Vicio y subcultura Ponga un actor (porno) negro en su vida

Una de las tendencias más firmes que nos ha dejado el año erótico 2017, opina Blánquez, es la consolidación definitiva del porno interracial, que incluso ha estrenado estos meses un nuevo star system.

Sexo interracial
Javier Blánquez | 28/12/2017 - 12:52

Seguramente les parecerá una asociación de ideas algo retorcida, que da la medida de la podredumbre mental a la que hemos llegado algunos, pero aquí va: en una de las pasadas comidas navideñas -esos ágapes monstruosos con los que, poco a poco, nos vamos cultivando enfermedades futuras, como una gota o cualquier desorden coronario- se nos sirvió morcilla frita, e inmediatamente nos pusimos a pensar en Jason Luv, y en el ascenso imparable que el semental negro ha tenido en este último año en el porno americano.

Si no entienden la analogía, es tan sencillo como decir que las morcillas largas y oscuras en forma de pene que, más que pene, parecen jabalinas, han vuelto a ser uno de los pilares esenciales del porno moderno. Años atrás, cuando comenzó a darse el fenómeno del porno interracial, hubo quien pensaba que la cosa no iría a más en el tiempo, que sería una extravagancia para gente muy perturbada o con gustos raros, la misma a la que le gusta el sexo con embarazadas o con mujeres mancas, pero al final la realidad ha terminado por superar el más optimista de los pronósticos.

Hoy no es que podamos decir que el porno interracial tiene una importante cuota de mercado –gracias a productoras como DarkX, Blacked o Blacks on Blondes–, sino que además tiene algo menos imprevisto entonces: un star system, una galería de estrellas.

 

Blacked Raw

 

El nuevo negro

En efecto, amigos: los actores negros ya no son exclusivamente esos miuras sacados de un gueto, que días antes estaban pasando crack en las esquinas y de repente se vieron cabalgando a lomos de jacas de Tampa a las que jamás habrían soñado poseer salvo que vinieran a pedirles merca a cambio de sexo, sino que muchos de ellos tienen ya su condición de estrellas.

Habría que decir que antes ya se veía venir la tendencia, que hubo una época en que resultaba sensacional que una actriz de moda aceptara ser perforada por aquella extractora de petróleo llamada Mr. Marcus, sin lugar a dudas la plataforma Castor del porno –y que fracasó tan estrepitosamente, ya que le expulsaron del negocio por rodar escenas sin haberse curado una sífilis, e incluso entró en la cárcel y ahí sigue, a la sombra–. Era un buen márketing: las chicas más bellas y más pequeñas del negocio se dejan trajinar por las herramientas más grandes del momento, y nos dan un espectáculo que ni el último disco de Migos. Porque ya se sabe lo que dice el tópico, que si quieres penes grandes, mejor búscalos en tono oscuro.

Actualmente, lo que más diferencia a actores como Mandingo o Jason Luv de las grandes estrellas blancas, como Jean Val Jean o Markus Dupree, es el caché. En lo demás, tienen poco que envidiar: tenemos la sospecha de que los blancos aguantan más y dan pie a escenas más largas y más atléticas, pero eso no es algo científicamente comprobable.

Rico Strong

 

Lo que sí es cierto es que, todavía hoy, en los premios AVN –para los que falta menos de un mes; nervios–, la categoría male performer of the year es completamente mixta, y no existe un apartado exclusivamente pensado para el porno interracial y que dé premios ad hoc aprovechando esa costumbre tan americana que es la de la discriminación positiva –en la que se le conceden cuota de participación en diferentes aspectos profesionales y sociales a gente de raza negra–.

 

Recluidos en un gueto

Por una parte, podríamos decir: es un signo de normalidad que no haya discriminación en las nominaciones, y entren en la lista de candidatos blancos y negros por igual. Pero es que los actores negros son especiales en el porno porque, aunque no lo parezca exactamente, están recluidos en un gueto. ¿Han visto alguna vez un trío en el que una DP esté oficiada por un actor blanco y otro negro, simultáneamente? Si esto ha sucedido, no lo recordamos, y por tanto, si ha sucedido es anecdótico. Los negros sólo están para el IR, y quizá deberían tener un reconocimiento propio en los premios.

Además, ocurre que los negros nunca ganan.

Los premios siempre se van para James Deen, para Manuel Ferrara, para Mick Blue, nunca para Dredd o Flash Brown. Y este año, muchos de ellos han hecho méritos para estar ahí arriba, luchando con los potrancos de ojos azules en el reconocimiento de las huestes pajilleras de su carisma y su profesionalidad.

Porque el porno interracial da mucho dinero –la prueba está en el tío Gilito de la cosa, el ostentoso Greg Lansky, que al tenerse que añadir una nueva plataforma para convertir su tríada de productoras en un cuarteto, se inventó Blacked Raw, un giro de tuerca al porno interracial rodando en interior, de noche y con luz artificial, una decisión que está creando tendencia y de la que ya hablaremos aquí algún día, si el jefe nos deja–.

Blacked Raw

 

Y como el porno interracial da dinero, es justo reconocer que todo ello es mérito de una nueva generación de lanceros zaínos que han sabido entrar en el negocio y encontrar la manera de sostenerse. Al final, puede ocurrir que el porno sea como la NBA, y lo cambien las estrellas de color.

 

Esto es tendencia

Dos apuntes antes de seguir: el porno interracial ha crecido, pero solo por una vía, que es la masculina. En el aspecto femenino todavía hay un déficit importante de star system por parte de las chicas, y a pesar de que poco a poco van apareciendo aspirantes a grandes divas de color intenso o de tono mulato, todavía no tienen nada que hacer –ni Ana Foxxx, ni Harley Dean, ni tampoco Honey Gold o Skyler Nicole están al mismo nivel de fama y caché que, por ejemplo, chicas lechosas como Riley Reid o Kendra Sunderland–.

Y en el aspecto masculino, el porno interracial se encuentra con un problema, que es la escasez de materia prima verdaderamente buena. Si son consumidores habituales y se han fijado con detenimiento, verán que siempre salen los mismos tipos en todas las productoras –y, lógicamente, se ponen como el quico y monopolizan el mercado–. Esto se debe, es nuestra sospecha, al poco aguante que tienen durante el coito, que no les permite dar todo lo que llevan dentro, o si lo dan, lo dan a los diez minutos.

El caso más flagrante es el de Julio Gomez, alias Drake, que fue presentado por Greg Lansky como la gran esperanza negra del porno interracial, gracias a una herramienta de un calibre tan extraordinario que, más que polla, aquello parecía un monstruo de Lovecraft, y que solo duró dos escenas en Blacked, y nunca más se supo.

Mandingo

 

El caso de Gomez es seguramente una anécdota, pero es una anécdota que nos explica mucho de lo exigente que es el mundo del porno, donde hay que cumplir unos severos requisitos de salud, eficiencia sexual y saberse presentar a tiempo en los rodajes y no pensar que eres el Snoop Dogg de la escena. Desconocemos si los actores porno negros tienen el mismo estatus en el gueto que sus equivalentes en el humor, el cine o la música, pero los que aguantan en el negocio son absolutos monstruos, titanes, y deberían ser tan famosos y ganar tanto dinero como Dave Chappelle o Will Smith.

¿Quienes son los Dave Chappelle o Will Smith del porno? Por longevidad –tanto de carrera como de miembro, aunque sería más adecuado decir longitud; se nos ha escacharrado el juego de palabras–, sin duda tendría que ser Mandingo, el mayor potranco tiznado, un actor con un pene tan descomunal que se ha convertido en un ritual de iniciación.

Las actrices, ahora, tienen dos clases de estrenos: su primera escena interracial, y su primera escena interracial con Mandingo, que es otra cosa. Mandingo es una leyenda que lleva en activo desde 1999, y tiene un miembro de 30 centímetros, lo que le convierte en un torpedo sexual de potencia incomparable, y que resulta más letal cuando tiene enfrente a la típica actriz porno de hoy, una chica rubia de metro sesenta, cincuenta quilos de peso y estrecheces considerables, que inmediatamente resulta asaltada por esa falange romana enfurecida, un largo historial de túneles excavados en carne joven documentada en su serie de vídeos ‘Mandingo Massacre’.

Dredd

 

Luego hay un segundo rango de veteranos en el que tenemos a muchos de los actores que participan en las series más importantes, Blacked, Blacked Raw, Dark X, etcétera, y también las históricas, como Sean Michaels y Lexington Steele, alias Lex The Impaler.

Aquí ya estamos en el caso de veteranos que pertenecen a la generación de Nacho Vidal o Toni Ribas, es decir, auténticos purasangres longevos por los que han pasado todos los potorros de la industria –excepto aquellos que aún no aceptan hacer porno interracial porque creen que les degrada, tipo Alexis Texas, algo que ya no se sostiene tanto como hace unos años–, y que son los padres espirituales de esa segunda generación, que es la que ha normalizado el porno interracial en los últimos años, y a la que pertenecen actores como Flash Brown, Shane Diesel, Prince Yahshua, Rob Piper o Ricky Johnson, el ex novio de Keisha Grey. Y, por último, tenemos a los dos actores porno negros más importantes del momento, Dredd y Jason Luv.

 

El relevo

Dredd es, básicamente, el próximo Mandingo: un tipo con un taller de reparaciones eficaz y grande que está dando más carnaza a la industria gracias a sus masacres implacables en traseros blancos, jóvenes y estrechos –no hace mucho, tuvo una escena con Riley Reid que parecía que ella iba a reventar de dentro para fuera; no lo hizo, demostrando una excelente flexibilidad–.

Blacked Raw

 

Dredd es un sujeto con aspecto algo desaseado –es lo que tiene llevar rastas, y ese pelo como algodoncillo embreado en los sobacos–, pero rompe el mito de que los actores negros aguantan menos: el tipo se puede estar hasta cuarenta minutos trajinando sin problemas, lo mismo que la nueva gran estrella IR, tanto por sus prestaciones profesionales como por su aspecto, pues más que un actor porno parece una estrella del trap, tipo Lil Wayne o Gucci Mane.

Jason Luv es un tipo fornido con el cuerpo cubierto de tatuajes, parece un héroe del gueto, y está teniendo el honor de protagonizar la mayoría de escenas importantes de Blacked y Blacked Raw, lo que le convierte inmediatamente en el equivalente negro de Jean Val Jean, o sea, el fetiche de Greg Lansky, y por extensión la superestrella interracial del momento.

O sea, hay star system, hay mercado, pero no hay premios. Esto hay que corregirlo. Aunque para premios, lo que estos sementales se llevan cada semana: cachés cada vez más altos y la exclusividad de las mejores performers del momento, que las disfrutan regularmente y sin tenerlas que compartir.

Definitivamente, el porno interracial ha venido aquí para quedarse.

 

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