más de lo más: el más sexy, el más exitoso, el más perseguido, el malo malísimo, el más importante y el más rico del mundo. Y no por este orden, sino porque el me rote, que para eso es verano.

Mi santa voluntad ha decidido empezar este delirante repaso por el hombre más importante de 2013. Y la cosa no empieza precisamente festivalera porque si le hago caso a ‘Vanity Fair’, resulta que ese hombre es el Papa Francisco I. Este argentino con pinta de bonachón fue llamado hace unos meses para gobernar El Vaticano y las conciencias católicas. Aunque pocos creían que iba a aplicar la austeridad que prometía, a algunos ya les están dando ganas de que coja las de Villa Diego. Y aunque no esté en el altar de las personas que idolatro, ese detalle me hace tenerle cierta simpatía, con lo que no creo que fuéramos a pasarnos las vacaciones discutiendo. No sobre este tema, claro, aunque seguro que sí sobre algunos otros.

Relax cardenalicio

Pasar un verano con Su Santidad debe ser de lo más relajado y de esos en los que empiezas luciendo tipito y acabas tapándolo hasta el último milímetro de carne que Dios te dio. Nunca mejor dicho. Yo imagino un buen madrugón todos los días, un tazón de leche con pan y poco más. Más que nada porque nos reservaremos para las comilonas de mediodía.

Nunca he entendido porque sacerdotes, cardenales y demás curia vaticana están tan gordos. Y menos aún, como teniendo esas tripas, se atreven a usar fajín. En fin, será algún tipo de penitencia. Rogaría a Su Santidad, por supuesto, que no me hiciera cubrir mi cuerpo serrano en su residencia de verano. Aunque yo sería muy respetuosa y tampoco iría por sus santos aposentos luciendo mis escasos encantos, no fuera que se empeñaran en ponerme un fajín a mi también.

Leeríamos, eso lo tengo claro. Seguro que hay un rato dedicado a la lectura en las largas horas estivales de Francisco. A él lo veo sosteniendo el último libro de Cristopher Hitchens, que no tuvo tiempo de leer por las cosas del nombramiento papal, mientras que yo le doy un repaso a los evangelios apócrifos, una lectura muy de verano. Por fantasear que no quede.

¿De qué hablaría con Francisco? Yo creo que hablaríamos de Astor Piazzola y yo le cantaría algún tanguito de Rosana Falasca para intentar sonsacarle más información sobre esa novia que tuvo y que salió a contarlo cuando lo hicieron Papa. Creo que hablaría con él de sexo, pero no del de los ángeles, ese tema seguro que se lo sabe de memoria. Y volvería a sonsacarle temas personales, algo que me atrae sobremanera en alguien que debe renunciar a (casi) todo para convertirse en símbolo.

A medida que imagino estas vacaciones me van gustando más.

¿Alguien tiene su teléfono?

Sí, ya: qué rara me parió mi madre.

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