Vicio y subcultura ¡Que llega la ciencia ficción china!

Blánquez lo tiene claro: China esa la gran potencia emergente en lo que a ciencia ficción se refiere. Y ‘El problema de los tres cuerpos’, novela de Cixin Liu, es el síntoma más claro de que la futurista fiebre amarilla está llegando por fin a Europa.

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Javier Blánquez | 27/09/2016 - 17:14

A diferencia de lo que ocurre con la novela negra, que nació en el mundo anglosajón pero con el tiempo se fue extendiendo a toda clase de territorios y literaturas, hasta el punto de que en los últimos años al público lector ya no parecen interesarle tanto los autores en inglés –a pesar de que ahí tengamos a bestias como John Connolly, Iain Rankin, Philip Kerr o James Ellroy–, sino los suecos, los islandeses, los israelíes e incluso los españoles, el género de ciencia-ficción ha vivido prácticamente todo este tiempo sometido al estilo y los temas de los grandes maestros, antiguos y modernos, de Estados Unidos.

Podemos buscar, husmear e incluso encontrar rastros de sci-fi en los países más inesperados, pero al final acabamos volviendo a los nombres de toda la vida, a la prosa de siempre, al imperio del monopolio, como decía José María García. Hasta que, de repente, llegaron los chinos.

Todavía está por ver que la ciencia ficción china se convierta en una avalancha cultural imparable, y que llegue un día en el que las librerías estén llenas de científicos con bata blanca y ojos rasgados metidos en serios problemas por un quítame allá esos neutrinos, un cálculo matemático erróneo que precipite el fin del mundo o vaguen perdidos por el espacio, buscando respuestas al profundo misterio del ser.

Pero en ese estado pudiente, autárquico y ambicioso, muy contaminado y con carne de perro en la carta del menú, y que hace ya un tiempo que inició su propia carrera espacial, lanzando satélites a la exosfera, participando con astronautas en misiones internacionales y construyendo radiotelescopios gigantes que podrían darnos revolucionarios sobre la estructura y la antigüedad del cosmos, era de esperar que algún día generara también sus productos culturales al respecto, todo muy techy, todo muy nerd. Todavía no nos llegan ni las películas ni los videojuegos, y con suerte algún día tendremos noticias de sus series de televisión, pero de lo que sí ya sabemos es de sus libros. Están llegando. Casi están aquí. La ciencia-ficción china quizá venga para quedarse.

El problema de los tres cuerpos

 

China es el futuro

El primer síntoma, y el más importante de todos, llega a las librerías españolas este mismo 28 de septiembre con la traducción del primer volumen de una trilogía de culto –y cuando decimos de culto, o de cultísimo, nos referimos a que entre sus lectores hay prohombres de tanta enjundia como Mark Zukerberg, presidente de Facebook, y Barack Obama, presidente, aunque no por mucho tiempo, de Estados Unidos– que lleva por título ‘El problema de los tres cuerpos’.

Su autor es Cixin Liu, un antiguo ingeniero empleado en una central eléctrica que, cuando salía del trabajo, se dedicaba a escribir cuentos y novelas de ciencia-ficción bajo la influencia de sus héroes de infancia, Jules Verne –nada que ver con la sección de memes de ‘El País’–, Arthur C. Clarke, Isaac Asimov y Ray Bradbury.

Mucho de ese material apenas ha traspasado la frontera china, exceptuando algunas traducciones al inglés, pero ‘El problema de los tres cuerpos’ es otro cantar: después de tres millones de ejemplares vendidos en China y un éxito de ventas también considerable en los mercados norteamericano e inglés, estamos ante una novela que podría cambiar la ciencia-ficción en el siglo XXI, renovando sus temas, rejuveneciendo sus tópicos, planteando cuestiones que –ésta es siempre la intención real del género– nos hagan reflexionar de manera crítica sobre el mundo en el que vivimos.

La ciencia ficción se había convertido en los últimos años, en cierta manera, en una fórmula acrítica, en un entretenimiento. Sus mejores destellos ya no estaban en los libros, sino en los cómics. Cixin Liu podría ayudar a que la balanza se reajustara.

Sin ánimo de abundar en ‘spoilers’, y eso es realmente inevitable para poder transmitir una cierta sensación de conjunto, de modo que se puedan explicar mejor algunos de los temas principales de ‘El problema de los tres cuerpos’ –traducida por Javier Altayó y editada por Nova, el sello de fantasía y sci-fi de Ediciones B–, la historia trata de los siguiente.

El problema de los tres cuerpos

 

Tras la Revolución Cultural china de los años 60, que purgó del sistema a un buen número de científicos que preferían seguir las leyes de la relatividad de Einstein antes que las del materialismo dialéctico de Marx, una científica china, hija de un represaliado preeminente, está trabajando para el gobierno con el alma podrida y ganas de vengarse de alguna manera por tanta miseria moral. Un día, descubre una señal extraña del espacio exterior, y toma una decisión inesperada.

Años después, en el momento presente, se producen varios hechos aparentemente inconexos, pero que tienen relación con lo que pasó tiempo atrás: en varios estratos de la comunidad científica se están dando casos de suicidios sin explicación –investigados por un policía que recuerda a los momentos más pasotas de Takeshi Kitano en sus películas–, y que llevan al protagonista (es un decir) de la novela, Wang Miao, investigador en nanomateriales, a encontrarle sentido a todo ese enigma.

Descubre que muchos de los suicidas jugaban a un extraño videojuego con trasfondo astrofísico –titulado ‘El problema de los tres cuerpos’– y cuya solución lleva a una revelación sorprendente: hay vida inteligente ahí fuera. Y es vida hostil. Y, joder, vienen a por nosotros, a conquistar la Tierra. Tardarán en llegar, pero están viniendo.

Cixin Liu

 

Ficción con múltiples capas

Como si fuera una cebolla compleja de múltiples capas, ‘El problema de los tres cuerpos’ oculta en su centro –después de haber deshojado la crítica histórica al comunismo, la incapacidad social de muchos científicos, la industria de los videojuegos, las relaciones sentimentales, la historia de la ciencia como materia pop y la narración detectivesca como asuntos de la novela– un tema fundamental: qué pasaría si no fuéramos la única inteligencia que existe en el universo, y otra civilización mucho más avanzada que la nuestra quisiera contactar con nosotros. ¿Qué hacer en ese caso? ¿Manifestarnos o escondernos? ¿Es preferible una soledad silenciosa, pero segura, en el cosmos, a una comunicación con un posible mundo invasor? ¿Está preparada la humanidad para un primer contacto con alienígenas?

A partir de estas ideas es cuando ‘El problema de los tres cuerpos’ se transforma, y pasa de ser una novela de ritmo vibrante, misteriosa y a la vez firmemente asentada en cuestiones científicas reales –lo que se conoce como ‘ciencia ficción dura’–, para metamorfosearse en un texto vertiginoso, metafísicamente alucinante, en algo que te deja el cerebro hecho un batido de pulpa gris.

Es cuando Cixin Liu, conservando el suspense, introduce conceptos tremendos sobre física cuántica, supersimetría, descripciones del universo en múltiples dimensiones y originales variaciones del modelo einsteniano que consiguen, así, mezclar la ciencia ficción de entretenimiento con varias interpretaciones recientes de la mecánica del cosmos, los viajes por el espacio-tiempo desde distancias de años luz y nuestra pequeñez como especie animal ante tan inconcebible realidad más allá de nuestro planeta. En muchos aspectos, es uno de los libros más acojonantes del año.

Cixin Liu escribió esta primera parte en 2006 y, casi una década después, cuando se tradujo al inglés, ganó el Premio Hugo a la mejor novela de ciencia ficción, que es el equivalente dentro del género a ganar un Emmy a la mejor serie de televisión de la temporada. Fue la primera vez que un escritor que no fuera occidental –e incluso diríamos anglosajón– se llevaba un premio de tanto prestigio. Más tarde llegaron en inglés las dos continuaciones de la trilogía, ‘El bosque oscuro’ y ‘El final de la muerte’, que se publicarán en español en 2017, y Cixin Liu se consolidó como un fenómeno comercial, un autor celebrado y el primer ‘invasor’ chino en el mercado de la literatura de imaginación. Siempre se ha dicho que hay muchos mundos posibles, pero que están todos en éste, el nuestro: uno de esos mundos lo ha creado un señor con nombre chino, ha llegado por sorpresa y nos ha pillado con los pantalones a media asta.

¿Quiere esto decir que la ciencia ficción china es, como dirían los ingleses, the next big thing? Está por ver. Sin duda, Cixin Liu es lo más grande del momento, y su éxito tardío en occidente –mientras aquí estamos empezando a leer las novelas, en China ya se prepara una película de alto presupuesto y hay un musical en los teatros, ambos inspirados en ‘El problema de los tres cuerpos’– quizá arrastre el interés por más nombres, por más novelas inesperadas, por abrir un nicho de mercado inexplorado.

Lo más cercano que hay por ahora, en el sentido de que lo chino es el nuevo negro, es Ken Liu, un autor de fantasía heroica que ha escrito ‘La gracia de los tres reyes’ (Runas-Alianza, 2016), una mezcla entre historia medieval china y el modelo habitual propuesto por Tolkien. Pero Ken Liu es técnicamente un autor americano, que escribe originalmente en inglés –aunque domina el chino y ha sido el traductor de dos de los volúmenes de la trilogía de Cixin Liu–, y que puede ser un síntoma incipiente del boom chino, aunque no sea un participante activo.

En definitiva, que no es seguro que vengan los extraterrestres, pero que la ciencia-ficción china está en camino, y podría invadirnos pronto, no lo descarten tan rápido. Están cerca, acechan ahí fuera.

El problema de los tres cuerpos

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