Vicio y subcultura Obsesionados con Jessica Chastain

‘Molly’s Game’ nos trae de vuelta a una de nuestras grandes obsesiones pelirrojas de la última década, la actriz de Sacramento Jessica Chastain, más apetecible que nunca a sus 44 años.

Jessica Chastain
Javier Blánquez | 17/01/2018 - 9:00

El fetiche de la mujer de pelo rojo existe, y no hay que tomarse la molestia en negarlo. Hay personas –y no distinguiremos entre sexos o géneros, porque ‘Primera Línea’ es una revista fundamentalmente inclusiva y aquí respetamos la diversidad en todas sus formas– a las que las mujeres con el cabello pigmentado de color zanahoria les gustan más que, por ejemplo, las de pelo negro o rubio platino: el tono pajizo, ese rojo suave y, a poder ser, acompañado de una piel pecosa, es una rareza genética que, como es natural, tiene su clientela fiel, así que cuando aparece una belleza pelirroja no debe sorprendernos que el instinto animal se dispare hasta la zona de peligro.

Hay gente que, ante la visión de unos cabellos encendidos, con la flamígera fuerza de una llama, se vuelve completamente imprevisible y se le acelera el pulso hasta los índices de un corredor de maratones. Las bellezas son de muchos tipos –la Venus de Willendorf nos hablaba de la fecundidad de la mujer rellena en la prehistoria, un tópico que siglos más tarde retomó Rubens, y que no tiene nada que ver con el canon que imponen nuevas diosas de las segunda década del siglo XXI como Gigi Hadid–, y en lo que sería la mujer pelirroja hay una corriente de opinión fuerte que sostiene que, en comparación, cualquier otro tipo de mujer palidece ante ella. Si hay que apostar en la ruleta, apostamos todo al rojo.

 

Una diosa tímida

Así que si hablamos de cabelleras encendidas y pieles blancas como el nácar, entonces hablamos de Jessica Chastain. Sabemos que, en el caso de que Jessica pudiera leer estas líneas, se sentiría incómoda. Es una mujer tímida, así siempre se ha definido, una dama como de otra época, a la que imaginamos en la almena de una fortaleza provenzal, a la que no le gusta aparecer públicamente por los sitios y que cuida celosamente su intimidad.

Jessica Chastain

 

Además, es una feminista militante, de las que te pegan un repaso dialéctico severo en las galas de premios, y si empezamos a hablar de ella recurriendo a los tópicos más manidos del instinto natural y las pulsiones del cerebro reptil, es normal que tarde o temprano pida la hoja de reclamaciones o nos denuncie ante la policía, porque no es correcto que, siendo ella un ser complejo e inteligente, vayamos por ahí cosificándola. Que conste que no es la idea: somos aliados.

El caso es que estamos obsesionados con Jessica Chastain.

Van pasando los años y ella no hace más que mejorar: se le afilan los pómulos, se le robustecen los hombros, se le vuelve la mirada más flamígera, como si desde los cuévanos aparecieran las pupilas de la Esfinge o las de la Gorgona, que con un simple barrido óptico enloquecen a los hombres o los convierten en piedra.

 

Lo suyo viene de lejos

¿Cuándo comenzamos a obsesionarnos con la pelirroja perfecta –y esta afirmación tan categórica excluye, sólo faltaría, a Christina Hendricks, que tiene cualidades más sobresalientes todavía–? El caso de Jessica Chastain ha sido el de una maduración lenta, constante, el de la constatación evidente, hasta el punto de que llega un momento en que te das con la palma de la mano en la frente y te caes del caballo.

Normalmente, hay bellezas que impactan más a la primera. Por ejemplo, Eva Green. Por ejemplo, Gal Gadot. Lo de Jessica es un proceso más pausado pero también más perdurable, y ahí estamos, con la musa a punto de cumplir 41 años y media humanidad prefiriéndola a muchas veinteañeras que irrumpen en el cine y se diluyen como un azucarillo en una taza de té.

Momentos estelares de Jessica Chastain. Nos dicen las bases de datos que uno de sus primeros papeles en la pantalla fue uno secundario en un capítulo de ‘Verónica Mars’, la divertida serie de televisión sobre una detective adolescente que protagonizaba Kristen Bell, con la que sin duda nos hemos obsesionado muchísimo todos estos años, y a la que aún profesamos rendida admiración.

Jessica Chastain

 

Pero si hay que buscar un primer momento decisivo, lo tenemos claro: fue en ‘El árbol de la vida’, la película pretenciosa de Terrence Malick –y a la vez bastante masterpiece, aunque no haya disparos ni sangre ni esas cosas que nos gustan–, en la que ella hacía de pareja de Brad Pitt. Las películas de Malick están muy bien porque a las actrices siempre las saca guapísimas y primaverales, les hace enseñar con gracia y abandono un hombro o un tobillo, y les da por tanto la categoría de señoras de empaque, tronío y elegancia natural.

Es importante recordar la fecha: 2011, cuando nuestra diosa tenía apenas 32 años. Jessica Chastain es una late bloomer, como dirían en inglés, una actriz a la que el éxito le llegó tarde pero que, precisamente por eso, llegó cuando estaba curtida y de vuelta de todo. A diferencia de otras que escalan rápido –sin duda, gracias a su talento innato, o a la ayuda de un Weinstein que se ponga ofrecido–, Chastain lo hizo sin venderse y sin quemarse, y en paralelo a ‘El árbol de la vida’ también hizo ‘Take Shelter’ (2011), ‘Sin Ley’ (2012) y a partir de aquí ya empezó a acumular los mejores papeles de su vida, siempre encarnando a mujeres fuertes, de las que te sueltan una hostia que te dejan las orejas temblando, dominantes y viscerales.

Y a pesar de la masculinidad que transmiten sus interpretaciones, ella nunca ha dejado de proyectar una sexualidad primaria, una expulsión de feromonas atroz. En ‘Zero Dark Thirty’ torturaba terroristas como si estuviera cortando jamón con un cuchillo largo, y en ‘Interstellar’ (2014) nos convenció de que sabía matemáticas y todo. Todo lo que hace Jessica, lo hace bien.

Jessica Chastain

 

Una carrera impecable

Casi todo lo que ha hecho después, es bueno.

En ‘El año más violento’ (2015) está que rompe, y además tiene uno de esos papeles de chunga que tanto nos flipan; no nos interesa tanto su papel en ‘El marciano’ (2015), porque era como aguar un poco el de ‘Interstellar’, pero sí el de ‘El caso Sloane’ (2016). Ahora, la excusa para volver al cine con el babero puesto es ‘Molly’s Game’ (2017), recién estrenada, en la que se pone a las órdenes de Aaron Sorkin para encarnar a una mujer que trabajó de espía y acabó ganando una fortuna al póker.

Cada plano es un derroche de sensualidad, de anatomía que merecería ser inmortalizada en mármol rosa, o pintada por Velázquez. Tenemos ganas de que se estrene ya la nueva entrega de la saga X-Men, porque ahí habrá una novedad: saldrá de rubia, que será como un gran test para probar hasta qué punto llega el magnetismo de sus rasgos, de sus formas y de su aura. Cate Blanchett hizo lo mismo en ‘Thor: Ragnarok’ (2017), tiñéndose de negro, y no perdió ni un miligramo de poder de seducción. Confiamos en Jessica.

Jessica Chastain

 

El detalle que más nos confirma que Chastain es una mujer superior es su matrimonio. Desde el año pasado está formalmente emparejada con Gian Luca Passi de Preposulo, un conde italiano que trabaja como ejecutivo de una marca de alta costura y que posee viñedos y castillos en la Toscana.

Cualquier mujer de rango inferior se habría acercado a un actor de moda, guapo por fuera, trivial por dentro, con el que se pasearía por las alfombras rojas y los reservados de los clubes nocturnos para ir pillando cacho en la prensa del corazón.

Pero Chastain prefiere quedarse en casa, viendo Netflix en pijama, tocando el ukelele, leyendo novelas y escuchando la integral de las sinfonías de Mahler dirigidas por Leonard Bernstein, antes que llevar la apariencia de una vida trivial y sin aura profunda.

Toda ella es glamour pero sin ostentación, sus decisiones son prácticas e inteligentes, y sin duda todos preferiríamos la seguridad de un castillo italiano –aunque luego tenga un pedazo de apartamento en Manhattan– que una casa choni con piscina y novio musculitos en Los Ángeles.

Mira al largo plazo, toma las decisiones correctas y cada día está más radiante. Si en los años ochenta, la extraordinaria Kelly LeBrock fue la mujer de rojo, llegados a 2018 lo tenemos claro: la nueva mujer de rojo es Jessica, y que no nos la toque nadie.

 

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