Vicio y subcultura ‘The Deuce’, una odisea porno

El primer capítulo de ‘The Deuce’ promete muchísimo. David Simon vuelve por sus fueros embarcándonos esta vez en un viaje apasionante, un recorrido por los orígenes de la industria del porno en el Nueva York decrépito de los primeros 70.

The Deuce
Javier Blánquez | 04/09/2017 - 10:16

Hace unas cuantas décadas, cuando un hombre tenía ciertas necesidades espirituales en Nueva York y no sabía cómo encontrar alivio para un cosquilleo de la ingle o un picor de la nariz, lo que hacía era irse a la calle 42, al oeste de Times Square, y ahí encontraba una solución fulgurante a todas sus preocupaciones.

Hay muchas calles en la ciudad que nunca duerme que han tenido alguna especialidad con el paso del tiempo: la calle 52, por ejemplo, fue durante dos décadas el lugar a donde había que ir para escuchar jazz, y si queremos comprar diamantes u otra clase de joyas, las mejores tiendas están en la calle 47. Durante un tiempo, la mejor zona para comprar discos fueron Bleeker Street y el East Village –hasta que se murieron las tiendas de discos–, y por supuesto, para hacer negocios no hay otro lugar mejor que Wall Street.

Así que si se trataba de ir a pillar drogas o contratar los servicios de una prostituta, era a la calle 42 a donde había que ir: Cañada Real y calle Montera todo en uno, síntesis rodeada de rascacielos de la parte baja de las Ramblas y las chabolas de Can Tunis.

 

Aquellos polvos…

La calle 42 en la actualidad ya no es como en los años 70, cuando tenía fama de ser uno de los lugares menos recomendables de la ciudad. La calle 42 no era exactamente insegura, porque siempre había gente merodeando por ahí –además de camellos y esquineras, también es una zona de teatros, y las marquesinas de neón anuncian a todas horas los estrenos de cine de más rabiosa actualidad–, pero ese bullicio populoso también tenía mucho de sórdido.

The Deuce

 

Había camellos agazapados en la entrada de los callejones, prostitutas de la calle de toda condición haciendo la ronda y asomándose a la ventana de los coches con el característico “hola, guapo”, traficantes de baja estofa merodeando por los alrededores, para que no cantara demasiado el menudeo. Y a partir de 1972, cuando se estrenó ‘Garganta profunda’ en las salas de cine comerciales, también se convirtió en el epicentro del porno en Estados Unidos, al menos hasta el triunfo, diez años después, del formato VHS.

A esa zona de calle 42, entre Times Square y la Octava Avenida, la gente de Nueva York la conocía como ‘the Deuce’. Ir al Deuce era como bajarse al moro o pillar la moto para visitar las casa baratas de la Zona Franca, sólo se hacía expresamente si ibas allí buscando algo específico que terminada en polvos, blancos o sudorosos.

Desde los años 90, cuando el alcalde Ruddy Giuliani se propuso reducir los índices de criminalidad y limitar la vida nocturna de la ciudad, The Deuce ya no es una zona sórdida, ya no hay cines porno –ni ahí ni en ninguna parte–, ya no es territorio conquistado por las putas, y participa del frenesí consumista y cosmopolita de ese Nueva York moderno convertido en gran bazar.

Pero el aura mítica de The Deuce permanece viva, el de ese tramo de Manhattan con resplandor de luces rojas, aceras mojadas, mujeres de pueblo llegadas a la gran urbe para jinetear, viejos verdes y yonquis con dinero. Tan bien se conserva el mito que David Simon ha decidido que sea el glorioso marco que acoja su nueva serie de televisión para HBO, lo que tiene pinta de ser la gran obra maestra audiovisual sobre los orígenes de la pornografía moderna.

 

El hombre de ‘The Wire’

David Simon, para quien no lo sitúe ahora, es el creador y guionista de ‘The Wire’, ‘Generation Kill’, ‘Treme’ y ‘Show me a Hero’: el Charles Dickens de la televisión, el hombre que escribe los guiones más perfectos que haya conocido nunca el medio. Para ‘The Deuce’ ha vuelto a contar con el escritor George Pelecanos –co-creador y guionista de la serie– y Richard Price –guionista–, y se nota el magisterio del trío porque, sólo habiendo visto el episodio piloto que se emitió el 25 de agosto, una mini-película de 80 minutos que nos sitúa de pleno en el ambiente de Nueva York en 1971, cuando el vicio en la calle 42 estaba en sus máximos históricos, lo que sospechamos es que esta serie va a convertirse en un clásico, tiene pinta de acontecimiento de la temporada, y apesta a obra maestra.

The Deuce

 

Y lo es, antes que nada, por la ambientación: desde el primer momento ya estás dentro de un universo nocturno, violento, poblado por hampones de poca monta y perdedores que sobreviven en un periodo de depresión económica y miseria moral, y en el momento en que Simon y compañía nos sacan de la vida privada de sus personajes y nos meten de lleno en el ambiente de la calle 42, es como si estuviéramos realmente allí, contemplando la vista panorámica –cines, cafés abiertos 24 horas, prostitutas y clientes, tráfico lento, pantalones de campana, bigotes, suciedad en las aceras– y entrando en un mundo con posibilidades infinitas.

Porque esa es la otra cosa buena que deja ‘The Deuce’ en su episodio piloto: esta serie puede ser cualquier cosa.

David Simon explicaba que trataba sobre el negocio de la pornografía, pero él utilizaba el concepto ‘pornografía’ en un sentido amplio, en el que también se incluye la prostitución. De hecho, todo estaba (está) fuertemente ligado, y está por ver cómo se desarrollará el argumento para dar entrada también al negocio del cine porno, que justo en esos momentos, y sin que nadie lo sepa, está a punto de dar la gran sorpresa y ofrendar a la historia la película más taquillera de todos los tiempos.

Mezcla de ‘Boogie Nights’ y Dostoyevski, en ‘The Deuce’ parece que habrá espacio para ver cómo se desarrolla una industria poderosa y cómo asistimos a los dramas morales, en un sentido Henry James del concepto, de la galería de personajes escritos por Simon y Pelecanos.

 

Incógnitas prometedoras

Por ahora, no se sabe muy bien de qué va la cosa.

Hemos conocido a los hermanos Vincent y Frankie Martino, dos gemelos interpretados por James Franco, el hombre de la mirada roja y las ojeras que pesan un quintal. Vincent quiere divorciarse de su mujer, una díscola que se junta con matones de los billares y le chupa el dinero que gana como puede tras la barra de un bar, y Frankie es un ludópata compulsivo que le debe dinero a medio Manhattan por culpa de las apuestas.

The Deuce

 

El principal desarrollo del personaje de Vincent, que sería el protagonista de la serie, es cuando comprueba que se puede hacer remontar un negocio en decadencia, en este caso un restaurante coreano transformado en bar after-hours, aprovechando el tirón de las chicas vestidas de manera sexy. ¿Qué será lo siguiente? ¿Producir películas porno? Veremos.

A su alrededor circulan chulos desaprensivos que mercadean con las mujeres sin piedad, y un grupo de prostitutas entre las que destacan dos personajes que parece que tendrán importancia en el futuro: Candy (Maggie Gyllenhaal), una puta de la calle que va por libre –o sea, una proto-escort que debe ir con el doble de cuidado para proteger su negocio– y Lori (Emily Meade), una chica de provincias que llega a Nueva York para ganarse la vida de lo que sea, y a la que no le importa engrosar el harén del pimp que encarna Gary Carr.

Esto huele a tensión provocada por el paso de un paradigma a otro, de la prostitución callejera al porno amateur, en una odisea sexual que debería culminar una década después. Por ahora, hemos visto mamadas a adolescentes, sexo entre profesores y alumnos, muslos y pechugas, mutilaciones faciales y palizas, dosis suficientes de sexo y acción y, sin embargo, ‘The Deuce’ avanza con lentitud, con sobriedad.

The Deuce

 

Primer balance

Es pronto para decirlo, pero ‘The Deuce’ se acerca a lo que estábamos pidiendo, o quizá sobrepase las expectativas: una obra de autor en la línea de ‘Boogie Nights’ –la película de Paul Thomas Anderson inspirada en el origen del porno y en los 35 centímetros de John Holmes, aquí camuflado como Dirk Diggler–, que es lo mismo que decir una gran epopeya sobre los orígenes del porno que, como todas las series de David Simon, empieza lenta pero acaba finalmente ganándose un aplauso unánime por su profundidad, calidad y atención al detalle.

El próximo episodio se emitirá el 17 de septiembre y habrá que esperar: entre los ataques de los hackers y el final de temporada de ‘Juego de Tronos’, HBO estimó oportuno liberar un material tan delicado. A partir de esa fecha, podremos ver un capítulo semanal hasta finales de octubre, hasta llegar a un total de ocho. Y luego ya la enlazaremos con la continuación de ‘Stranger Things’.

Pero, por ahora, quedémonos con la idea de que ‘The Deuce’ puede ser al porno clásico lo que Don Quijote a las novelas de caballería: una crítica envuelta en homenaje, una obra maestra a propósito de una de las escenas culturales más denostadas de nuestro tiempo.

 

The Deuce

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