Vicio y subcultura Maradona, el regreso del súper canalla

Desde Vicio y subcultura, se impone una defensa enérgica de Maradona, referente mundial de estilo de vida golfo y canalla. Si Argentina se queda hoy fuera de la Copa del Mundo, vamos a echar de menos al Pelusa.

Diego Armando Maradona
Javier Blánquez | 26/06/2018 - 14:29

El paso de la selección argentina por el mundial de Rusia nos ha dejado, por ahora, dos imágenes, dos momentos, absolutamente imborrables. El primero es el del consumo social de los partidos, con el móvil en la mano, para ir buscando los mejores tuits que la hinchada iba publicando a medida que su equipo se estampaba contra la durísima Croacia en el segundo partido de la fase de grupos, o empataba de forma triste con Islandia.

El Grupo D de la Copa del Mundo está resultando un calvario para la albiceleste, que se lo juega todo contra Nigeria –sólo le sirve ganar–, y esperar que Islandia no le gane a Croacia. Una carambola complicada que, de no producirse, dejaría a Argentina fuera del mundial, y eso sería terrible, porque nos quedaríamos sin algunos elementos extradeportivos que nos están dando la vida.

El primero, ya lo hemos dicho, son los insultos vía Twitter de la afición, una explosión de talento soez que ha dado para la historia expresiones como “termotanque de sida”, “genocida del oxígeno”, “tobogán de piojos” o “cementerio de canelones”. Una nueva derrota, y una eliminación, implicarían una explosión de odio con la que disfrutaríamos un horror. Aunque si eso tiene que suceder, mejor que sea en una eliminatoria. Por eso queremos que pase Argentina. Y que pierda contra España más adelante, si puede ser.

Diego Armando Maradona

 

En todo caso, una eliminación sería terrible porque nos quitaría de las gradas a la gran animación del mundial, que es Diego Armando Maradona –el segundo gran momento del que hablábamos–, que ha llegado a Rusia con todo el cargamento de carisma canalla que le caracteriza. Se jugaba el primer partido y ahí lo teníamos, en una zona VIP, fumándose un puro del tamaño de la tranca de Jason Luv, y animando al equipo como si fuera el entrenador de un púgil de boxeo.

 

El espectáculo está en la grada

Maradona, el barrilete cósmico, sigue siendo un elemento pequeño pero matón, y sería una buena idea que, de ahora en adelante, en cada encuentro hubiera una pequeña pantalla en una esquina de las retransmisiones para ver sus evoluciones: dando saltos, chillando, llevándose las manos a la cabeza, encendiendo y apagando el cigarro, hablando con un séquito, levantando el móvil para llamar a algún directivo de la AFA o al [censurado] para pedir suministros.

Aunque el entrenador de Argentina es Sampaoli –para buena parte de los aficionados un topo de Chile infiltrado en la selección para llevarla al fracaso– quien mueve los hilos es Maradona, que no se ha privado de bajar al vestuario, tener reuniones privadas con los jugadores, censurar al Kun o a Messi y, en definitiva, comportarse como lo que siempre ha sido: el dueño del cotarro, el puto amo del corral.

Diego Armando Maradona

 

Maradona, qué duda cabe, es el Joe Pesci del fútbol. No sólo comparte con el actor de “Uno de los nuestros” la mala leche y la estatura –Diego no supera los 1,67; Pesci levanta menos del suelo–, sino ese carisma que tienen los villanos bajitos y violentos.

Si nuestra ‘Primera Línea’ es la revista de los que no quieren ir al cielo, y donde se celebra el canalleo como una forma de vida y sin arrepentimientos, está claro que Maradona tenía que aparecer tarde o temprano en este rincón del vicio y la subcultura, porque sigue siendo un grano en el culo del fútbol mundial, un personaje que se cree por encima de todos y que se planta en los estadios fumando como si fuera un mafioso italiano y armando gresca, y que todavía hace sobrevolar por encima de su cabeza la sospecha de que se marca tremendos viajes a los paraísos artificiales y se va de fiesta sin descanso.

 

Incombustible

Maradona tiene hoy 57 años, pero seguimos viendo en él al Coto Matamoros del balompié, alguien que no sabe vivir sin provocar trifulcas y peleas, que cuando entra en un lavabo es para orinar o cagar sólo en el 25% de las ocasiones, y que tensiona a la gente de su alrededor de la misma manera en que él rechina los dientes y aprieta la mandíbula. Lleva a este nivel desde los 80. Es más antiguo que nosotros y no se ha bajado nunca del burro, y eso lo convierte en Dios, y no precisamente por los dos goles contra Inglaterra.

Escribimos estas líneas antes de que Argentina se lo juegue todo a cara o cruz en el Mundial, y ahí estará Maradona, en la grada, escrutando a la selección como si fuera Vito Corleone supervisando un negocio. Sería una pena que Argentina se quedara en el camino, porque entonces Maradona no tendría a su alcance muchos de los atractivos que le promete el país: lugares de esparcimiento de los que a él le gustan, buen tabaco y buen vodka, hoteles caros y servicios de recogida en limusina.

Diego Armando Maradona

 

Nos imaginamos el día a día de Maradona y pensamos inmediatamente que los raperos de más éxito del momento todavía no han comprendido nada, y que tienen de gangsta lo que nosotros de ingenieros aeronáuticos. Si hay un O.G., ese es el Diego, que lleva ‘joseando’ –es la palabra que las estrellas del trap en español utilizan para hablar de ‘hustling’, o sea, estar en el juego del vicio y el hacer pasta sin parar– desde que descubrió el alpiste en Barcelona, y que se coronó como el rey del mundo en sus años en Nápoles y conquistando él solo la Copa del Mundo de México en 1986.

Maradona es también el típico caso de alguien que es dios en lo suyo y que se le va la flapa muy fuertemente cuando es consciente de que podría hacer lo que le diera la gana sin atenerse a las consecuencias, un comportamiento muy parecido al que durante años ha llevado Donald Trump, que se jactaba de tocar a las mujeres en el coño y de permitirse el lujo de disparar un arma en medio de la calle sin que nadie hiciera nada en su contra.

 

Los goles del pasado

Maradona, que volvió a llevar a Argentina a una final del mundial en Italia 90, y que marcó un golazo de falta en Estados Unidos 94 que metía a su selección como favorita justo antes de que lo expulsaron por haber dado positivo en un control de drogas, vivió en aquellos años en una montaña rusa de placeres y vicios de la que no se supo desenganchar, y de aquellos barros vinieron estos lodos: su historial canalla tiene episodios como la condena por posesión de drogas en 1991, cuando era poco más que un miembro de la aristocracia fiestera de Nápoles, sus rifirrafes con periodistas portando una recortada y amenazando a la canallesca con expulsarla de la puerta de su finca a tiros, los problemas con hacienda, las recaídas en el consumo de perico y, sobre todo, las demandas por paternidad.

Siempre hemos dicho que todos somos hijos de Julio Iglesias, y que Julio, en tanto que ser humano que más ha follado en la vida, es estadísticamente el padre biológico de al menos un 35% de la población mundial, pero junto con Julio hay otro galán latino improbable que ha fornicado más que Nacho Vidal en su edad de oro.

Maradona, cuando estaba por encima del bien y del mal, y que podía justificar su juego decadente de los noventa gracias a sus hazañas en el campo durante la década anterior, era una máquina de follar que ni en sus mejores sueños pudiera haber imaginado Charles Bukowski. Sus noches eran largas y calientes, aderezadas con bandejitas bien surtidas, alcohol, tabaco de calidad y generosos derramamientos de esperma, y muchas veces acertando en la fecundación. Tiene más hijos repartidos por todo el mundo que Zeus a lo largo de todas las ‘Metamorfosis’ de Ovidio.

Diego Armando Maradona

 

Incógnitas angustiosas

La pregunta ahora es: ¿hasta dónde llegará Maradona en Rusia, y cuántos nuevos episodios canalla nos dejará para ampliar su historia (y su historial) personal?

Por ahora, podemos imaginar lo que sucede detrás de las cámaras: imaginamos a Maradona en un reservado exclusivo de un club de Moscú, pidiendo ostras y champán para todos, volviendo al hotel en un coche de alquiler con chófer privado, bien escoltado por su séquito y un secretario/agente personal que se encarga de todo.

Es interesante apreciar este detalle: mientras él sigue a la selección en Rusia, su mujer está en Argentina, y siendo Maradona, todo esto nos lleva a una serie de sospechas jocosas. Por eso es importante que la estancia de Maradona se prolongue: queremos más aspavientos en la grada, queremos más puros y más histeria, queremos a un Maradona bronco que ponga a parir al seleccionador y que le dé cera a los jugadores, y que lo haga desde la impunidad de haber ganado un mundial y ser considerado en su país como un dios inviolable.

Se puede ser más canalla, pero sólo una persona está en condiciones de superar el listón de Maradona: Maradona mismo, cuando se lo proponga. Estamos viendo que en Rusia todavía guarda golpes ocultos, y que lo mejor está por llegar. Pues que llegue ya. Es uno de los nuestros.

 

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