Vicio y subcultura Marisa Tomei, contigo empezó todo

Blánquez lo tiene claro: para nuestro experto en vicio y fenómenos pop de culto, Marisa Tomei es patrimonio de la Humanidad, y su papel de tía de Spider-man en ‘Capitán América: Civil War’ denuesta que tiene morbo y carrete para rato.

Marisa Tomei
Javier Blánquez | 04/05/2016 - 18:20

Si pensamos en Marisa Tomei, probablemente una de las primeras imágenes que se nos vengan a la cabeza sea la escena de apertura de ‘Antes que el diablo sepas que has muerto’ (2007), en la que aparece a cuatro patas en la cama, mientras Philip Seymour Hoffman -que dios le guarde en su gloria- le está practicando lo que Chiquito de la Calzada llamaría ‘la caidita de Roma’.

Pocas veces una película ha tenido un alzado de telón tan impactante: aquella no era una escena de sexo glamurosa, ni extraordinariamente explícita, pero era de una crudeza salvaje, propia de un coito matrimonial mañanero practicado a lo bruto, sucio como un registro casero subido a PornHub. Philip gruñía como un cerdo, sudaba a chorros, y a ella parecía gustarle. This is hardcore, que dirían aquellos.

Marisa Tomei

 

Aquella escena grumosa, además, y para lo que nos interesa ahora, nos ofrecía una pista valiosa a la que era prudente prestar toda nuestra atención. Al fin y al cabo, saltaba a la vista: mientras Philip Seymour Hoffman era un exceso de alopecia y lorzas, Marisa Tomei era vicio y frescura. En el lecho, espatarrada e hiperventilando, gimiendo por el esfuerzo, parecía en cualquier caso una delicada flor con espinas. Entonces fue cuando la incluimos en nuestra lista de actrices favoritas y supimos, con total certeza, qué era aquello que aún no llamábamos MILF -tendría que pasar un cierto tiempo hasta que se asentara el concepto entre el vocabulario popular-, pero que sabíamos que existía.

 

La eterna juventud se llama Marisa

Antes de que Marisa Tomei reactivara su carrera como actriz, sabíamos dos cosas. La primera es que había sido una cara habitual en varias series de televisión y películas de gama media, que había recibido un Oscar al mejor papel femenino de reparto por ‘Mi primo Vinnie’ en 1992, que cinco años antes Bill Cosby la había lanzado a la fama al darle el papel de la mejor amiga de su hija (de ficción; seguro que hijas naturales tiene más de las que realmente conoce, a juzgar por las demandas por acoso que le llegan a diario) en la serie ‘Un mundo diferente’, y que siempre que aparecía en la pantalla aportaba un carácter afable y una sonrisa amplia, pero que aún así nos daba exactamente igual, porque por aquella época nos gustaba Sharon Stone. La segunda es que, después de habernos ido olvidando sistemáticamente de ella mientras estaba en la flor de la edad, la recuperamos con 43 años y supimos para siempre que incluso a esa edad se puede tener un magnetismo sexual irresistible.

Como decíamos, aún no circulaba el concepto MILF, aunque sí hablábamos de “madres que están más buenas que sus hijas” y de “maduritas potentes”. Marisa Tomei, en 2007, respondía perfectamente a ese patrón. ¿Dónde estaba el secreto? Evidentemente, en que no le sobraba nada y lo tenía todo perfectamente puesto, y por supuesto en esas ojeras encantadoras y en el cabello cobrizo, que siempre reluce y retumba, como el escudo de Aquiles bruñido por el sol de Troya. Más allá de la película, que era una obra maestra incuestionable y uno de los mejores thrillers del siglo, testamento insuperable de Sidney Lumet, quedaba su personaje, Gina Hanson, un arquetipo femenino que se convertiría en un filón para Marisa. Y tras su bache post-Oscar, resurgió como MILF.

Marisa Tomei

 

Porque la cosa no se detuvo ahí: luego llegó ‘El luchador’ (Darren Aronofsky, 2008), donde hacía el papel de stripper supuestamente venida a menos, pero a la vez muy venida arriba, de una flexibilidad pasmosa y que lo petaba a lo grande al lado de aquel Mickey Rourke crepuscular con la cara como de goma, también recuperado tras más de una larga década de olvido.

Pero volviendo a Marisa Tomei, nos han quedado claras dos cosas. La primera es que, pase lo que pase, retendremos en la memoria su momento dulce en estas películas que restauraron su carrera y crearon la ilusión, más o menos permanente, de que sería una señora con un físico estupendo para toda la vida, al estilo de Julianne Moore. Y la segunda es que no todo se puede mantener, ni siquiera la racha ganadora, pero a juzgar por el último papel de Tomei, sí al menos la sensación de que estará muy por encima de lo que indica su edad.

 

Marisa en la guerra civil

Este fin de semana hemos ido a ver ‘Capitán América: Civil War’, y Marisa Tomei vuelve a tener un papel relevante, secundario, y con enjundia. Hace de Tía May, es decir, la tía viuda de Spider-Man, y a sus 51 años la seguimos teniendo espectacular, con las ojeras un poco más marcadas pero con las carnes prietas y la sonrisa como un amanecer en el Ganges. Incluso Robert Downey Jr. en su papel de Tony Stark se queda con el rollo y le tira los trastos sin pudor -nota curiosa: antes de que a Downey Jr. le ingresaran por drogadicto, había sido novio en la vida real de Marisa Tomei, por la época en la que ambos coincidieron en ‘Chaplin’-. Tiene pinta de que en próximas entregas del Universo Marvel, el viejo Iron-Man se la lleva al huerto.

Más allá de lo extraño que resulta tener a una tía de Spider-Man tan jugosa -en teoría, debería ser una anciana, y no una cincuentona con la libido más subida que Madonna-, nos parece bien que Marisa Tomei tenga este papel, y no cualquier otra. A Marisa le tenemos aprecio y cariño, le deseamos lo mejor, porque en esta vida nada es para siempre y hasta los más esplendorosos jardines caerán en la ruina y se marchitarán mientras caen en el olvido, y algún día llegará en que Marisa Tomei sea una sombra de la versión que más nos gusta, no la de la post-adolescente marchosa de los 80, ni la de la joven actriz que pudo haber conquistado Hollywood y se quedó a medias, sino la de la mujer madura que, cuando nadie se lo esperaba, resurgió con entereza, carisma y unos planos de desnudo que quitaban el hipo y se convirtió en arquetipo de lo MILF.

Por eso hay que cuidarla. Es patrimonio de la humanidad. Ahora, MILFs con tronío las tenemos en todas partes: Olvido Hormigos, Gillian Anderson, Cayetana Guillén-Cuervo. Pero siempre hay que recordar que, en este aspecto, Marisa Tomei fue como Kevin Roldán: con ella empezó todo.

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