Pamela Anderson también bebe para olvidar

Sigue la resaca de la que parece haber sido una de las noches de fin de año más desmadradas de la historia. Otra que la lió parda después de darle al frasco como si no hubiese un mañana fue una Pamela Anderson agobiada por las deudas, pero tan infartante como de costumbre.

Pamela Anderson, tiesa pero feliz
Redacción | 03/01/2013 - 19:12

Aunque es toda una veterana en el noble arte de empinar el codo, lo cierto es que la tía Pam no estuvo esta vez a la altura de las nuevas generaciones: el par de cogorzas por las que será recordada la Nochevieja de 2012-2013 llevaban la firma de Lindsay Lohan y, sobre todo, Tamara Ecclestone.

Lo de Anderson no puede compararse con ese par de monumentos al desparrame etílico.

Ella se limitó a acudir a una cena entre amigos en un exclusivo restaurante del centro de Londres, echarse al coleto unos lingotazos de priva con denominación de origen y marcarse después, ya algo puesta, un baile entre sensual y espasmódico en el propio local para regocijo de los asistentes, que no dudaron en contárselo vía tuit al resto del mundo.

Luego, como toda una señora y una auténtica profesional del canalleo nocturno, Pamela  abandonó el recinto por su propio pie, sin descalabrarse, liarse a trompadas con el personal de guardarropía (toma nota, Russell Crowe) ni dejar a su paso un reguero de vómito, y aún tuvo arrestos para acudir al sarao VIP al que estaba invitada, la fiesta del príncipe Haji Abdul Azim de Brunei. La misma fiesta, por cierto, en la que Lindsay Lohan demostraría horas después de lo que es capaz.

En fin, que fue una cogorcilla venial.

La cosa no pasaría de simple anécdota si no fuese porque Pamela lleva ya unos meses en los que parece ir de melopea en melopea con rumbo firme al coma etílico. 2012 fue su año espirituoso: la vimos cociéndose en Londres, cociéndose en Saint Tropez, cociéndose en Los Ángeles o ya cocida en Hamburgo, Las Vegas e incluso (según las malas lenguas, que haberlas haylas) en el plató del que últimamente es su curro a tiempo parcial, el programa televisivo ‘Dancing With the Stars’. Si no nos crees, hay por ahí fotos que lo demuestran más allá de toda duda razonable.

Si es que no gana para disgustos

Las razones para tanto trasiego de alcohol solo las conoce ella, que para algo es una mujer adulta (45 años, cerca ya de la franja superior del territorio MILF) y muy dueña de su hígado y de sus actos. Pero la prensa del colorín, siempre abonada a la sospecha y la maledicencia, insiste en que si bebe es para olvidar el abismo fiscal en que anda metida. Y es que la exconejita de ‘Playboy’, antigua vigilante de la playa más siliconada de la galaxia, debe al fisco yanqui la friolera de 370.000 dólares, lo que la convierte en uno de los 500 principales morosos del país, por encima incluso de (sí, una vez más) Lindsay Lohan.

Al parecer, la Hacienda de Estados Unidos se ha puesto seria con el tema al constatar que las celebrities residentes en California adeudan al erario público una cantidad que supera los 226 millones de dólares. Lindsay, a la que parece haber mirado un tuerto, ha sido de las primeras en encontrarse las cuentas embargadas, y Pamela mucho se teme que podría ser la próxima. De ahí vendría la sorprendente sed de licores que le ha entrado últimamente a la que tal vez sea la defraudadora fiscal con las ubres más famosas del planeta.

 

 

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