Vicio y subcultura Menos sexo que drama

Blánquez acaba de catar el primer capítulo de ‘The GIrlfriend EXperience’ y vuelve con un veredicto provisional: Riley Keough es cosa muy seria pero al producto le falta algo de morbo y sexo explícito para tratarse de un drama sobre el mundo de la prostitución de lujo.

Riley Keough
Javier Blánquez | 12/04/2016 - 11:43

Si tuviéramos que elaborar un ránking de las mejores apariciones de Sasha Grey ante una cámara, no cabe duda de que elegiríamos una orgía con cinco actores negros, con abundantes dobles penetraciones y ducha final, antes que cualquiera de sus participaciones en el cine convencional -como dice la sabiduría popular, hay que saber para qué se vale y para qué no, y Sasha servía mucho para el sexo sucio y bastante poco para el drama-.

Pero dentro de la carrera de la estrella del porno prematuramente retirada hay que guardar en un lugar especial su colaboración con el director Steven Soderbergh en ‘The Girlfriend Experience’, una película que, recordarán ustedes, trata sobre la doble vida de una escort de lujo, intentando equilibrar su vida personal -estudios, una relación de pareja, aficiones más allá del sexo- con su dedicación profesional, o sea, la de acostarse con hombres por dinero, muchísimo dinero.

‘The Girlfriend Experience’, a pesar del morbazo que transmitía a priori, es hoy poco más que una película de culto. No tuvo éxito popular y además no ayudaba su estética indie, de planos emocionales y mucho rayo de luz empapando unos encuadres con intención poética. Era una película muy para el público de Sundance, y a la hora de tratar el sexo apenas se veía nada: no había escenas subidas de tono, era difícil adivinar ni siquiera una tetilla, algo que nos resultaba raro en un director como Soderbergh, a quien siempre le ha ido el lado oscuro; en sus películas siempre se ve gente drogándose y algún plano abierto con abundante vello púbico.

Sasha Grey

 

De Soderbergh también sabíamos que jamás entraría en ningún terreno chabacano, que para eso se considera un artista serio. En cualquier caso, consiguió que Sasha Grey no pareciera un autómata, elevó su perfil profesional, le hizo incluso creer que podría ganarse la vida como actriz convencional (grave error), y trató en una película elegante un tema siempre espinoso: el de la prostitución de alto standing. Recuérdese que ‘girlfriend experience’ es un tipo de servicio en el cual la prostituta simula un afecto con el cliente parecido a lo que sería una relación de pareja: se va con él a cenar o a un evento cultural, pasa toda la noche en el hotel, besa cariñosamente, y se despide como si cada uno comenzara su jornada laboral con vistas a reunirse al final del día. Solo que ahí se acaba la cosa.

 

Del cine a la televisión

Había tanto potencial en esa idea que Soderbergh finalmente ha dado luz verde -esta vez no como director, ni como showrunner, sino como simple productor ejecutivo– para que ‘The Girlfriend Experience’ se transformara en una serie de televisión, y la primera temporada ya está en el aire: toda ella completa en el canal digital de Starz, y capítulo a capítulo, a razón de uno por semana, en los canales convencionales.

En España la tiene Movistar: pronto la podrás ver en Yomvi. El primer episodio ya lo hemos catado, pues nos podía el ansia viva, y podemos extraer algunas conclusiones valiosas. Sabemos que la simple idea de que una importante productora americana haya valorado desarrollar una serie sobre putas de lujo ya dispara los niveles de morbo de nuestros queridos lectores -que no vienen aquí precisamente para que les hablemos de Schopenhauer-, así que vayamos al grano. Esto es lo que hay que saber.

Para empezar, ‘The Girlfriend Experience’ recoge el espíritu y la estética originales de la película de Soderbergh, así que no esperemos ni una fotografía kitsch ni tampoco muchos excesos en el destape. Esta serie no es ‘Spartacus’, donde se veían tetas, potorros y rabos con una frecuencia desmesurada, sino que es un producto elegante que busca más sugerir que excitar. También es lo lógico: si haces una serie sobre prostitución, hay que ir con cuidado para no pisar un terreno demasiado vulgar.

The Girlfriend Experience

 

La historia es sencilla: Christine Read es una estudiante de derecho a punto de acabar la carrera que consigue un puesto como becaria en una importante firma de abogados de Nueva York. Su trabajo ahí consiste en redactar cartas legales y esperar el momento oportuno para comenzar a trepar en la firma. Evidentemente, ser becaria no le permite llevar un tren de vida lujoso, de hecho vive en un apartamento bastante cochambroso, y a duras penas le llega para llevar ropas decentes, pero sabe que tiene una posibilidad abierta enfrente suyo: hacerse prostituta. El sexo le va, y no le importa exigirlo en un bar -en un momento del episodio piloto se acerca a un tipo en una barra y, directamente, le ordena que se vaya con ella a su casa a follar; es el único momento del capítulo en el que veremos carne-, así que le resulta fácil planteárselo de la manera más lógica: si le gusta, ¿por qué no cobrar por ello?

Christine tiene una amiga, Avery (protagonizada por Kate Lyn Sheil, una actriz habitual en esta clase de productos indies, así como en películas de terror; tiene un aspecto a lo Rossy de Palma, pero menos cubista) que se saca un dinero extra como escort. Ella ya lo sabe: aprovechando que los clientes se han ido del hotel y lo han dejado todo pagado, aprovechan para vivir el lujo efímero de una suite de cinco estrellas. Y al final del primer episodio decide acompañarla en un trabajo: Avery ha quedado con un hombre de más de 50 años, acaudalado y putero, y observa que todo es fácil, discreto y limpio.

Eso sí, en el ínterin nadie nos ha mostrado lo que queremos ver: hay mucho cuidado por dosificar el sexo explícito en ‘The Girlfriend Experience’, y esa es una de las razones que nos impulsan a seguir viendo el capítulo dos, y el tres. De hecho, a Christine no la veremos fornicar –entre transparencias y planos artísticos- hasta el tercer capítulo. Las críticas están siendo positivas, ya que la serie esconde más de lo que aparenta: un thriller psicológico, un cuadro de costumbres, una crítica a la sociedad capitalista rapaz, un rollito a lo ‘Girls’ pero con prostitutas. Sólo le falta incidir más en las escenas de cama, que para eso va sobre lo que va.

 

La nieta de Elvis

El hallazgo esencial de ‘The Girlfriend Experience’, en cualquier caso, es su actriz protagonista: atención a Riley Keough, que tiene un cierto aire a Dakota Johnson -sin la parte caballuna- y además proviene de genes ilustres, pues es la nieta de Elvis Presley (e hija de Lisa-Marie). Riley, que ya tiene un nombre acorde con el papel que le toca interpretar, es modelo y actriz incipiente a sus 28 años, y lo hace bien siguiendo los pasos de Sasha Grey cuando lideró el cast de la ‘The Girlfriend Experience’ original: gesto frío, movimientos sensuales, mezcla perfecta de inocencia (durante el día) y entrega guarra (durante la noche). Es como una Kristen Stewart de mandíbula más marcada y rostro más pétreo: el papel le viene como un guante.

The Girlfriend Experience

 

A medida que vayamos viendo más capítulos de la serie podremos llegar a conclusiones más asentadas, pero por lo que llevamos escrutado, la cosa promete. Hay que hacerse a la idea de que habrá más drama que sexo, más planos abiertos -grandes espacios de oficina, Nueva York de día- y muchos encuadres oscuros en bares y habitaciones solitarias, y muy poco de ñogo-ñogo.

De todos modos, es algo que nos temíamos. No es la primera vez que la prostitución de lujo se trata en una serie de televisión, y el precedente que teníamos controlado ya era un poco en esta línea ambigua. ¿Se acuerda alguien de ‘Secret Diary of a Call Girl’? Aquella era una serie británica que duró cuatro temporadas, inspirada en las memorias reales de Belle, una escort londinense que explicaba cómo había sido su paso por el mundo del putiferio –mucho dinero, mucha diversión, mucha complicación a la hora de llevar una doble vida y que nadie se diera cuenta-, y que en su versión televisiva protagonizó Billie Piper en un tono casi de comedia de enredo, poco antes de sumarse al elenco de ‘Doctor Who’.

Billie Piper

Es curioso comprobar cómo en la ficción sobre prostitución siempre se cae en la misma artimaña: negar el sexo ante la cámara -es como si en las películas sobre boxeo no hubiera combates- para explicar el drama. Pero no pasa nada: nosotros nos debemos a Steven Soderbergh, y más desde que hizo ‘The Knick’, y nos debemos a los guionistas y creadores de la serie –Amy Seimetz y Lodge Kerrigan-, y nos debemos muchísimo a Riley Keough, y esperamos de todo corazón que ese poco morbo que demandamos, aunque sea en cuentagotas, acabe aflorando de alguna manera. Como diría el Señor Barragán: dame ‘argo’.

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