Mad Men Lab: No hay príncipes azules, por mucho que lloren

Que los hombres lloren está de moda. Incluso tiene su punto molón. A Silvia Cruz, sin embargo, los lloriqueos de los varones no le impresionan demasiado y mucho menos esa moda de que los chicos no se traguen las lágrimas, como han hecho toda la vida

tiollorando
SILVIA CRUZ | 09/09/2013 - 12:20

La semana pasada tuve que oír y leer tonterías varias sobre el llanto de los hombres en diversos medios de comunicación. Parece que se pusieron de acuerdo. La idea era la misma: el hombre que llora está en armonía consigo mismo, no teme mostrar sus sentimientos, es seguro y confiado y la sociedad ya empieza a aceptar sin problemas que el héroe de una peli llore, que un político llore, que un hombre cualquier llore ante una cámara.

Construyendo el príncipe azul

Confieso que estas máximas me producen cierto bochorno. Yo creo, chicos, que lo que se esconde tras todo esto es el deseo de imponer un modelo de hombre que mola. Un nuevo príncipe azul, vamos. Un hombre sensible, solidario, que luchará por los derechos de las chicas hasta el infinito y más allá, capaz de conmoverse por cosas y situaciones que no tienen nada que ver con él directamente. Y el llanto es el signo evidente de que ese hombre mola.

Ya sé que quienes defienden estas cosas no quieren decir que el hombre que llora es buen hombre. Sé que no es así de simple, pero lo parece.

Y yo me pregunto: ¿es que la única forma de expresar los sentimientos es llorando? ¿No puede un hombre mostrarse sensible, afectuoso, implicado y preocupado por temas propios y ajenos sin necesidad de llorar? Chicos, de verdad, que nadie os imponga que os tragéis las lágrimas, pero tampoco queráis convertiros en lo que no sois.

Lloriqueos clónicos

A los habitantes de todas las épocas les gusta creer que inventaron la sopa de ajo. Y en esta que vivimos, más que en ninguna. Ahora, a fuerza de repetir que los hombres lloran sin complejos, vamos a negar que lloraron otros muchos antes y no se escondieron. Eso sí, los hombres lloran por las cosas que les tocan, les duelen y les conmueven. Y no tienen por qué ser las mismas que las de las mujeres. Creo que ahí está la clave, en que queremos que os guste, os inquiete u os conmueve lo mismo que a nosotras. Y a mi, la verdad, me parece una pérdida de diversidad considerable y aburrida.

Tampoco ahora existen los príncipes azules, por más que los tuneemos y nos ayuden a vender revistas de moda. A ver si después de haber conseguido romper algunos roles injustos y nocivos, vamos a crear otros igual de rígidos y más papanatas.

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