Vicio y subcultura Siempre podemos contar con Cayetana

El escote que lucía la actriz madrileña en la alfombra roja de los Goya sirve a Blánquez de formidable pretexto para declararle su fe y su amor eterno a Cayetana Guillén Cuervo, mujer de muy alto copete que, como los buenos vinos, mejora con la edad.

Cayetana Guillén Cuervo
Javier Blánquez | 10/02/2016 - 10:02

El culto en favor de Cayetana Guillén Cuervo es subterráneo y, la mayoría de las veces, silencioso. Discurre por canales clandestinos que rara vez quieren salir a la luz y proclamar a los cuatro vientos su admiración incondicional por una de las señoras con más tronío del famoseo español.

Dicho con otras palabras, no es ningún secreto que a mucha gente Cayetana nos la pone como la vena de un cantaor, pero es un reconocimiento que se destapa muy de cuando en cuando, como un buen vino que se guarda para las grandes ocasiones.

La metáfora del vino, no por socorrida y más sobada que el mango de la puerta, no deja de ser precisa para con una mujer que, con el tiempo, mejora escandalosamente y se vuelve más noble, más aguerrida y más aromática. Esto viene de largo -recordemos aquellos tiempos dulces de primeros de los dosmiles, cuando Cayetana se veía mucho con Garci (intenso aroma a tabaco, a pecho sudado) y se le relacionaba con Aznar, lo que resultó ser falso a pesar de ser creíble-, y aún así el paso del tiempo no ha mitigado el impacto de Caye en nuestras vidas. Sigue ahí, perenne.

Cayetana Guillén Cuervo

 

El sábado pasado, en la alfombra roja de los Goya, ella fue la vencedora incuestionable. Rodeada de algunas de las horteras y suripantas tradicionales del cine español, campeonas la mayoría en deriva choni y mal gusto, aunque lleven encima cinco mil euros en telas que más servirían para hacer cortinas, apareció Cayetana con un escote que pasaba de ser canalillo a Canal de Suez, rotunda grieta de encantos y carne abierta, una falla desde el cuello hasta el ombligo que dejaba intuir un busto de escándalo.

Sin mostrar nada, dejaba adivinarlo todo en sus perfectas proporciones griegas, los montículos sagrados y los valles fértiles. Y aunque la mirada lógicamente tendía a efectuar un barrido intenso en vertical, queriendo memorizar todo aquello para futuras ocasiones, lo importante estaba en sus ojos: esa mirada de autoridad, de decirle al mundo ‘estoy aquí, bitches, besad el suelo que piso’. Demoledora.

 

Grande como la vida

Y entonces, el culto secreto pro-Cayetana, ese que se mantiene latente durante la mayor parte del año y sólo aflora cuando publicaba su columna en ‘El Mundo’ (‘A pie de Caye’ era lectura obligada de los sábados), o la pillamos por la tele ya sea presentando ‘Versión Española’ o actuando en ‘El Ministerio del Tiempo’, volvió a resurgir como si se nos estuviera apareciendo Cthulhu, emergiendo de las aguas sobre las ruinas submarinas de R’lyeh: los sectarios lanzamos alaridos de júbilo.

Cayetana Guillén Cuervo

 

Lo hizo tan a lo grande, lo de pasear la abertura de sus pechos, que la red se llenó de capturas de su paso imperial por la alfombra, de expresiones de asombro -quienes no se lo esperaban- y de autosatisfacción afirmativa quienes ya sabíamos que lo de Cayetana es muy fuerte y que hay que ser del culto forever, como lo venimos siendo desde -por lo menos- aquella escena del polvo en las escaleras en ‘Historias del Kronen’. Siempre fieles, siempre en pie.

El momentazo Cayetana, insinuando hasta la firma del DNI entre las simas de su escote, nos recordó muchísimo a aquel momento de revelación colectiva, hace unos años, en el caso de Marisa Tomei. Marisa, que la teníamos por estrella de la televisión juvenil, que molaba mucho en ‘Un mundo diferente’ -la secuela del show de Bill Cosby, en la que su hija Denise (Lisa Bonet) iba a la universidad-, empezó a aparecer en películas muy serias como ‘El luchador’ (2008) o ‘Antes que el diablo sepas que has muerto’ (2007), enseñando mucha carne, y flipamos con la excelencia de su anatomía. Seguimos haciéndolo aún, ahora que aparece en la serie ‘Empire’, que es como ‘Falcon Crest’, pero con raperos. A Cayetana la tenemos ahí, jugando en esa misma liga.

 

Cargas de profundidad 

No descartamos que su outfit para los Goya tuviera segundas intenciones. Aprovechar, cómo no, un momento dulce para volver a situarse en el centro del debate -con ella nunca hay polémica, todo el mundo la quiere y hasta admiramos su ligero tono nasal al hablar-, no porque lo necesite, ya que Cayetana vive en plenitud laboral y no necesita llamar la atención a la desesperada, sino porque le apetece.

Sabe que ahí fuera hay una legión de fans silenciosa dispuesta a ser portaestandarte de sus virtudes, que levanta la bandera en su honor y que piensa permanecer fiel hasta el final de los tiempos. Lo hizo por nosotros, y nosotros le damos las gracias. Cuando creíamos que no podíamos ser más fans, nos demostró que está a un nivel que desconocíamos. Ha conseguido poner roja de la envidia incluso a la diosa Venus.

Cayetana Guillén Cuervo

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