Vicio y subcultura Bertín es el nuevo Julio Iglesias

La forja de un icono contemporáneo. Blánquez hace un recorrido (vicioso y subcultural, como de costumbre) por la trayectoria del hombre que se dio a conocer con ‘Buenas noches señora’ y hoy es incluso capaz de revitalizar las campañas electorales de líderes en horas bajas.

El-nuevo-Julio-Iglesias
Javier Blánquez | 19/01/2016 - 10:26

Han tenido que pasar varias décadas para que, más o menos y así a lo gordo, la gente por fin se haya dado cuenta de que Bertín Osborne es dios.

Suele ocurrir: en la lozana juventud, cuando a alguien se le advierten talentos diversos como por ejemplo montar a caballo o llevarse señoras al huerto -que parece lo mismo, pero no es igual-, o se le reconoce una fortuna holgada para disfrutar de la vida y sus placeres, lo primero que aflora es la envidia.

La admiración y los elogios, como bien decía Enrique Jardiel Poncela, se dedican a las personas una vez éstas hayan muerto, aunque en algo habremos avanzado en este país, porque últimamente estamos de un magnánimo subido con sex symbols de antaño que ahora, en su etapa aparentemente decrépita, por fin jaleamos como si fueran un futbolista en estupenda racha goleadora.

Si hace año y medio por fin nos pusimos de acuerdo, como sociedad generosa que el fondo somos, en reconocer la grandiosidad de Julio Iglesias -gracias a una avalancha de memes-, ahora va siendo el momento de hacer lo propio con Bertín, el follador más infravalorado de España.

Bertín Osborne

 

Las de Caín 

Como los grandes fornicadores suelen, además, ser de derechas y tener villas, yates, lujos, la envidia se suma al otro gran mal de España, el guerracivilismo, y no hay manera de admirar en su dimensión estrictamente pop a quien además de éxito con las mujeres tiene también ganado -que parece lo mismo, pero no es igual-, dinero, tierras.

Es como si no se lo hubiera merecido. A ver, quizá no, la vida es dura –Tomás Roncero dixit- y muchas veces injusta, pero que alguien no haya completado de manera satisfactoria una serie de requisitos para recibir en pleno toda la justicia divina, eso no significa que nosotros estemos por encima. La suerte va por barrios, era una de las máximas que siempre decía aquel gran filósofo llamado Alfredo Di Stéfano, y a Bertín le ha ido tocando la lotería siempre. Hasta tiene apellido de noble inglés.

En los años 90, hubo grandes oportunidades para admirar al crooner jerezano, siempre con el tejano aprentando mucho la huevera, jugándose el porvenir de sus glándulas y la calidad de su semen, todo ello completado con botas de montar, camisas de playboy y esas cholas en la nuca típicas de quien vive más de noche que de día, apesta a alcohol bueno y, llegado el momento, siempre tiene dos opciones para ganar su partida de Risk del amor: o sacar la tarjeta de crédito o las llaves del Ferrari.

No nos debería extrañar, por lo tanto, que cuando Telecinco necesitó un presentador ad hoc para aquel programa pionero de lo picantón en televisión, ‘Contacto con tacto’, fuera Bertín el elegido para conducirlo con el mismo temple y habilidad como llevaría a una bella dama, de la discoteca a su finca, en un cochazo descapotable.

Aquel programa mítico inició la moda de las citas a ciegas en televisión, eran dos tipos y tres chorbas que quedaban y se insinuaban, y luego el rollete seguía en plató, mientras Bertín repartía juego, lanzaba chistes malos, soltaba la típica risa del Perro Patán cuando consideraba que alguna ocurrencia era la leche, macho, y de mientras iba metiéndose entre pecho y espalda la copita de coñac, el cubata, el whisky y cualquier otro brebaje con no menos de un 10º de gradación.

 

Alcohol a la parrilla

Hay grandes momentos de la ebriedad en televisión, siendo Fernando Arrabal el top 1 indiscutible -‘déjame hablaaaaarrrrrr’-, pero quienes veíamos furtivamente aquel programa a las tantas de la noche, robándole horas al descanso y al decoro personal, sabíamos que lo que molaba no era adivinar una cacha o un pezón furtivo, sino disfrutar de Bertín en su salsa, haciendo honor de su bien ganada reputación como ‘heteras’, macho ibérico en plenitud, hombre rico y experimentado que aleccionaba a los cachorros, a modo de sensei, en las artes del fornicio.

Todavía no nos habíamos quitado el pelo de la dehesa post-franquista y los referentes sexuales del país eran aún Alfredo Landa y muy poca gente se había dado cuenta de que con ‘Maricón de España’ lo que estaba haciendo Millán Salcedo no era dar risa, sino salir del armario, así que nos vino bien un poco de modernidad en el approach a la sexualidad rampante. Con Bertín supimos muy a las claras lo que era un buitre de barra de bar, un depredador de discoteca.

Con el tiempo, eso que antes era incierto y polémico, se se fue diluyendo -su siguiente proyecto en televisión, ‘Scavengers’, que muy oportunamente se traduce por ‘carroñeros’, en el que iba disfrazado de Arnold Schwarzenegger circa ‘Perseguido’ (1987), le restó mucha credibilidad fornicadora-. Entonces, en vez del macho nos quedó el freak. Pero resulta que el freak también molaba.

 

De casta le viene 

En realidad, el freak ya estaba de antes. Cuando Bertín se paseaba por los platós de aquella Televisión Española en la que dominaban con mano de hierro el anillo giratorio y el tupé morrisseyano de Jesús Hermida, había que taparse levemente la sonrisa con sorna cuando, todo plantado frente a un micro pomposo y con leves entradas asomando entre su pelazo negro, Bertín cantaba aquello de ‘Buenas noches, señora’.

Bertín

Su gran hit siempre fue una mierda, pero curiosamente gustaba mucho a las (cómo no) señoras con su permanente, su costumbre de ir a merendar melindros en grupo y su tendencia a enviudar y coleccionar maridos ricos, y de rebote nos familiarizamos con otro concepto que por entonces no era ni incipiente, pero que hoy nos habla de modernidad absoluta en el reparto de roles sociales: la cougar del barrio de Salamanca nació con Bertín Osborne, mucho antes de que sus equivalentes de hoy le hagan ojitos a Albert Rivera y hasta prometan votarle el 20D, y ahí lo teníamos, dominando el espectro: a las solteronas y a los crápulas había por fin un hombre en España que les marcaba el camino.

Más de 20 años después, Bertín Osborne ha recibido por fin el reconocimiento unánime que merece como puntal de nuestra cultura pop. No se trata de sus discos, que no hemos escuchado ni lo vamos a hacer -sólo hay que ver los títulos, o la fotocomposición, para detectar que eso es basauri-, sino sus muy medidas y aprovechadas apariciones en televisión como opinador, primero, y como líder de audiencias después.

A quien le haya sorprendido encontrarse en TVE con ese Bertín campechano en su casa, propia de un jeque árabe, llevándose a pasar unas horas a leyendas de la farándula, peces gordos del cuore y políticos aspirantes a presidente -que parece lo mismo, pero no es igual-, habría que recordar antes cómo Bertín era siempre un comodín útil para cualquier programa que tratara la actualidad o el contexto desde la perspectiva del espectáculo.

Cada vez que Bertín aparecía en una entrevista con Risto Mejide o con Jordi González, las audiencias lo petaban, y las redes sociales ya ni les cuento. Mientras las abuelas se derretían, la progresía con Twitter se echaba las manos a la cabeza porque el tipo se reconocía abiertamente de derechas y, a la vez, indignado, lo que lógicamente le lleva a votar a Ciutadance antes que a Podéis, que diría Arcadi Espada. Y ahí estaba Bertín, con dos botones desabrochados, el pestazo a macho, declarando que a pesar de rondar los sesenta años el futuro le pertenece, como a David Bowie.

Ahora hace lo mismo pero en formato doméstico en su hit ‘En la tuya o en la mía’, y con la autoconfianza del emprendedor que ha sabido reinventarse -ahora multiplica sus ingresos con productos de alimentación adornados con un márketing que habría salivar hasta a Marine LePen, todo 100% con productos naturales, envasados por empleados españoles, más ibérico que los reyes visigodos- y que además practica la solidaridad al ceder beneficios a una fundación.

Bertín ha ido mostrando su drama humano también -todo gira alrededor de su hijo pequeño-, y toda esa mezcla ha resultado ser explosiva en cuanto a empatía, ya sea irónica/distante o sincera/cercana. El indignado conservador que toma el mando y sirve de ejemplo como empresario para levantar España como antes levantaba su pene al paso de cualquier dama de alta sociedad y rica heredera en Puerto Banús; el sibarita del jamón, el finito y el escocés que, después de un almuerzo opíparo de puchero y venado, se casca un copazo on the rocks que no se lo salta un galgo.

Bertín es el hombre que para todo tiene respuesta, conversación y opinión fundada, ya sea el cambio climático, la gestión de Luis Enrique o la edad de Carmen Lomana, epítome y resumen de todo el cuñadismo que hoy domina la opinión pública; el resumen y triunfo del macho español. Incluso ya protagoniza memes.

Julio Iglesias is dead, long live Bertín Osborne.

 

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