Sónar, Día 1

En su crónica del primer día de frenética actividad en el Sónar, Max Cortés nos cuenta cómo es el Village y qué actuaciones le impresionaron más. Pero también nos habla de los diferentes tipos de pies que tienen los seres humanos.

max2
MAX CORTÉS | 13/06/2014 - 13:45

Llevo un día de Sónar y me he dado cuenta de varias cosas. La primera es que, con el calor que hace estos días en Barcelona, habrá que invocar a algún dios de la electrónica para que haya nubes, como pasó ayer por la tarde en el Village. La segunda es que, por mucho que te lo propongas, es imposible verlo todo. El Sónar de día se solapa con el de noche, como un bucle infinito.

El Village

El Village es como la plaza Mayor del Sónar. Un lugar en el que han puesto césped artificial para que la gente se sienta cómoda. Eso provoca que todo el mundo vaya descalzo. Tumbado en el césped, ves pasar ante ti todo tipo de pies: bonitos, feos, con uñas de gavilán, cuidados, asquerosos, limpios o sucios. Más o menos como la gente que acude al Sónar: no hay un prototipo público de asistente al festival y puedes ver de todo. Desde hipsters o ravers que llevan celebrando el evento desde hace meses, hasta familias con niños que acuden para instruir a las nuevas generaciones en la fiesta. Eso sí, el 90 % de los asistentes son extranjeros.

Cuando cae el sol, a eso de las nueve y media de la noche, no se ve nada, porque no hay iluminación en el recinto para que la gente se oriente. Eso provoca un panorama muy curioso, en el que solo se distinguen las luces producidas por los móviles, donde hay tropezones, sobeteos y comercio de mandanga. Es la hora en la que sale todo, en la oscuridad.

Yo me pasé el día entre el Village y la Red Bull Music Academy. En esta última se pincha con mucho más riesgo, con música extrema y más difícil de entender.

En el Village, sin embargo, actuó gente muy buena. Yo me quedo con la extraordinaria sesión de , una danesa de nombre Karen Marie Ørsted que mezcló pop con funky, electrónica y hip hop y que me recordó a Bjørk en festera. También me gustó el veterano Daniel Miller, una eminencia en el techno que puso a todo el mundo del revés. Y el espectáculo visual de PlastikMan, concebido para el Guggenheim de Nueva York, que, sin embargo, decepcionó a los que esperaban mucha más fiesta.

A mí no me decepciona nada. Y desde aquí os lo seguiré contando, aunque sea a costa de mi sueño…

  • Imprimir
  • Enviar por e-mail
Este mes, en 'Primera Línea'
Janice Griffith: La actriz porno fumeta que odia el sexismo y el racismo
Este mes, en 'Primera Línea'
publicidad
publicidad
Búscanos en Facebook
publicidad

© Ediciones Reunidas, S.A. | Todos los derechos reservados