Lo tuyo sí que no tiene nombre, Mel B

Es duro dejar de ser una ‘spice girl’. Mel B lleva tratando de reinventarse tras su etapa de gloria desde los albores del nuevo milenio, y no puede decirse que todos sus esfuerzos hayan cosido coronados por el éxito.

Mel B
Xavi Sancho | 22/03/2016 - 15:10

Cuando, allá por 1995, entró en las Spice Girls, Mel B parecía formar parte de la facción de la banda que tal vez podía aspirar a un futuro profesional no relacionado con participar en ‘Supervivientes’.

Para entendernos, em aquel grupo prefabricado solía decirse que había dos que sabían cantar, y al parecer Mel era una de ellas. Antes, esta mujer de origen jamaicano nacida en un suburbio de Leeds en 1975 había aparecido en los minutos de la basura de algún episodio de la serie ‘Coronation Street’. Poco más.

Tras dominar el planeta con las Spice durante un lustro, Mel se lió el petate y debutó en solitario de la mano de la rapera Missy Elliot. Juntas consiguieron un número uno en las listas del Reino Unido que, como sus posteriores fracasos, muchos y muy seguidos, fue más bien fruto de la inercia.

 

De ‘Tú sí que vales’ a la residencia de Kagame

Abrumada por una racha de fracasos que en absoluto esperaba, Mel pasó por una fase mística y nómada, aquello que la gente rica y famosa llama buscarse a uno mismo. Se mudó a Estados Unidos, participó sin pena ni gloria en el musical ‘Rent’ y editó ‘LA Statate of Mind’, un disco que casi nadie se ha tomado la molestia de escuchar. En un ejercicio de sensatez, no se dejó derrotar por la adversidad y empezó a rebajar sus expectativas, reinventándose como juez de concursos televisivos de nuevos talentos, primero en el  ‘X Factor’ australiano y después en el ‘Tú sí que vales’ yanqui. En ambos hizo el papel de veterana enrollada, la mejor amiga de los concursantes. El hombro en que llorar y la vieja gloria de la que recibir una palabra amable.

Puesta ya en harina, probó también suerte como opinadora, publicando artículos en el suplemento dominical ‘Mail on Sunday’. Poco después, acabó enrolándose en un reality en que la ayudaban a perder peso. Recuperada la lozanía, se fue a Ruanda con los niños a pasar la Navidad. Ellos solo querían ver leones, pero ella les dijo que África es mucho más que eso y se los llevó de visita a la residencia del presidente Kagame, acusado de crímenes de lesa humanidad por su actuación durante la guerra del Congo. Como decíamos, lo de Mel no tiene nombre.

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