Historias del porno Una historia de violencia

Lo dosis no siempre moderada de violencia en escenas sexuales no es exclusiva del porno moderno. Gisbert repasa películas que se atrevieron a incorporar violencia física durante la primera edad de oro del cine X, allá por los 70.

Abigail Clayton
Paco Gisbert | 05/12/2017 - 11:47

Una buena parte de las películas de cine comercial que llegan a nuestras pantallas tienen elementos, explícitos o no, relacionados con la violencia o el crimen.

Las tramas que incluyen actos violentos o asesinatos son mucho más atractivas para el público, ávido de experiencias que le hagan sentir emociones, y los actos violentos y los criminales ayudan a potenciar dichas emociones. Películas como ‘Perros de paja’, ‘Deliverance’, ‘French Connection’ o las dos primeras entregas de la saga de ‘El padrino’ triunfaron en los 70 entre el público y la crítica utilizando la violencia y el crimen como motor de sus argumentos.

Durante los años de consolidación y esplendor del porno como género cinematográfico -desde comienzos de los 70 hasta mediados de los 80-, la violencia y el crimen también formaban parte de los argumentos de muchas películas, aunque muchas menos que en el cine comercial. Lo que ocurre es que, en el porno, como es obvio, la violencia va asociada al sexo y ese cóctel produce sensaciones contradictorias en el espectador y, sobre todo, abre un debate ético como el que vivimos en la actualidad.

Pero el porno clásico contenía elementos violentos, sobre todo cuando los argumentos de las películas se aproximaban al thriller o el cine de terror. Además, mucho antes de que las prácticas sadomasoquistas fueran recluidas en un subgénero propio, los límites entre el placer y el dolor eran difusos y convivían alegremente con las escenas sexuales desprovistas de violencia.

 

Un caso digno de estudio

El ejemplo paradigmático es ‘Historia de Joanna’, la adaptación que realizó Gerard Damiano de la novela ‘Historia de O’ en 1975. La película aborda una relación basada en la sumisión de una joven (Terri Hall) a su novio (Jaime Gillis) e incluye prácticas de humillación, castigos corporales y hasta una relación homosexual entre dos hombres, algo completamente inviable en cualquier filme o escena mainstream de la misma época.

Femmes de Sade

 

Pero hay mucho más. Dos años después de la aparición de la cinta de Damiano, otro de los pioneros del triple X norteamericano, Alex de Renzy, escribió y dirigió ‘Femmes de Sade’, la historia de un exconvicto que, al salir de prisión, vaga por The Deuce contratando prostitutas para someterlas a sus perversiones sexuales. Y esas perversiones son de lo más chungo, pues incluyen violaciones, castigos corporales o la introducción de botellas por la vagina.

Además, De Renzy termina su película más inquietante con una orgía libertina en la que hay escenas explícitas de lluvia dorada y coprofilia. Samatha Morgan, Leslie Bovee o Abigail Clayton sufren las consecuencias de la sexualidad extrema del personaje interpretado por Ken Turner, un actor muy poco prolífico en el porno de los 70 y amigo personal de Alex de Renzy.

 

Más violencia lúbrica

El mismo año 1977 también se estrenó una película que jugaba con los límites de la violencia en el porno a través de un thriller inteligente y sórdido. Se tituló ‘Water Power’ y narraba las peripecias de un hombre obsesionado por la limpieza interior que, convertido en un peligroso psicópata, asalta a sus víctimas y las somete a enemas anales antes de violarlas.

CJ Laing, Marlene Willoughby y Gloria Leonard acompañan a Jamie Gillis en el reparto de una película cuya autoría fue atribuida durante años a Gerard Damiano, pero que filmó Shaun Costello, director también de ‘Forced Entry’, otro filme sobre un veterano del Vietnam convertido en asesino y violador.

Forced Entry

 

‘A Dirty Western’, de David Fleetwood, ‘Defiance’, de Anthony Spinelli, o la inencontrable en la actualidad ‘The Texas Hacksaw Melange’ son otros tres ejemplos de filmes X con notables dosis de violencia.

Pero nadie se quejaba en los años de gloria del porno americano sobre la violencia en las películas X, quizás porque su estructura cinematográfica ayudaba a distinguir la realidad de la ficción, mucho más que en el porno moderno, en el que el exceso de naturalismo lleva a confusiones acerca de dónde empieza lo real y dónde acaba la actuación.

Pero todos aquellos que acusan al porno contemporáneo de violento deberían de echar la vista atrás y comprobar que los clásicos del cine X también contienen una larga historia de violencia.

 

 

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