Vicio y subcultura Obsesionados con Dua Lipa

Lo más sensato que se puede hacer ahora mismo es seguirle los pasos a Dua Lipa, esta imponente mujer y diva del pop por la que Blánquez siente verdadera devoción.

Dua Lipa
Javier Blánquez | 13/09/2018 - 12:53

Si uno fuera joven y agraciado, y además tuviera montañas de dinero para gastar –lo que no es el caso por ahora, pero tiempo al tiempo; tenemos planes–, uno de los objetivos primeros que nos plantearíamos en la vida, y creo que hablo por muchos, sería seguirle el rastro a Dua Lipa, y aparecer siempre allí donde ella esté.

¿Que celebra su cumpleaños en Ibiza, como hizo a finales de agosto? Intentaríamos conseguir una invitación, aunque fuera sobornando al camarero. ¿Que canta en una gala de entrega de premios? Sin duda, lucharíamos por un pase de backstage, y nos acercaríamos sutilmente, como fiera felina, a la bandeja del champán cuando ella apareciera, divina, por la puerta. Si Dua Lipa tiene una agenda de conciertos y festivales programada para todo el verano, sin duda haríamos todo lo posible para conseguir estar en la mayoría de eventos en el momento clave. Nunca se sabe.

Ahora usted se preguntará que por qué todo esto. Y la respuesta es evidente: hay que estar donde esté Dua Lipa, y cuanto más desocupada esté ella mejor, porque la joven londinense de origen albano-kosovar, que se ha convertido en uno de los crushes más obsesivos de nuestra flamante juventud en los últimos dos años, tiene fama de pegarse unas fiestas monumentales y de no hacerle ascos a conocer a los extraños.

Si no, que se lo digan a Marco Asensio, el jugador del Real Madrid, del que se informó cumplidamente en los tabloides que a finales de mayo: después de ganar la Champions contra el Liverpool, el mallorquín se llevó la medalla y la copa más codiciadas de la noche: una noche torrencial de pasión en el hotel con Dua Lipa, que había cantado en la gala de inauguración de la final.

 

Éxito sin precedentes

Pongámonos en la piel de Marco Asensio. De acuerdo, ganó la Champions. Y luego, un mes más tarde, estaba eliminado del Mundial, como toda la selección española. Pero si fuéramos Marco Asensio el Mundial nos daría exactamente igual, o sea, que nos tocaría un pie, pues la conquista más flamante ya estaba consumada y anotada en el palmarés de coitos.

Dua Lipa

 

Y es que Dua Lipa, como diría Mariano, no es cosa menor; es decir, que es cosa mayor. Desde que interrumpió su anterior relación sentimental con el modelo inglés Isaac Carey, a finales de 2015, lo cierto es que la maniquí y cantante con el pelo más negro y brillante de la escena pop no ha tenido un verdadero novio estable. Se le ha relacionado con el cantante Paul Klein –rompieron a principios de este año–, pero desde hace una temporada, de verdad, lo que más se conoce sobre su vida sentimental son los romances esporádicos, los aquí te pillo aquí temazo (como ‘New Rules‘, que es hit) que ha ido cosechando a lo largo de su frenético peregrinar por el mundo: Chris Martin, el líder de Coldplay, en los camerinos del festival de Glastonbury; el actor y humorista Jake Whitehall después de la gala de los premios BRIT Awards en febrero de este año, Marco Asensio después de la final de Champions, etcétera.

Comprenderán ahora por qué cualquier persona obsesionada con Dua Lipa, como es el caso de todos y cada uno de los que configuramos la redacción y el equipo directivo de Primera Línea, hemos decidido a partir de ahora invertir nuestros ahorros no en invertir en bolsa, sino en recorrer el mundo para seguirle el rastro a nuestra musa.

A la oportunidad, ya se sabe, la pintan calva, como nos enseñaron los textos de Boecio: puede ser que te la cruces accidentalmente en un reservado de una discoteca de Ibiza, rijosa y aburrida, y se interese por ti. Dua Lipa, que está en plena espiral fiestera y disfrutando del éxito creciente que está viviendo como estrella del pop, ya va camino de ser la Rihanna blanca: no sólo cada single que publica es una bomba, sino que mantiene una segunda vida nocturna activa y bastante secreta. Es una mujer de las que nos gustan: libre como el viento, y hedonista como Aristipo de Cirene.

 

Electrizante

Más allá del impulso animal, que no podemos controlar a pesar del férreo marcaje que desde hace un tiempo nos aplican los observatorios de género, que son a la moral lo que los defensas de la Juventus al fútbol de ataque, tenemos que confesar que hay más aspectos de Dua Lipa que nos parecen fascinantes.

Dua Lipa

 

El primero, cómo se ha convertido de manera silenciosa en una de las figuras indiscutibles del pop de consumo en esta década. El pop electrizante, pegadizo, lleva años en una fase de transformación y agitación: sin duda, se nota en la nueva hornada de divas mainstream –lo que va de Ariana Grande a Zara Larsson– una influencia aplastante de los últimos grandes fenómenos comerciales americanos en las canciones de tres minutos de siempre: la EDM, el R&B, el dancehall jamaicano.

No es raro ver cómo en las canciones protagonizadas por estas féminas primaverales y carismáticas se cuelan toasters jamaicanos como Sean Paul, o productores con experiencia como DJs para las masas como Martin Garrix o Calvin Harris, otro del que se rumorea que también ha pillado cacho: se trata de una prolongación de un linaje aristocrático en el pop de consumo que se ha modernizado y al menos ya no da tanta grima como hace un par de décadas. Y Dua Lipa es en 2018 nuestra nueva Britney Spears, la Beyoncé de tez pálida, la mujer perfecta en su momento exacto de efervescencia.

Tenemos que admitir que los maratones de ver videoclips de Dua Lipa en YouTube durante las horas perdidas se ha convertido en un ritual que oficiamos religiosamente al menos dos veces por semana desde el lanzamiento de singles como ‘New Rules’, y que se intensificó a partir de ‘DL1’, el primer álbum de nuestra diva de cejas gruesas, en 2017.

Dua Lipa

 

Hay que tener en cuenta la cronología que se ha desarrollado: Dua Lipa empezó a llamar la atención en 2014, cuando había cumplido y consolidado su mayoría de edad, y los años de su éxito creciente se dieron entre los 20 y los 22 años; este verano ha cumplido 23 y ya se está forjando el segundo disco, en el que su sello está echando toda la carne en el asador: por ahora, los singles publicados son ‘One Kiss‘, con producción de Calvin Harris, y el recientísimo ‘Electricity‘, escrito por Silk City: en apenas una semana, en YouTube ha acumulado más de 11 millones de reproducciones, es decir, unos dos millones al día. Quien no quiera ver que hay una fiebre por Dua Lipa es que está ciego.

 

¡Rubia teñida!

El vídeo de ‘Electricity’ es importante por más motivos. El primero: ahora Dua Lipa se ha teñido el pelo de rubio oxigenado y se lo ha recortado sensiblemente –en su fiesta de cumpleaños de Ibiza, más tarde, se lo tiñó de verde–, y aunque creíamos que sin su moreno intenso iba a perder magnetismo, lo cierto es que le queda bien.

A Dua Lipa, en definitiva, le quedaría bien hasta una peluca con el pelo de fregona de EPACCC (El Político Antes Conocido Como Cocomocho), aunque lo más tremendo es cómo se ha ejercitado para sacarse cualquier resto adiposo de su cuerpo y mostrar una anatomía como la que sólo se consigue en los mejores gimnasios. Cabe decir que hace un par de años, con el hit ‘New Rules’ imperando en las radios y las televisiones, también nos gustaba de Dua Lipa que tuviera unas pantorillas bien rotundas, pero es que a la chica le sentaría bien hasta un burka.

De todos modos, lo esencial de este nuevo single no es lo bien o mal que pueda ella lucir en la pantalla, sino que está encontrando su camino como artista: Dua Lipa tiene que ser una reina del baile, una diva del house –ahora que lleva tiempo volviendo el house de los noventa, al estilo del ‘Show me love’ de Robyn S y las producciones épicas de Masters at Work–, que establezca el lanzado de puentes entre el público del pop que consume Operación Triunfo, las viejas glorias que han superado la mitad de la vida y que echan de menos la cultura de clubs de hace 20 (o 20 y pico) años, y los aficionados a los sonidos urbanos.

Dua Lipa

 

Tiene algo de Sophie Ellis Bextor, Madonna y Paula Abdul todo en uno, pero con pasado exótico, estatura proporcionada, porte de diosa griega y una capacidad camaleónica de cambiar sin variar un ápice su perfección que nos deja anonadados.

Dua Lipa, pues, se ha convertido en la banda sonora de nuestra idealizada vida canalla: noches largas y sudorosas, frotamientos y miradas con la misma capacidad de encender fuegos que la niña aquella de la novela de Stephen King o Cíclope, el personaje de la Patrulla X; hits para endulzar la vida, la nuestra, y una vida personal, la suya, que queremos seguir con atención, porque está a un milímetro de convertirse en presa codiciada por la prensa del corazón.

Sólo le falta coleccionar una selección impecable de amantes, o casarse con un multimillonario. A todo esto, un mensaje para Marco Asensio: nunca te lo perdonaremos, perillán.

Dua Lipa

 

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