Vicio y subcultura Muy a favor de Amber Heard

Blánquez se ha sometido en las entretelas del culebrón conyugal de la década para tratar de arrojar algo de luz. ¿Es Johnny Depp un maltratador? ¿Es Amber Heard una farsante genial que ha embaucado al veterano actor con un plan maestro? ¿Está la verdad en algún punto intermedio entre ambos extremos?

Amber Heard
Javier Blánquez | 08/06/2016 - 14:30

A estas alturas, imaginamos que todos y cada uno de ustedes ya están al corriente del affaire entre Johnny Depp y Amber Heard, un entretenidísimo culebrón en el que tenemos ingredientes tan sustanciosos como (supuestos) abusos físicos, un matrimonio secreto superpuesto a un matrimonio fallido, homosexualidad, dos perros terrier y una batalla mediática y judicial que, por ahora, está arrojando más carnaza que un programa cualquiera de ‘Sálvame’.

Es, para qué negarlo, de lo más entretenido que nos hemos encontrado este año, un escenario complicado para el que hemos tenido que ampliar las reservas de palomitas, con múltiples lecturas y que todavía no tiene escrito su final. Esperamos que sea glorioso.

 

Así son las cosas

Para resumirlo brevemente, y no tenerles a ustedes aquí aburridos durante varios párrafos, digamos lo siguiente: hace 15 meses, el actor Johnny Depp -un señor muy aficionado al eyeliner y al estilo de vida rock’n’roll– se casó con Amber Heard -una modelo espectacular que había desarrollado una segunda carrera como actriz, y que demostró ser poco menos que espantosa- y fueron felices, follaron como tigres, y durante un tiempo se consolidaron como la pareja más cool de Hollywood.

Johnny Depp con Amber Heard

 

Ahí estaba Depp, a sus 53 años, cada vez con un aspecto más momificado, presumiendo de esposa frágil y pelazo rubio justo tres años después de divorciarse de Vanessa Paradis, la madre de sus hijos. A Depp la crisis de la edad adulta le llegó tarde, pero como no tenía necesidad de cambiar de coche, ni de montarse una banda de rock -porque todo eso ya lo tenía-, cambió de mujer para ir fardando por los sitios. Hasta que la ley de Murphy se impuso como infalible contrapeso de la vida y, si algo pudo salir más, finalmente salió mal.

21 de mayo: aparentemente, la pareja mantiene una discusión tensa en su mansión de Los Ángeles. 22 de mayo: Amber va al juzgado e interpone una demanda de divorcio (¿reacción desproporcionada? Igual es una intensa, no hay que echárselo en cara).

27 de mayo: Amber vuelve al juzgado y pide una orden de alejamiento de Depp, quien al parecer la noche anterior le atizó con un móvil en otra discusión agria y hasta le dejó una marca de moratón en la cara, justo debajo de un ojo. Ella se hace una foto en el baño para intentar demostrarlo.

3 de junio: se descubre que Amber tiene una nueva amante, una cantante y actriz francesa llamada Marie de Villepin, y se recrudecen las sospechas: ¿será todo un montaje de Amber para sacarle una buena tajada a Depp por el divorcio e irse a vivir la vida con señoritas ardientes?

En Hollywood, mucha gente así lo piensa: Amber, que tampoco es que gane mucho dinero, tenía un plan que pasaba por atar a Depp, aguantar con él unos cuantos meses, montarle el pollo, sacarle la pasta, escalar en Hollywood después de una década de papeles de mierda, y regresar a su vida de libertad, bisexualidad y alegría sin el pelma de Depp, pero con una buena cantidad de dinero en el banco y una pensión mensual de 40.000 dólares. Lo que daría la razón al director Terry Gilliam cuando dice que Amber Heard “es mejor actriz de lo que pensaba”.

Amber Heard

 

La vedad está ahí fuera

Todo huele mal en este asunto, para qué negarlo. Es la típica situación oscura y enrevesada que daría argumentos a un alcalde del PP o a un obispo de la Conferencia Episcopal para decir aquello de que hay mujeres que se inventan las acusaciones de malos tratos porque saben que nadie se les va a poner en contra.

Nosotros, evidentemente, no conocemos la verdad en este caso, pero hemos leído muchas historias detectivescas de Arthur Conan Doyle y Agatha Christie y, siempre que sucede algo así, nos hacemos la pregunta número uno en cualquier investigación: cuál es el móvil -el móvil como motivación, no el que Depp le tiró, supuestamente, a Amber a la cara- y a quién beneficia.

A Depp, lo que le beneficiaría mucho sería estirarse la piel, porque le está colgando todo, pero sin ninguna duda lo que no le beneficiaría en absoluto sería divorciarse en este punto de su carrera, no porque no tenga dinero -es asquerosamente rico-, sino porque se le veía enamorado hasta las trancas, y estable en esta fase de su vida, en la que está a punto de retomar el papel de Jack Sparrow.

Curiosamente, en un mundo tan promiscuo como Hollywood, donde quien no tiene amantes -hablamos de actores y actrices, todo revuelto- se le considera una especie de panoli, Depp ha esquivado durante muchos años los rumores y los escándalos, dando una imagen de joven eterno que sale de fiesta, aspira perico y colecciona cosas raras, pero siempre con serenidad y con un escrupuloso respeto de los horarios de trabajo. Se decía que Depp podía estar toda la noche de fiesta, pero que si tenía que estar en un rodaje a las ocho, llegaba puntual y fresco.

 

La otra cara de la moneda

Amber, en cambio, ha tenido un ascenso lento. Se fue de casa muy joven, trabajó de modelo, poco a poco fue encontrando papeles en películas de tercera división como ‘Zombieland’, ‘Alpha Dog’ o ‘Magic Mike XXL’, y si llamaba la atención era, sobre todo, porque de cerca se parecía un poco a Scarlett Johansson, razón suficiente para que Depp perdiera el culo durante el rodaje de ‘Los diarios del ron’ y, desplegando todos sus encantos de macho alfa, le pidiera matrimonio.

A Johnny no le importó que Amber fuera bisexual -es muy liberal, él- y que antes hubiera estado casada con la fotógrafa Tasya van Ree: había descubierto al animal más bello sobre la tierra, lo quería atesorar en sus brazos, era una diosa y a las diosas se les adora y se les sacrifican carneros. ¿Qué ha ido mal? Nosotros nunca hemos vivido en esa casa, pero se nos ocurren varias cosas.

Johnny Depp con Amber Heard

 

Las hipótesis

Podría haber ocurrido perfectamente que a Depp se le haya ido la mano. Pónganse en su situación: eres ya un señor mayor, cada vez te ríen menos las gracias, ya no eres el sex symbol que eras, te has casado con una señorita estupenda después de insistir como un pelmazo, pero resulta que ella es muy de salir con sus amigas bi-curiosas -como Cara Delevingne-, de mantener un estilo de vida quizá demasiado liberal, tanto que incluso para alguien tan abierto de mente como Depp podría haberle minado la confianza.

Quizá hubo celos, reproches, marcajes en corto, y una cosa llevó a la otra. No es fácil tener 53 años, estar ya en declive físico, y ver reflejada tu decadencia en una mujer de 30 con todo el futuro por delante, y que en el fondo pasa un poco de ti. Esta es una versión de la relación que se contradeciría con la ‘oficial’: Depp estaba feliz, pero resulta que ella es un pendón que se busca una amante francesa y fuerza la situación para divorciarse y sacar pasta. Suena demasiado obvio, demasiado barato. Nos negamos a pensar de manera tan mecánica y vulgar.

No vamos a negar que nos gusta Amber Heard. Y ahora bien, si le está montando un pollo calculado a Johnny Depp para forzar una salida a su matrimonio, no podemos más que quitarnos el sombrero ante su plan de actuación: ahora mismo la llamaríamos para que nos planeara un golpe a un banco, por ejemplo. Las que van de mosquitas muertas y luego demuestran ser unas habilidosas arpías merecen todas nuestras simpatías en la distancia: siempre hemos sido fans de las liantas, de las mujeres calculadoras que saben jugar sus cartas para sacar provecho de los varones incautos.

Siempre han sido fábulas útiles para la vida, advertencias que nos recuerdan que no te puedes fiar ni de tu madre, que el problema de que la carne sea débil no es tanto la carne en sí, sino que lo que sangra al final es la cuenta corriente. Nunca entenderemos esta moda de casarse con la primera que se ponga por delante, comprometiendo tus bienes y una vida de trabajo duro, sólo por el placer de la conquista y el pavoneo de ir a los sitios con tu trofeo sexual bajo el ala.

Hay hombres que merecen un escarmiento, y Johnny Depp va a pagar por todos los hombres del mundo. Nos da que ha pecado de pardillo en todo este asunto. Y si no es un pardillo, entonces es un maltratador que tira móviles a la cara; tonto o culpable, pero nunca inocente.

No les quepa duda de que seguiremos el folletín con ansia viva. Ahora mismo estamos en el punto en el que Amber ha interpuesto la demanda, exige una pasta muy gorda a cambio del divorcio -y que encima Depp pague todos los costes del procedimiento-, mientras que Depp busca desacreditar a su esposa por la vía de airear sus affaires lésbicos, justificando que no estaba donde se decía que sí había estado en las noches de las agresiones, e intentando vender a Amber como una delincuente manipuladora que se está inventando la mitad de las acusaciones (o todas) sabiendo que por ahora tiene la iniciativa y varios contratos asegurados para los próximos años -después de años saliendo en películas pestilentes, ahora aparecerá en ‘London Fields’, ‘Aquaman’ y ‘La Liga de la Justicia’-.

Y lo más importante: hace un año nadie sabía quién era ella, y ahora nos la quitan de las manos. Ya sea como modelo, actriz o guionista, en todo este embrollo vamos con Amber. A muerte.

 

  • Imprimir
  • Enviar por e-mail
Este mes, en 'Primera Línea'
Nerea Garmendia: "Me encanta que me sorprendan en el sexo y en la vida"
Este mes, en 'Primera Línea'
publicidad
publicidad
Búscanos en Facebook
publicidad

© Ediciones Reunidas, S.A. | Todos los derechos reservados