El monte de Venus Masaje erótico con final feliz

Un masaje sensual con final feliz es, según comprueba Venus en sus carnes, el mejor antídoto posible contra las prisas, el estrés y la frustración de la vida moderna.

Venus
Venus O'Hara | 21/09/2017 - 16:50

“Quiero que tengas un orgasmo, que vivas la experiencia completa, hasta el final”, me dice la mujer al otro lado del teléfono. He llamado a Felina Massage, un centro de masajes eróticos en Barcelona, para que me informen y para concertar una cita, pero aún no sé qué tipo de masaje me apetece.

Quiero que la encargada del centro me oriente. Ya tengo experiencia con los masajes eróticos. El año pasado, recibí uno de una mujer desnuda. Aunque lo había pedido sin final feliz, lo cierto es que fue una experiencia súper erótica. Sin embargo, no quise que en aquella ocasión me hiciesen llegar al orgasmo, porque me pareció que sería algo más bien desconcertante acabar tensándome hasta el clímax tras la relajación inicial.

Ahora que se me presenta la oportunidad de recibir otro masaje erótico, me apetece vivir algo nuevo. La idea que me resulta más atractiva es recibir un masaje en pareja. Me encantaría compartir la experiencia con alguien. El único problema es que ahora mismo no tengo pareja ni amante. Así que opto por recibir un masaje de un masajista masculino. ¡Esto sí que que sería una experiencia nueva!

 

Éxtasis compartido

“Si es un masaje cuerpo a cuerpo, creo que sería mejor con una mujer“, me dice por teléfono mi interlocutora. “Después de todo, el cuerpo de la mujer es más suave”, añade a modo de explicación. Para los que quieren acariciar el cuerpo de la masajista, existe la posibilidad de programar un masaje ‘mutuo’. A pesar de que esta propuesta me resulta intrigante, lo que más deseo es ser totalmente pasiva y no tener que hacer absolutamente nada mientras me tocan.

Masaje con final feliz

 

En cuanto se hace una idea aproximada de por dónde van mis preferencias, la mujer del teléfono me recomienda el tipo de masaje que más cree que puede hacerme disfrutar. Se llama Masaje Sensual. Escucho su descripción atentamente. Todo lo que cuenta me suena fantástico. Curiosamente, no vuelve a mencionar el orgasmo, ni yo tampoco. Llegados a este punto, parece un detalle sin importancia.

Acudo a Felina Massages a mediodía de un día soleado. Ese detalle me excita muchísimo. Siempre me han dado morbo los contrastes, sobre todo entre lo formal y lo salvaje. Mientras me acerco a mi destino, me cruzo con mucha gente que pasa por la calle realizando sus tareas cotidianas. Sé que en cuanto entre en el local me estaré refugiando en un oasis de placer en pleno centro de la ciudad.

El lugar es elegante y acogedor. Hay una luz tenue y suena música relajante. Noto un olor a spa; el ambiente ya ha conseguido que me relaje y todavía no me han puesto ni un dedo encima. Cada vez estoy más intrigada por la experiencia que estoy a punto de vivir. Una mujer me recibe y me lleva a un sofá chesterfield. Nos sentamos.

“¿Vas a querer el final feliz?”, me pregunta. Le digo que mejor no, que me resulta extraña la idea de relajarme primero para volverme a tensar después. “Créeme, no estarás tensa“, me dice ella con una sonrisa.

 

American Beauty

Tras apenas un instante, aparece la masajista. Se llama Victoria y es guapísima. Es alta y morena, con el pelo negro muy largo. Está vestida de blanco, un color que realza su piel.

Se presenta, nos damos dos besos y me pregunta si me apetece beber algo. Pido agua. Aparte de sus encantos físicos muy obvios, Victoria es muy agradable y sensual. Me lleva a la habitación que también dispone de un cuarto de baño y me da una toalla y me deja sola para que me duche.

Masaje con final feliz

 

Mientras me desnudo, me miro en el enorme espejo que cubre toda la pared, un detalle ideal para los voyeurs, que seguro que lo aprovechan para no perderse ningún detalle del masaje. La habitación es preciosa. Hay un futón por el suelo con sábanas blancas y pétalos rojos dispersados por encima. Me recuerda a la película ‘American Beauty’.

Después de ducharme, me seco y me tumbo boca abajo desnuda, encima del futón. Escucho música relajante y respiro profundamente para centrarme en el aquí y el ahora. Unos momentos más tarde, entra de nuevo la masajista. Se quita la toalla y empieza con el masaje.

Lo primero que noto son las gotas de aceite caliente que resbalan por mis piernas y mis pies. Pronto me doy cuenta de que Victoria no solo es guapa y sensual, sino que además sabe realmente dar masajes. Estoy en otro mundo cuando trabaja mis piernas, mis glúteos y mi espalda. Cuando llega a mi nuca, una de mis zonas más erógenas, me noto totalmente paralizada por el placer. Además de sus manos expertas, usa el peso de su cuerpo cuando se desliza sobre mí. Suspiro al notar su peso y el aceite caliente entre nosotras. Me encanta.

A continuación, me susurra al oído que me gire para ponerme boca arriba. Al notar su respiración contra la piel delicada de mi cuello, me corre un escalofrío por todo el cuerpo. Obedezco, todavía con los ojos cerrados.

De hecho, durante casi todo el masaje, mantengo los ojos cerrados, sin sacar el menor partido del enorme espejo. Tengo la impresión de que de este modo, al no ver, siento mucho más. No he venido para presenciar un espectáculo, sino que dejarme llevar por mis sensaciones.

Masaje con final feliz

 

Cuando me doy la vuelta, noto más gotas del aceite caliente en mi torso. Victoria se pone a masajear mis pechos. De repente, el relax se está convirtiendo en otra cosa. Mis sentidos se están despertando. Antes de que me dé cuenta, me está acariciando la zona de las ingles. Curiosamente, cuando sus dedos expertos llegan a mi clítoris, la sensación no es tan desconcertante como esperaba. Más bien lo siento como un proceso totalmente orgánico.

Es placentero, pero no sé si voy a ser capaz de alcanzar al orgasmo. En parte, quiero decirle que no podré, para que no se canse. Sin embargo, no tengo el coraje hacerlo. Pero, justo entonces, la estimulación parece todavía más placentera. Parece que, después de todo, sí voy a poder llegar a correrme. Juego con mi respiración y mi suelo pélvico para ayudar al proceso. En pocos instantes, espasmos orgásmicos dominan todo mi cuerpo.

Masaje con final feliz

 

Al final, le doy las gracias. Este detalle me resulta raro: jamas he agradecido a alguien que me haya hecho correrme, pero supongo que sería incluso descortés no hacerlo después del masaje. Se despide con dos besos y me deja sola para que me duche de nuevo.

De vuelta a la calle, veo la gente haciendo sus vidas normales. Curiosamente, todos me parecen más estresados que antes. ¿No seré yo la que está dejándose llevar por el estado zen post-orgásmico?

Ahora comprendo por qué me insistieron en lo del final feliz.

 

Masaje con final feliz

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