Historias del porno Nueva York era una fiesta

Nuestras historias del porno vuelven al lúbrico y decrépito Nueva York de finales de los 70 para centrarse en el auge de los locales de intercambio de parejas. Antros de vicio tan legendarios como el Plato’s Retreat de Larry Levenson.

Plato's Retreat
Paco Gisbert | 15/10/2018 - 13:10

Como tan bien retrata la segunda temporada de ‘The Deuce’, a mediados de la década de los años 70, Nueva York era una fiesta en la que el sexo y las drogas tenían papeles protagonistas. Tras la legalización del porno, en 1970, y la progresiva liberalización de las costumbres que impregnó a la sociedad americana desde finales de los 60, la década de los 70 fue, sin duda, la del sexo desprejuiciado.

En la Gran Manzana, la gran fiesta comenzó en 1975, cuando muchos de los locales que se dedicaban a los espectáculos de burlesque se convirtieron en templos del striptease. En el Melody Burlesque, en la calle 48, o el Show World, en la esquina de la octava avenida con la calle 42, Tempest Storm, Lili St. Cyr o Blaze Starr cedieron sus puestos en los escenarios a Vanessa del Rio, Sharon Mitchell o Annie Sprinkle, en espectáculos que ya no solo sugerían, sino que invitaban a la acción. Vanessa del Rio contó en una entrevista que, en el Melody, los clientes podían dar un lametón en el coño de las chicas que actuaban por solo un dólar.

El momento álgido de la gran fiesta neoyorquina llegó con Plato’s Retreat, un enorme club swinger que acabaría convirtiéndose en un local de moda para todos aquellos que quisieran ser cool en la Nueva York de los 70, del nivel de Studio 54.

Plato’s Retreat fue una idea de Larry Levenson, antiguo compañero en el instituto de Al Goldstein y exempleado de un McDonald’s de Brooklyn que entró en contacto con el mundo de los intercambios de parejas tras conocer en un bar de Sheepshead a una mujer que practicaba el swinging.

Plato's Retreat

 

El empresario siempre moja

Comenzó a acudir a fiestas swinger pero, como explicaba Fred Lincoln, “nunca mojaba en esas fiestas, por lo repelente que era, y se dio cuenta de que el organizador de las fiestas siempre mojaba”. Tenía la solución en su mano y la puso en práctica.

Empezó a organizar fiestas swinger con parejas liberales y tuvieron éxito, así que consiguió que unos inversores (una manera amable de denominar a la Mafia) le prestaran dinero para abrir un club en los bajos del hotel Ansonia, en Broadway, en el lugar que habían ocupado unos baños para público gay en los que habían actuado, en los comienzos de sus carreras, Bette Midler y Barry Manilow. Lo bautizó con un nombre con reminiscencias filosóficas: El retiro de Platón.

En muy pocos meses, lo que era un club de intercambio más de los que florecían en Nueva York al calor de la liberación sexual se convirtió en un garito de moda, el sitio a donde todo el mundo quería ir. Era como el Studio 54, pero con sexo. Y su extraordinario ascenso se debió a que comenzó a ser frecuentado por estrellas del porno y celebridades del cine, la música y el teatro, como Richard Dreyfuss, Buck Henry o Joe Thomas, que incluso dedicó una canción al Plato’s.

Plato's Retreat

 

Levenson impuso unas reglas más o menos estrictas para la admisión en el local, entre ellas la prohibición de relaciones homosexuales masculinas (sí se permitía sexo sáfico), la obligación de que las parejas siguieran juntas al menos un par de minutos después de practicar el sexo, la obligatoriedad de acceder con pareja (aunque a gente como Jamie Gillis se le permitía entrar sola) y el rechazo a las drogas, pese a que tanto propietarios como clientes se ponían hasta las orejas de cocaína y quaaludes.

En sus instalaciones había una piscina climatizada, sauna, bañera de hidromasaje, pista de baile, bar y un montón de camastros para entregarse al sexo sin remilgos.

Plato’s Retreat vivió su época de esplendor a comienzos de los 80, cuando incluso se trasladó a un local más grande en la calle 34, pero la amenaza del sida acabó con él. En 1985, el alcalde de la ciudad, Ed Koch, adoptó una serie de medidas para combatir el contagio de la temible enfermedad, como el cierre de las saunas gay de Nueva York.

Las protestas del colectivo homosexual por la afrenta que significaba que los clubes de intercambio continuaran abiertos, arrastraría a estos, incluido el Plato’s Retreat, a su definitiva clausura. Levenson vendió su negocio a un inversor que montó una réplica del club en Fort Lauderdale (Florida) y él acabó conduciendo un taxi por las calles de Nueva York hasta 1999, cuando falleció a causa de un ataque al corazón.

 

 

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