Vicio y subcultura Obsesionados con Lena Headey

Lo más vicioso y subcultural que puede echarse a la cara un incondicional de ‘Juego de tronos’ es esta mujer, Lena Headey, inglesa de 44 años que lleva ya siete años poniéndose en la deliciosa piel de esa arpía gélida, seductora y sin escrúpulos que es la reina Cersei.

Lena Headey
Javier Blánquez | 11/07/2017 - 12:07

El elenco femenino en ‘Juego de Tronos’ es amplísimo, y aunque de vez en cuando los guionistas decidan que a algunos personajes hay que cepillárselos sin compasión, y dejarnos a los fans huérfanos de, por ejemplo, la grata imagen pecosa y ligeramente tísica de la pelirroja Ygritte (Rose Leslie) –algo que ya sabíamos que ocurriría, porque nos hemos leído los libros, pero que difícilmente podremos perdonar–, al menos nos queda el consuelo de que hay suficiente personal para que la serie de HBO, a la vez que una fiesta de sangre, desmembramientos, malos rollos y acontecimientos sobrenaturales, también sea un escaparate de buena carne fresca.

Vaya por delante que somos humanos y débiles, y nos emociona lo mismo un primer plano de Emilia Clarke saliendo del fuego en cueros como una visita privada al Museo del Prado para admirar ‘La Maja Desnuda’ de Goya, y que en ese sentido nos alineamos sin discusión con las palabras de Ian McShane, que vino a decir que ‘Juego de Tronos’ solo eran dragones y tetas, y teniendo en cuenta que los dragones no salen muchos, básicamente más parece una adaptación de ‘Senos’, aquel bonito libro de Ramón Gómez de la Serna sobre el pecho turgente, que de los mamotretos de George R. R. Martin.

 

Opciones para todos los gustos

De toda la lista extensa de actrices que participan en ‘Juego de Tronos’, cada quien tendrá a su favorita. Somos legión quienes nos arrodillaríamos al paso de Natalie Dormer –Margaery Tyrell en la serie– y besaríamos el suelo por el que pisa, y hasta le daríamos las llaves de casa y licencia para hacer lo que quiera con nuestro cuerpo, nuestra voluntad y hasta con nuestra caja de caudales.

Lena Headey

 

Por supuesto, hay una cofradía que siente devoción por Emilia Clarke, pues nunca unas cejas negras fueron tan sexis acompañada de una peluca de rubio descolorido, y si nos podemos a buscar a fondo, no faltará quien indique que le pone alguna de las hermanas Stark, incluso Arya, que cuanto más crece más se parece a la típica turista inglesa que se pilla una semana de vacaciones para venirse a pillar la cogorza al FIB.

Pero nuestra obsesión más intensa, y nuestra fascinación más secreta, nos lleva una y otra vez a la mujer que, posiblemente, más tiempo lleva acumulado en pantalla, y más carisma transmite en cada plano. Señoras y señores, recibamos con un fuerte aplauso a… ¡Lena Headey!

 

Cersei no da tregua

Para quien hubiera querido ver, antes de ‘Juego de Tronos’ Lena Headey ya era una obsesión. Tuvo un papel, breve pero significativo, en la primera película que nos hizo plantearnos muy seriamente que Zach Snyder fuera dios –en ‘300’, otra orgía de sangre y virilidad, ella hacía de la reina Gorgo de Esparta, consorte de Leónidas (Gerard Butler), una mujer tan de armas tomar que hasta blandía la espada con destreza propia de una carnicera de los frentes de guerra.

Allí no solo tenía una escena sexual de esas que nos hacen ponernos en pie sin levantarnos del asiento, sino que llamaba la atención sobre un tipo de belleza que tiene mucho predicamento entre hombres a los que les va el rollo duro, que su pareja les someta y les meta caña. Lena se manifestaba como una obsesión ‘dark’, pues lo importante no era el andar felino, sino el hielo de la mirada. Esas pupilas, cortantes como dagas, son una infalible herramienta para conseguir que nos arrastremos como perros al paso de una hembra alfa capaz de anular nuestra voluntad.

Lena Headey

En aquellas escenas de ‘300’ –que más tarde le brindaron a Heady la oportunidad de ser la protagonista en ‘The Sarah Connor Chronicles’, spin-off de la saga Terminator bastante basurero que vimos un poco por inercia freak, pero también porque habíamos empezado a fascinarnos con aquella inglesa de pómulos afilados y retinas congeladas–; en aquellas escenas, decíamos, había algo que Lena tenía pero que no dejaba ver: sus tatuajes.

A sus 44 años de ahora, Headey es una veterana de la tinta, una fanática de la escritura creativa sobre pergamino humano que, para su disgusto, rara vez ha podido mostrar ante la cámara, pero que aprovecha para lucir, ya sea en la espalda o la costilla, cada vez que tiene una alfombra roja sobre la que, con su apariencia morena natural, siempre pisa con garbo.

Cubrir tatuajes en diferentes artes escénicas es una práctica que está a la orden del día, y que garantiza muchas horas de trabajo para el equipo de maquillaje y para las empresas de cosmética que producen los potingues que hacen que la piel parezca virgen, pero en el caso de Headey es un poco un crimen contra el arte corporal, porque sus tatuajes, si pudieran colgar de un museo, serían un Gernica o algo parecido –en el extremo contrario, la espalda de Sergio Ramos sería un dibujo de los libros ‘Dónde está Wally’.

 

Lena al natural

El caso es que en ‘Juego de Tronos’ tampoco puede mostrar sus tatuajes, ni siquiera en aquella escena culminante, en el último capítulo de la quinta temporada, en la que tenía que recorrer desnuda un buen trecho de Desembarco del Rey, mientras la gente le escupía y le arrojaba objetos y hortalizas.

Aquella escena fue difícil porque había que disimular toda la tinta de Headey, y también porque el equipo de producción tuvo que sudar ídem para conseguir mantener el secreto y marcarse una conclusión de temporada de escándalo, en la que nos prometían –¡por fin!– el desnudo de la que hasta ese momento era el personaje más tapado de toda la serie, Cersei Lannister.

Lena Headey

 

Tal como surgió de la mente de George R. R. Martin, Cersei era una promiscua de mucho cuidado, una bestia sexual indomable e insaciable, especialista en ponerle los cuernos al rey Robert, practicante del incesto con su hermano Jaime, de quien tuvo tres hijos, y fogosa siempre que puede, a poder ser cada vez que Jaime se pasa por Desembarco del Rey a hacer cosas de la corte.

En los libros, pues, vemos casi siempre a una Cersei desnuda que mantiene conversaciones sobre el lecho en las que maniobra para obtener poder, con el pelazo rubio tapándole media teta mientras pasea la punta de dos dedos sobre la almohada de pluma de ganso. En la serie, en cambio, aunque sabemos que Cersei es un bicho malo y una manipuladora cum laude, las escenas de fornicio, desnudo parcial e incluso incitación al comportamiento escasamente virtuoso andaban más buscadas que el voto de izquierdas en el mercado electoral español.

Y así iban pasando las temporadas y de Cersei/Lena teníamos siempre una promesa de desnudo y de desenfreno que nunca se materializaba. Lo cual no solo no era frustrante, sino que nos animaba a seguir viendo: nada nos motiva más que la resistencia de una mujer que sabe decir que no, y mostrar su poder con energía tiránica. Para ver culos y tetas ya teníamos a Emilia Clarke, que nunca defraudaba.

 

Deseos consumados

El desnudo de Cersei defraudó un poco, pero reforzó a Lena Heady como la parte de hielo en la canción de ídem y fuego que da título a la serie de novelas en las que se inspira ‘Juego de Tronos’. Al parecer, el personaje tenía mucho que ver con la actriz real: una persona compulsiva, necesitada de atención, con algún que otro trastorno psicológico ocasional, una intensa de manual a la que, sin embargo, le encanta proyectar imagen de poder.

Lena Headey

 

Tras aquellas cejas oscuras, colofón de una estatura enorme coronada por largos rizos rubios, se escondía una mujer de armas tomar que, en la sexta temporada, bordó su personaje y, con el pelo corto y la locura del coño en su punto máximo de ebullición, se hizo con el control del trono de hierro. Cersei era dios, y Lena Heady culminaba su trayecto como la mujer que nos gustaría que nos pisara los testículos con su tacón de aguja.

Lena Headey es una actriz con una trayectoria larga, con muchos trabajos para televisión y cine, generalmente en papeles secundarios con mucha sustancia. Pocas veces ha sido protagonista: antes de ‘Juego de Tronos’, porque no había terminado de triunfar en el oficio; durante ‘Juego de Tronos’ porque, al ser un personaje crucial para la historia, apenas podía hacer nada fuera del rodaje –un problema que comparte con Peter Dinklage (Tyrion, al que las horas solo le dan para hacer anuncios de cerveza), Kit Harington (Jon Nieve, que hizo aquella basuraza de ‘Pompeya’) o Nikolaj Coster-Waldau, que lo mejor que ha hecho desde que perdió la mano como Jaime Lannister fue hacer una película sobre los dioses de Egipto–.

Pero  a Lena no tardaremos en verla en ‘Thumper’, el debut de Jordan Ross, un joven director independiente, y unas cuantas películas inglesas. Su problema es que Cersei tiene pinta de que será uno de los pocos personajes que llegarán hasta el final, lo que no solo le compromete con la séptima temporada de ‘Juego de Tronos’ –que se estrena este 17 de julio, en HBO España, Movistar Series y Vodafone–, sino también con la última, la octava, que tendrá sólo seis capítulos y llegará en algún momento de principios de 2018.

Mientras tanto, deleitémonos con la mujer de la mirada fría, la sonrisa maliciosa, la agilidad de pantera, la obra de arte cubierta de tatuajes. El fan medio de la serie se quedará con la carnaza joven, con las actrices secundarias de tobillo fino. Nosotros no: nos quedamos con la mujer fuerte, con la reina verdadera de todo este tinglado. Lena, no lo vamos a repetir: haz con nosotros lo que quieras.

 

 

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