Vicio y subcultura Sí rotundo a los hombres que se operan

Blánquez lo tiene claro: muy a favor de que Tom Cruise se haga un roto en la cara y se opere hasta las entretelas. Todo vale cuando se trata de llegar a la edad de jubilarse sin dejar de ser el gran héroe del cine de acción contemporáneo.

Tom
Javier Blánquez | 23/02/2016 - 9:52

Unas fotos recientes de Tom Cruise asistiendo a la entrega de los premios BAFTA nos han demostrado que el actor de ‘Risky Business’ tiene algo mucho más hinchado que su ego, y no nos referimos a eso que acecha en el umbral de su entrepierna.

Apareció Cruise con una cara insólita, abotagada, en la que los carrillos parecían pelotas de tenis y la frente una pared para jugar a squash, todo brillante como si le estuvieran iluminando los más poderosos focos de Hollywood, y rápidamente supimos que algo malo había hecho con su fisonomía.

No era la primera vez que pasaba entre el famoseo gringo: Uma Thurman también se presentó una vez a una alfombra roja con un rostro ligeramente cambiado, no era el suyo exactamente, aunque en su caso más tarde se supo que era un original maquillaje que consiguió transformarle las facciones. Pero lo de Cruise no era maquillaje. Esa cara bulbosa, esas facciones montaraces, esa geografía en su piel, no era en absoluto natural. Yo voto(x) por que se había inyectado algo.

Uma

 

El día después

Si uno fuera Tom Cruise, ya estaría haciendo dos cosas: la primera, ponerle una demanda del cagarse al médico que, con tan poco tacto, ha permitido este desaguisado en sus facciones -ya sea por falta de previsión, esperando poco para que bajara la hinchazón, o por torpeza a la hora de administrar los pinchazos; ahora Cruise parece un tragaldabas, un tipo que se ha comido dos corderos lechales en el Asador Donostiarra, un asaltameriendas, un glotón de ligas mayores-; y la segunda, poner a trabajar a quien se encargue de sus apariciones en prensa, porque últimamente el hombre no gana para disgustos. Su reputación está más manchada, o sea, que la del PP madrileño.

Estamos de acuerdo en que la quinta entrega de ‘Misión: Imposible’, que es la última película de Cruise por el momento, era bastante entretenida y muy fantasmona. La primera escena, en la que aparece nuestro hombre saltando de un terraplén para subirse a un avión en marcha, es tan disparatada que dan ganas de aplaudir y romper un par de muebles. Lo que viene después no es mucho más realista, lo que significa que a Tom hace tiempo que se le fue la perola y solo acepta papeles que sirvan como vehículo para el engrandecimiento de su autoestima. A su lado, el viejo Mel Gibson parece un actor de cine iraní o turco, todo contención, reflexivo, ataráxico, con poco movimiento y aún menos palabras.

Esto hace que la gente no se lo tome en serio, lógicamente, y a la mínima se demuestra que se le tienen no pocas de ganas. La envidia es muy cochina, pero Tom lo pone fácil. Lo de la cara hinchada es solo una pieza más en este sibilino puzzle de escarnio al que se ve sometido el taponcillo de Hollywood, quizá injusto -joder, “Jack Reacher” estaba bien, ¿no?-, pero madurado con paciencia con el paso de los años.

 

Redes despiadadas

Uno de los ataques más sibilinos dirigidos hacia nuestro Tom fue la portada que publicó hace unos meses la revista ‘Star’, en la que el titular indicaba que durante 30 años él y John Travolta habían mantenido un romance gay en secreto -al estilo Cristiano Ronaldo y el luchador marroquí de kickboxer-, aunque en las páginas interiores, ya en el artículo, lo que se decía era algo muy distinto, básicamente que Travolta se obsesionó con Cruise cuando este comenzó a ser un joven y prometedor actor, y que la relación se ha mantenido viva con el tiempo.

John Travolta

 

Como se sabe, Travolta y Cruise tienen mucho en común. La cienciología, por supuesto, pero también el Botox. En los primeros capítulos de ‘American Crime Story’, la nueva serie producida por Ryan Murphy (‘Nip/Tuck’, ‘Glee’, ‘American Horror Story’), John Travolta interpreta al abogado del ex jugador de fútbol americano O.J. Simpson, y también parece una figura de cera, como Josep Pedrerol cada noche cuando abre el Chiringuito de Jugones y empieza a mover las manos.

La serie de Murphy trata sobre crímenes y juicios famosos de la historia contemporánea de Estados Unidos, y ahí tenemos a Travolta, un tipo que está prácticamente igual que siempre, a pesar de que ya tiene más de 60 años. La cirugía obra milagros en nuestra sociedad, y los que podrían ser nuestros padres o abuelos parecen más jóvenes que nosotros -otro ejemplo: Ramoncín-, pero hay que andarse con cuidado. Un pinchazo mal dado (lo mismo ocurre con el caballo), un tratamiento gestionado de manera deficiente, una medicación inoportuna, demasiados rayos UVA, pueden llevar a la ruina a cualquier estrella, y convertir al hombre patricio y de cuerpo bien formado, piel lisa y bronceado correcto, en una especie de sapo grotesco, en una figura de plástico, una muñeca hinchable.

Sin embargo, aquí estamos con Tom. No podemos más que admirar a un tipo que estuvo con Nicole Kidman cuando había que estar con Nicole Kidman -no ahora, no; ANTES-, y que no tuvo problema en ponerse alzas y plantillas para no parecer un enano a su lado. No podemos más que estar a muerte con un tipo que, sin tener el físico de un Apolo, ni la cara de hijo de puta de un Bruce Willis, y encima con ese peinado, se empeña en protagonizar películas de acción que dejarían al mismísimo Jack Bauer a la altura de un boy scout.

Así que, por una vez, y sin que sirva de precedente: un sí rotundo a los hombres que se operan, que se pinchan la cara y se la dejan que parece un mapamundi. Tom, siempre estaremos contigo. Te lo perdonamos todo.

Nicole Kidman

Tom Cruise

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