Mad Men Lab: Siempre el mismo hombre

¿Por qué todos los galanes del ‘nuevo’ cine español parecen cortados por el mismo patrón, el de malote de extrarradio que pide a gritos una cita con el logopeda? Cruz se lo pregunta, y nosotros con ella.

Álex González
Silvia Cruz | 25/11/2013 - 18:18

Acabo de enterarme de que se incorpora  a la serie ‘Tierra de lobos’ el actor Álex González. Y es inevitable que se me escapen un “¡mmm!” y un “¡puf!” casi al mismo tiempo.

“Mmm” porque González está en ese grupo de hombres que la serie de Telecinco parece haberse empeñado en agrupar: el de los actores jóvenes españoles que cumplen a la perfección con el perfil de morenazo guaperas con pinta de malote. El “puf”, se me escapa por motivos que seguro poco importan a los seguidores (¿o debería decir seguidoras?) de esta ficción televisiva.

Y es que pasa algo entre los actores españoles que no superan o pasan por poco la treintena: no vocalizan. Fijaos y me lo rebatís: no vocalizan. Yo tengo la impresión de que la moda la puso un poco de moda Juanjo Ballesta, con su deje de extrarradio, esa manera entre cansada y pasota de declamar, y esos ademanes de gamberrete sin remedio.

Muchos me dirán que Javier Bardem puso la primera piedra, claro, pero también es cierto que él se ha ido puliendo con el tiempo y entenderse, lo que se dice entenderse, se le entiende cuando habla. Incluso en inglés, algo que no le sucede a su querida esposa.

 El mismo molde

A lo que iba: que esos chicos con pinta de pendencieros han equivocado el estilo. Una cosa es ser guapo, tipazo y un poco macarra y otra que  en todos los papeles parezcas el mismo. Yo creo que a Álex González le pasa un pelín eso, aunque no tanto como a otros compañeros de generación. Escúchese con atención si no a chicos como Mario Casas, Hugo Silva o Luis Fernández, que rascan la voz a la altura de la laringe, la arroncan siempre sin importarles un bledo si hacen de polis corruptos, de adolescentes enamorados o de tiernos tontorrones.

El premio a esta manía se lo lleva sin duda Miguel Ángel Silvestre, que lo bordó (por decir algo) en su papel de El Duque. Ni todos sus atributos físicos, que son muchos y bellos, consiguió que viera ni un solo capítulo de ‘Sin tetas no hay paraíso’. Daba más risa que miedo. Que no, queridos, que para cambiar de personaje, no solo hay que cambiar de ropa o de guión: vuestra voz es vuestra arma, por más que os quieran convencer de que con la belleza, en esto del cine, basta.

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