Mad Men Lab: No fueron los celos

El mundo entero vio, durante los funerales de Mandela, a Barack Obama flirteando con la primera ministra danesa, mientras, a una cierta distancia del lugar de los hechos, Michelle Obama ponía cara de póker. Silvia Cruz nos da las claves de aquel incidente.

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SILVIA CRUZ | 17/12/2013 - 16:38

Le he dado unas cuantas vueltas a la imagen de Barack Obama haciéndose una foto con la primera ministra danesa, Helle Thorning Schmidt. Es obvio que la cara de Michelle es un poema y que le cambió el sitio a su marido cuando volvió de dar su discurso para que no volviera a sentarse al lado de la rubia mandataria, dos cosas que explican perfectamente lo que pensaba la primera dama estadounidense de lo que hacía su esposo. Nadie le ha preguntado a Michelle qué es lo que la cabreó, aunque todos han dado por supuesto que lo que le sucedió tiene el feo nombre de ‘ataque de cuernos‘.

A mí lo que me cabrea es la relevancia que se le da al mosqueo de Michelle, tanta, que casi ha eclipsado la estupidez del Premio Nobel de la Paz, su marido, durante el funeral de Mandela. Fijaos que yo creo que la actitud de Michelle nada tiene que ver con los celos, sino con el ridículo, algo que entre matrimonios de muchos años es más frecuente que sentir el desgarro del engaño. Algunos pensarán que se comportó como una mujer celosa e insegura y yo creo que lo que estaba esa señora era, básicamente, avergonzada.

La vergüenza de ser primera dama

Ahora bien, todo eso es consecuencia de algo peor y más profundo: la carga de arrastrar con el papel de primera dama. ¿Dónde estaba ese día Stephen Kinnock, esposo de la premier danesa? ¿Y Samantha Cameron, mujer de David Cameron, líder que también se hizo la foto? Un matrimonio son dos y el concepto de primera dama se carga ese principio fundamental y los convierte en uno o en la misma cosa o en un paquete indivisible. Y claro, luego pasan cosas como ésta. Si Michelle se dedicara a sus cosas y no a las de su marido, hoy su vergüenza la conocería solo Obama, no el mundo entero.

Aunque no hay constancia de que el tema Obama-Thorning fuera más allá, la noticia me recordó una entrevista que le he hecho a Miguel Ángel Almodóvar sobre su libro ‘Crónica general del sexo oral‘ y que aparecerá próximamente en ‘Primera Línea‘, en la que tratamos el tema de los políticos y sus deslices sexuales. Almodóvar asegura que a ellas, a las que mandan en el mundo, no las pillan porque son pocas y yo creo más bien que no las pillan porque son listas. Lo de la infidelidad no es patrimonio de nadie y tampoco la impericia, pero parece mentira que algunos dirigentes sean tan torpes. Vuestro problema chicos, es la impaciencia. No veo a Merkel metida en fregados de ese estilo mientras gobierna el país, lo que no quiere decir que no la vea capaz de practicarlos.

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