Tao Lin: “Quiero aprender de las drogas, pero sin que me destruyan”

Escribe novelas cuando su extenuante rutina cotidiana (desayunar, fumar porros, comer, leer y dormir) se lo permite. Acaba de lanzar su tercera novela, ‘Taipéi’, protagonizada por un tipo tan felizmente abúlico como él.

Tao-Lin
Texto: Javier Blánquez / Fotos: Noah Kalina | 15/04/2014 - 16:36

Tao Lin tiene comportamientos que para la mayoría de la gente resultarían extraños. Cada mañana, por ejemplo, se desayuna una lechuga que lava hoja a hoja y que le dura hasta el almuerzo, mientras que el resto del tiempo lo emplea dejando que pasen las horas.

“¿Qué hago en un día normal? Leo libros”, cuenta en la cafetería del CCCB de Barcelona, mientras esconde sus manos bajo la mesa y mira distraídamente al vacío. “Veo películas. Pienso en lo que voy a comer más tarde, fumo marihuana y paso el resto del día en mi habitación”. Habría que añadir que también escribe libros, relatos en los que sus personajes se comportan en gran medida como él: están poblados por jóvenes aburridos que se drogan, navegan por internet, acuden a fiestas en Manhattan en las que se mueren de asco, follan sin ganas y se rodean de otras personas solo por miedo a quedarse solos.

En cierto modo, su literatura es un retrato preciso y actual del comportamiento apático de los post-adolescentes en las grandes ciudades del mundo. Aunque con matices. “No estoy de acuerdo en que sean gente apática. Sí que son gente aburrida. El protagonista de la última novela intenta disfrutar del aburrimiento para estar en paz consigo mismo por la vía de no hacer nada”.

Historias de sexo y drogas

A Tao Lin (Nueva York, 1983) se le ha identificado como icono hipster y líder de una nueva generación de escritores enmarcados en la etiqueta alt-lit, que viene a ser el lado más marginal de la narrativa indie norteamericana, algo así como el twee-pop de la novela si consideráramos que Bret Easton Ellis o Chuck Palahniuk son punk-rock.

Ha escrito poemas, relatos breves y tres obras largas, todas publicadas en castellano por Alpha Decay. La última, ‘Taipéi’, es parcialmente autobiográfica: en ella tenemos a un protagonista, Paul, que intenta pasar por el mundo sin hacer ruido, atiborrándose de pastillas, narcotizándose con YouTube y esperando a que un milagro haga despegar su carrera como escritor, que por supuesto no remonta porque pierde el tiempo en cosas inútiles. De entrada parece un asunto trillado y tan aburrido como su explicación, pero como en la obra de Samuel Beckett -de quien Tao Lin es un pariente lejano, literariamente hablando- el tedio se convierte en la gasolina de una obra profunda y descriptiva de muchos vicios de nuestro tiempo.

En ‘Taipéi’ se tratan asuntos como el desinterés por el sexo (“para mí fue lenta la iniciación en la sexualidad, ni siquiera pude consumir porno de joven porque durante diez años sólo teníamos un ordenador en casa”) y el consumo de drogas como vía para olvidarse de un mundo exterior ingrato, aunque él defiende que pueden ser una vía de conocimiento. “Mis personajes toman drogas esperando aprender algo. Pero no saben qué quieren aprender exactamente y por eso van probando de aquí y de allá, todo tipo de pastillas, cocaína, éxtasis.

Al menos, es como él ha enfocado siempre su relación con las substancias estimulantes, sendantes y psicodélicas: con curiosidad, pero con miedo. “Yo antes era ateo. No creía en nada. Cuando empecé a experimentar con el LSD, tuve la certeza de que podía haber algo más allá de nuestra conciencia. No sé si soy religioso, pero las drogas me cambiaron. Me hicieron aprender. Pero no quiero que me destruyan. Espero morir viejo, quiero llegar a los 80 años por lo menos”.

 

Tao

 Un hombre con miedo

Tao Lin admite que vive con miedo, razón por la cual las substancias en sus libros siempre son de confianza, fármacos homologados o drogas blandas compradas al dealer de siempre. “Le tengo miedo al futuro. No sé qué va a pasar. Antes pensaba más porque tenía más inseguridad. Ahora pienso menos, pero cuando lo hago me inquieto mucho”.

Y es que a pesar del hype que hay alrededor de su figura literaria y de la atención que se le presta, Tao Lin tampoco es un superventas. “El dinero que me adelantaron para este libro ya casi lo he gastado. En dos o tres meses necesitaré otro trabajo, ya sea otro libro, artículos en prensa o lo que sea. No gano mucho dinero. Necesito escribir porque me permite pensar en los misterios de la vida, pero necesito hacer otras cosas porque si pienso en literatura las 24 horas al día me volvería loco”.

No quiere ser el portavoz de su generación, algo a lo que sí aspira su homóloga femenina, la también neurótica e indecisa Lena Dunham, la creadora de la serie ‘Girls’ -serie que Tao Lin admite no haber visto “casi nunca, no sé muy bien de qué va”; hasta tal punto llega su indiferencia-. Él se conforma con hacer de la no participación algo productivo. “Sé que si no haces nada no estás procurando por el futuro. La civilización progresó porque en la invención de la agricultura estaba la idea de pensar en el año siguiente y en dejar cosas para las próximas generaciones. Y esa es mi lucha: me encanta no hacer nada, pero a la vez sé que si no hago nada me extinguiré pronto”. Si existe el nihilismo hipster, es exactamente esto.

  • Imprimir
  • Enviar por e-mail
Este mes, en 'Primera Línea'
Janice Griffith: La actriz porno fumeta que odia el sexismo y el racismo
Este mes, en 'Primera Línea'
publicidad
publicidad
Búscanos en Facebook
publicidad

© Ediciones Reunidas, S.A. | Todos los derechos reservados