Mad Men Lab Tortuguismo

El acto de currar a tu ritmo, sin prisas ni agobios, ya tiene su propia palabra en el diccionario de la RAE. Y es que acaban de entrar esa y muchas otras, como muslamen o despelote, que hacen que la purista Silvia Cruz se haga cruces.

Tortuga
Silvia Cruz | 24/10/2014 - 16:17

Las nuevas incorporaciones que ha hecho al diccionario la Real Academia de la Lengua están dando mucho que hablar. Y no me extraña. A mí me ha dejado muerta lo del ‘tortuguismo’, conociendo como conozco diversos entornos de trabajo, públicos y privados, en los que la gente no trabaja al paso de los quelonios ni de coña, sino a otro más lento, con lo que el término además de quedarse corto, ofende a las tortugas.

Me ha herido la aceptación de almóndiga y toballa, no por la laceración que noto en el oído cuando las escucho, sino porque no veo que hayan aceptado ‘anchova’, que harían la tríada de palabras que más risa me daba cuando salían por boca de mi abuela. Y mira, que no hayan admitido ‘cocreta’ me parece estupendo, a ver si ahora vamos a hablar todos como si no hubiéramos ido al colegio.

 

Léxico verdaderamente útil

Ya voy, ya voy a lo que nos interesa: muslamen, pechamen y culamen. Si, como lo oís, ésas valen y ya se pueden usar en cualquier lado sin temor a quedar como un salido. Viendo las palabras que se han decidido a incorporar, da la sensación de que los señores responsables de nuestra lengua, perdón de nuestro idioma, se hayan dado una vuelta por alguna fiesta muy calentita.

Debe ser porque muchos de esos términos vienen de Latinoamérica pero va a quedar rarísimo en boca de según quién oírle espetar a un hombre eso de “papichulo” sin que te venga a la mente el resto de aquella canción: “Papi, papi, papichulo, papi, papi, papi ven a mi…” Sin hablar de las consecuencias que eso pueda llegar a tener, claro, porque no están muy acostumbrados los hombres a que les hagan las chicas proposiciones tan claritas.

Otras dos monadas del nuevo DRAE son despelote y bluyín. Ya, la primera palabra está clarísima pero, ¿qué carajo es la segunda? Pues ni más ni menos que la versión castellanizada de blue jean, es decir, los pantalones tejanos de toda la vida. “Quítate el bluyín, papichulo, que esto va a ser el despelote.” Me imagino la frase y la libido se me cae más abajo del suelo. Pero claro, la academia no está para activar mis hormonas, sólo faltaría.

Más allá de las cosas de bragueta, que tanto nos gustan y son tan simpáticas, me agobia bastante que nuestro nuevo glosario admita palabras como coach, pilates, mileurista y amigovio. Porque se confirma que vivimos en una sociedad donde necesitamos ayuda hasta para ir al baño; practicamos ejercicios en los que ni se suda; cobramos una mierda y nos conformamos con eso de amigovio, en lugar de reivindicar con fuerza lo de follamigo.

Qué higiénico todo, qué eufemístico, qué tristura.

Como el empeño de seguir recogiendo el matrimonio como cosa de hombre y mujer aunque la ley acepta otras opciones que la gente practica. Y digo lo de la práctica porque ese es el argumento empleado para admitir almóndiga: como la gente lo dice, adentro almóndiga. Lo de juntar entrepiernas iguales ante un altar, sin embargo, no debe ser lo mismo para la Academia. Qué atrasados, ¿no? Ay, no, perdón, hablemos con propiedad, que esto no deber más que otra consecuencia del tan extendido tortuguismo mental.

 

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