Vicio y subcultura Somos malas personas por culpa de Paul Verhoeven

Javier Blánquez rinde tributo a un hombre que lleva décadas facturando películas sucias, soeces y canallas pero con mucha sustancia y fundamento: el gran Paul Verhoeven, cuya última película, ‘Elle’, se ha estrenado hace unos días.

El libro negro
Javier Blánquez | 07/10/2016 - 15:52

Hay un momento en el guion de ‘Instinto básico’ (1992) en el que el detective Nick Curran, alias “Pistolero”, está hablando con Beth Garner (Jeanne Tripplehorn), la psicóloga del departamento de policía, con la que casualmente había estado liado un tiempo atrás, y le confiesa que lleva un buen tiempo practicando la abstinencia sexual. “Incluso me han salido callos”, dice Michael Douglas, repeinado, siempre Dios, mientras levanta la palma de la mano enfrente de la cámara.

‘Instinto básico’ es, no vamos a descubrirle nada a nadie a estas alturas, una película repleta de momentos memorables, líneas de un ingenio que bordea lo chusco y de un voltaje sexual tan altísimo que es normal que quienes la hayamos visto en nuestra adolescencia nos hayamos convertido en seres humanos con elevados niveles de suciedad en el cerebro. De todo ello hay que darle las gracias al guionista, Joe Eszterhas, pero sobre todo a su director, Paul Verhoeven, figura esencial en el desarrollo de la educación sentimental -que diría Flaubert- para toda una generación. Verhoeven nos ha hecho lo que somos: cínicos, guarros, gente aficionada al lado oscuro.

Paul Verhoeven

 

Un referente (a)moral

Podríamos explicar todo lo importante que ha sido Paul Verhoeven para la subcultura canalla únicamente quedándonos con ‘Instinto básico’, y es entonces cuando podríamos elaborar aquí la lista de todos esos momentos memorables que se van sucediendo sin descanso: el comienzo sangriento en el que una mujer rubia, siempre de espaldas a la cámara, está follando salvajemente con su pareja y acto seguido saca el picador de hielo para extraerle los higadillos también salvajemente, el mítico cruce de piernas de Sharon Stone en el que, si conseguimos congelar la imagen en el momento exacto, se le ve toda la merienda depilada, “se corrió hasta que le corrieron”, Nick Curran en la discoteca poniéndose verriondo viendo bailar a la pareja de lesbianas, Nick Curran -siempre, siempre Nick- solicitando hablar a Roxy (Leilani Sarelle) “de hombre a hombre”, “¿has follado alguna vez con cocaína, Nick?”, todas las escenas en las que sale la propia Stone, aunque sea vestida. Adoramos, cómo no, a Verhoeven.

Hoy, Verhoeven es un señor holandés de 78 años, lo que significa que cuando rodó ‘Instinto básico’ ya tenía 52 y podíamos considerarlo, en gran medida, algo así como un viejo verde prematuro. De todos modos, la mezcla entre la violencia física y la dominación sexual, la fina línea que existe entre la provocación, la tensión finalmente resuelta y el maltrato -tanto físico como psicológico- forman parte de un cine que nunca ha sido cómodo para la elites intelectuales y a veces demasiado sofisticado para las masas.

Y sin embargo, en esa combinación entre lo grotesco, lo vulgar, lo sexual y ciertas convenciones del cine ‘de nicho’ -policíaco, ciencia-ficción, espada y brujería, nazis, exploitation-, es donde Verhoeven se ha convertido en un autor de culto, siempre bruto y siempre divertidísimo. Una escuela de mala gente.

Sin contar sus películas holandesas, las que han tenido distribución internacional y altos presupuestos desde mediados de los años 80 -comenzando por ‘Los señores del acero’– siempre han abundando en sangre gratuita, excesos de guion que terminan por ser delirantes y arrancándote carcajadas, muchas señoras desnudas luciendo felpudo, mutilaciones: todo lo que siempre nos ha gustado, pero exagerando para conseguir un mayor efecto delirante. Si no fuera por la cantidad de barbaridades y giros descabellados que da ‘Instinto básico’, podría ser una película de Hitchcock. Pero no, no es Hitchcock, es Verhoeven. Ya nos entendemos.

Paul Verhoeven

 

Vuelve la bestia

Lo cierto es que a Verhoeven lo habíamos echado de menos. En 2012 estrenó una de sus películas holandesas, ‘Steekspel‘, que no llamó mucho la atención, y habría que remontarse hasta 2006 para recordar una película suya que causara un cierto revuelo, con ‘El libro negro’, la historia de una mujer judía maltratada por los nazis durante la ocupación de Holanda en la Segunda Guerra Mundial, y que recordaremos por una escena en la que la protagonista –Carice van Houten, mucho antes de ser Melisandre en ‘Juego de Tronos’– aparece desnuda y cubierta de grima en una desagradable humillación.

A partir de ahí, una película menor en 2000 -‘El hombre sin sombra’, en la que Kevin Bacon hace de hombre invisible- y, en 1995… [redoble de tambores] ¡‘Showgirls’!. Ahhhh, ¿qué decir de ‘Showgirls’? Una obra maestra incomprendida en su momento, destripada por todo el mundo como si fuera la peor basura del universo, cuando posiblemente sea la mayor proeza de Verhoeven –una masterpiece del kitsch, por supuesto-, una vez más con Eszterhas a cargo del texto: esa purpurina que lo invade todo, esas escenas de coreografías con largas piernas, ese duelo de víboras entre Elizabeth Berkley -chupando barra, comiendo humburguesas y otras carnes, por ejemplo en la piscina- y Gina Gershon, ese final desagradable en la fiesta con una de las violaciones más repugnantes de la historia del cine, mucho más que la de ‘Irreversible’. En definitiva, un Verhoeven pasado de vueltas, el Verhoeven que nos lleva por el mal camino.

Showgirls

Hay más Verhoeven, y ustedes lo saben: el de ‘Desafío total‘ (1990), donde cada momento es para el recuerdo -pelea de gatas entre Sharon Stone y Rachel Ticotin para franquear el acceso a un ascensor, Jordi Pujol saliendo del pecho de un mutante, el juego del gato y el ratón al que se somete Arnold Schwarzenegger, la incerteza de saber si todo es verdad o mentira, y si Cohaagen es el malo o el bueno-, por no hablar de esa mezcla entre charcutería y ferretería que es ‘Robocop’.

Pero hoy nos interesa el Verhoeven más actual, porque Verhoeven regresó el pasado mes de mayo coincidiendo con el festival de Cannes, y acaba de estrenar su primera película “comercial” y con financiación internacional -rodada en francés- como mínimo en quince años. Se titula ‘Elle’ y, en principio, es como la película de un Verhoeven en la tercera edad que quiere expiar algunos de sus pecados del pasado, algunos de los excesos de su cine en Hollywood, con ciertos aires de thriller psicológico a la manera europea, como si quisiera mezclar en el mismo saco a Haneke con David Fincher.

La protagonista es la responsable de una compañía independiente de videojuegos -encarnada por Isabelle Huppert: Huppert, videojuegos, ¡qué clase de disparate es ese!- que persigue hasta la extenuación al hombre que la ha violado en la puerta de su casa. Una vez más, el tema de la violación, que es recurrente en Verhoeven, y que demuestra que en su cerebro hay algo incorrecto, algo que no funciona bien, algo que le acerca a otros ancianos perversos tipo Antonio Saura, o Camilo José Cela en su momento.

Elle

Pero de igual manera que ‘Showgirls’ era una película de exploitation sexual sin serlo, cine B sin parecerlo, y del mismo modo en que ‘Instinto básico’ no era exactamente Hitchcock, ‘Elle’ tampoco es una película de suspense con un trasfondo de venganza, sino la excusa que tiene Verhoeven para hacer pasear por diferentes espacios a su protagonista neurótica, perseguida por la sombra de su pasado no para conseguir tener la mente en paz, sino para que sirva de modelo ridiculizador de todas las películas sobre los traumas obsesivos.

En definitiva, Verhoeven no ha cambiado: sigue siendo un director que no negocia el entretenimiento incluso cuando adopta formas del cine francés más cultureta, que siempre somete a sus personajes a vejaciones -no tanto físicas, como psicológicas- con las que parece pasárselo teta, y que no ha perdido en todo este tiempo el gusto por todo lo incómodo, lo sexualmente desviado y lo grotesco.

Ahora a ver si por fin se cumplen los anuncios -de los que nunca más se supo, aunque no perdemos la esperanza- y su próxima película es la que lleva prometiendo desde 2012, una revisión de la vida de Jesús de Nazareth -tema sobre el que ha escrito un libro y todo- en la que, cómo no, habrá también una violación. La de la virgen María. El viejo Verhoeven, siempre con sus cosas.

Steekspel

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One Response to Somos malas personas por culpa de Paul Verhoeven

  1. ¡Dios mío! Esto es extraño.

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