Vicio y subcultura Sánchez Dragó es el Lansky español

Quién iba a decirnos que una de las producciones más interesantes del porno español en los últimos meses iba a firmarla Fernando Sánchez Dragó, escritor, polemista y hedonista de 81 años.

Javier Blánquez | 22/05/2018 - 10:16

No hace muchas semanas leíamos en la prensa una de esas noticias que nos dejaban, como se dice comúnmente, turulatos y de vuelta y media.

Básicamente, lo que había sucedido era que el famoso escritor Fernando Sánchez Dragó había dirigido un cortometraje porno, de temática sadomasoquista, y que con tal obra –que debíamos añadir a un caudal productivo en el que figuraban también piezas cumbre como la serie de programas de televisión ‘Negro sobre blanco’, la novela ‘El camino del corazón’ y sus ensayos sobre la España mágica y hortera– se abría un capítulo inesperado en la accidentada historia del porno español.

Si había alguien que a sus 81 años podía dar ese paso era Dragó, un artesano de la literatura que siempre ha discurrido por el camino de la experiencia dionisíaca, que le ha dado más alegría a su cuerpo que la Macarena de la canción, y que nunca ha tenido reparo en hablar abiertamente de su vida sexual y de sus experiencias carnales con toda clase de seres humanos, indistintamente de su raza, sexo o condición social.

Dragó ha salido dos veces en ‘Primera Línea’ en los últimos años. La primera vez fue en este blog, cuando empezaron a circular por internet unas fotos en las que, supuestamente, el escritor aparecía en el bar de copas José Alfredo, de Malasaña, practicando un coito fogoso en un reservado.

Sánchez Dragó

 

En aquella ocasión ya celebramos el vigor sexual de don Fernando, y aunque él niega que hubiera penetración en ese trance, y que se malinterpretó como sexo lo que en realidad eran arrumacos, nosotros preferimos quedarnos –en aras del arte y de la vida entendida como obra maestra– con la interpretación más hardcore del lance: en nuestro recuerdo, Dragó ofició en aquella calurosa noche de verano una faena memorable, una corrida para los anales.

 

Lo que nos contó

Meses más tarde le entrevistamos en la revista a propósito del lanzamiento de Homo Erectus, un compuesto farmacológico del que Dragó ha sido conejillo de indias y portavoz, y que, a partir de una mezcla de diferentes hierbas medicinales que potencian la libido y aumentan la testosterona, ayudan a los varones a tener, en sus propias palabras, “erecciones más frecuentes y mayor predisposición sexual”.

Nos explicaba Dragó que, ya octogenario, follaba todavía con una cierta regularidad y con un pleno al quince de satisfacción entre sus partenaires, que gemían y exclamaban de gozo cada vez que el escritor aplicaba toda su sabiduría –aprendida en viajes a la India, transmitida por gurús del sexo que iban más allá de las enseñanzas del Kama Sutra–, y les tenía durante horas activando todos sus puntos de gozo intenso y prolongando la experiencia gracias a sus mecanismos tántricos de conservación de la carne en barra bien tiesa.

Sánchez Dragó

 

Podríamos imaginar que es todo fantasmada de anciano verde, pero de Dragó nos lo creemos, pues posee el elixir de la eterna juventud y el de la permanente morcillez. Sostenía el escritor que el sexo no era empotrar como un salvaje, sino aplicar la inteligencia al lenguaje físico, comprender la naturaleza del cuerpo y follar tanto con la mente como con los órganos biológicamente dispuestos para tal fin.

En un monólogo memorable, nos narró algunas de sus experiencias sadomasoquistas, con Viagra y sin Viagra, cómo “laminó” (sic) a su mujer japonesa en una noche heroica que debería cantar Homero, y no un simple periodista, y también la gloriosa hazaña, como la del Cipote de Archidona, consumada durante una legendaria noche de pasión en Alicante, en la que a una famosa compañera suya le llegó a proporcionar una veintena de orgasmos y que culminó al día siguiente en un bar, haciéndolo de pie en la barra, con unas gambas al lado.

 

Un titán

Queremos decir con esto que hay más sexo en Sánchez Dragó que en la filmografía completa de otros folladores españoles insignes, como Ramón Nomar o Nacho Vidal, a quienes tanto admiramos, y aunque el tamaño de su herramienta no sea comparable, ni tampoco su despliegue atlético en un encuentro de pasión –no verán a Dragó dándole la vuelta a la mujer, merendándose el sexo como si fuera sandía mientras a ella se le baja la sangre a la cabeza, por ejemplo–, sí podemos hablar al menos de un número comparable de hazañas que han sido explicadas en televisión y en diferentes pasajes de sus libros.

Y aunque no haya un tomo de memorias sexuales de Dragó –como sí hay un volumen de sus experiencias con drogas, del que por cierto esperábamos más–, cualquiera sabe que este hombre ha follado más que Casanova.

De modo que el salto al porno era natural.

Todo surgió cuando, el año pasado, los responsables de los Premios Bonobo, que conceden su reconocimiento a la creación erótica a partir de nuevas tecnologías –tablets, smart phones–, le pidieron a Sánchez Dragó que fuera parte del jurado. A Dragó todo lo que sea tecnología le suena a chino, pero a la vez todo lo que sea sexo y morbo le atrae como el hierro al imán, y aceptó.

Reconoce el escritor que se lo pasó muy bien viendo arte guarrillo, y quizá en broma, o quizá no, le dijo a los responsables de los premios que al año siguiente él se presentaría con una pieza audiovisual.

 

Promesas cumplidas

Lo que parecía un brindis al sol se acabó confirmando como una realidad: Dragó escribió un guion en 20 minutos de lo que más tarde iba a ser ‘La doma’, un cortometraje de temática sadomaso, y poco a poco se le empezó a dar forma.

A principios del invierno pasado reunió a un equipo en su casa de Castilfrío de la Sierra, provincia de Soria –el pueblo más pequeño de la región más despoblada de España, allí sólo hay ovejas–, y a partir de sus ideas, el insigne realizador José María Ponce –el pionero del porno español moderno– se encargó de manejar los diferentes iPhones con los que se grabaría el corto. Aquí se puede ver.

BDSM

 

La historia es sencilla: dos mujeres anónimas relatan su pasión sadomaso, narran con un lenguaje obsceno y a la vez poético el placer que les proporcionan los azotes de un hombre en las nalgas, y cómo con cada palmetazo se les humedece el sexo. En dos tomas paralelas, dos hombres distintos –un militar y un clérigo, supuestamente– azotan a la mujer como si fuera una fantasía cruel de Georges Bataille, mientras la voz en off hace que suba la temperatura de la habitación.

Mientras esto sucede, un misterioso personaje tocado con una máscara dorada, y que es claramente un fauno, observa el sometimiento sexual de la mujer al hombre: ese fauno es Dragó, que se planta en la escena como un ser mitológico, una especie de divinidad báquica que participa, muy a la manera daliniana, simplemente como voyeur. En ningún momento se masturba o hace ningún gesto lascivo: es su mirada la que concentra toda la energía del acto.

 

La profecía

Todo esto nos lleva a decir con mucha seriedad que el futuro del porno español está en manos de Fernando Sánchez Dragó. Se tomó ‘La doma’ como un ejercicio de estilo, y resulta que el acabado es cuidadoso y el interiorismo, ese aspecto que en el porno moderno tanto se maltrata, como aquí ya hemos dicho, es especialmente bello, pues las escenas están rodadas en los estudios privados de Dragó, allí donde escribe y tiene sus libros, sus afiches eróticos y sus amuletos.

BDSM

Si en vez de haber rodado en Castilfrío lo hubiera hecho en Ibiza, nada habría de diferente, por ejemplo, entre ‘La doma’ y cualquier escena de Greg Lansky, el rey Midas del porno moderno.

Dragó no muestra penetraciones ni la cara de sus actrices, pero hay el mismo glamour en el trasfondo, la misma exuberancia, esa opulencia berlanguiana aprendida de tanto leer decadentismo, surrealismo y otros ismos literarios tirando a puercos.

Ojalá su próximo cortometraje sea con Keisha Grey, leyendo la columna del domingo de Javier Marías, y masturbándose cada vez con más agitación a medida que avanza párrafo tras párrafo. Ojalá Sánchez Dragó trabajando con Adriana Chechik y Mia Malkova en una adaptación cinematográfica de las ‘Canciones de Bilitis’ de Pierre Louÿs.

Durante años, el porno español nos ha dado alegrías sin descanso.

Hemos exportado a nuestros mejores sementales –todo lo que va de Toni Ribas a Jordi el Niño Polla– a Estados Unidos, y allí han conocido el éxito, y han tenido corridas más memorables que las de José Tomás en la Monumental de Barcelona.

Hemos exportado también a mujeres de bandera que han abierto camino, por el simple procedimiento de abrir las piernas, a toda una generación de porn stars perfectas, todo lo que va de Rebecca Linares a Alexa Tomas. Hemos sido una potencia en fútbol, en tenis, en baloncesto, y ahora también en el porno internacional.

Ha llegado el momento de incorporar un nuevo nombre en esa maravillosa generación dedicada en cuerpo y alma al erotismo de calidad y la pornofilia desaforada. Nuestro Greg Lansky se llama Fernando Sánchez Dragó, y con él se obra el milagro de transformar, no el agua en vino, sino el porno en arte, en literatura y en vida. ‘La doma’ es, sin duda alguna, el ‘Ciudadano Kane’ del porno español.

Ojalá la publiquen pronto en Blu-Ray.

BDSM

 

 

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