Vicio y subcultura Caer en desgracia está de moda

Más vicioso que nunca, Blánquez traza esta vez un insólito paralelismo entre Toño Sanchís, Charlie Sheen y James Deen, tres titanes de la hombría sin prejuicios que han caído en desgracia casi a la vez por razones bien distintas.

Un titán caído en desgracia
Javier Blánquez | 21/01/2016 - 17:12

Toño Sanchís era el vivo ejemplo de cómo se podía triunfar a lo grande mientras el resto del país se iba a la mierda. En plena crisis, mientras España se desangraba en su amor propio y no había dinero ni para pagar las operaciones de menisco, este hombre hecho a sí mismo tuvo una visión, la llevó a cabo y se elevó sobre el resto de los mortales arrojando una sombra densa, de la que era imposible escapar.

Hubo un día en que llegó a creer que era la encarnación de Zeus. Con mano de hierro, el que fuera miembro de Los Inhumanos -por si no los recuerdan, un grupo de los 80 y primeros 90 que era como la tuna, pero todos vestidos de blanco en plan la secta Niños de Dios, cantando canciones que estaban entre la chirigota y la basura más infecta-, forjó la agencia de representación de famosos más poderosa del país, y no había discoteca, programa de televisión, marca cutre de sartenes o productos así, por no hablar de los photocalls y las alfombras rojas, que no requiriera de sus servicios a la hora de contratar una celebridad.

Si querías estar cerca de Belén Esteban, Olvido Hormigos o Rafa Mora, necesitabas a Toño. Es decir, necesitabas a Lorant: una agencia “de azafatas, de modelos, de servicios, de famosos y actores”, tal como se describe en su propia web. Una auténtica máquina de hacer dinero.

 

Sombras y más sombras 

Luego descubrimos que Toño no era, al parecer, del todo leal a sus clientes y, con la mano distraída, iba tangando porcentajes y cláusulas de los contratos para enriquecer sus arcas. Se aprovechaba de que el 95% de sus clientes no había sido capaz de sacarse el graduado escolar para maniobrar discretamente en cada una de las operaciones de contratación para ocultar el montante real -si él cerraba la visita de algún tronista a una sala de variedades pactaba, por ejemplo, 15.000 euros, y le decía a su representado que eran 10.000, embolsándose la diferencia y encima la comisión, más o menos-, o incluso para rehacer el contrato a su gusto y llevarse más del 30% de beneficios.

Ni siquiera los políticos de Convergència o del PP han tangado tanto, y como es normal, Toño Sanchís ha mordido el polvo en el momento en que todo este trapicheo ha salido a la luz. A la Esteban le debe más de un kilo; es difícil que salga de esta. Hay veces en que se puede caer a lo más bajo y remontar inesperadamente -ejemplo: cuando se conoció la adicción de Kate Moss a la cocaína y, sin embargo, el mundo de la moda la perdonó y ascendió de nuevo al Olimpo de las tops-, pero no será el caso de Toño, desde hoy un apestado, un paria, alguien al que van a crujir a demandas y que va a perder hasta los empastes. Ojalá hagan un ‘Sálvame Deluxe’ pronto.

Sanchís con Belén Esteban

 

Caer en desgracia, pues, está de moda. Que se lo digan si no, también, a Charlie Sheen.

No hace mucho que decíamos que Sheen era nuestro ídolo, el hombre que querríamos ser de mayores, una bestia de la fiesta que empalmaba noches enteras sin dormir regadas con champán, acompañado de putas caras y de productos típicos de Bolivia, destrozando suites de hotel como cualquier estrella del rock.

En nuestro fuero interno sabíamos que lo de Charlie no podía ser para siempre, y que le acabaría pasando como a Axl Rose, o a Mike Tyson, y que tanto desfase, tanto descontrol, acabaría por volverle loco, arruinarle o dejarle con la pata estirada en cualquier motel de mala muerte si algún día se pasaba de la línea. Lo que no sospechábamos es que lo que acabaría por darle la puntilla al Villalobos de Hollywood era un diminuto virus que siempre habíamos sospechado que era mentira, desde el día en que Magic Johnson se suponía que lo tenía, se iba a morir, y ahí sigue, tan vivo y tan rollizo como siempre. Pero el caso es que a Sheen le molaba follar sin condón con lo primero que se pusiera por delante, y le ha acabado tocando el premio gordo en la lotería de las ETS.

Charlie Sheen

 

Una cosa es que te contagien una gonorrea, que con antibióticos, discreción y calma se acaba curando, y otra muy distinta el sida, que aunque ya no diezma a la población como antes, sigue cargando consigo con el estigma de lo imperdonable. Si tienes el sida es como si estuvieras muriéndote de lepra: no sólo no te ayuda nadie, sino que encima el resto del mundo te abandona, no quieren ni verte, ni mucho menos tocarte, es un pozo de descrédito -al menos en el sector farandulero en el que se mueve el protagonista de la trilogía ‘Hot Shots’– del que ya no se sube.

Los romanos se inventaron la socorrida expresión de “memento mori” [recuerda que eres mortal: cada vez que un general regresaba victorioso de una batalla, un esclavo le susurraba al oído estas palabras para rebajar su ego], y habría sido muy útil para Sheen: creyó que su corazón resistiría las montañas de cocaína (y su corazón resistió), creyó que su tarjeta de crédito soportaría los gastos derivados de suites de hotel en Las Vegas, escorts caras y bodegas enteras compradas al por mayor (y su tarjeta resistió), y creyó que su pene podía deslizarse sin consecuencias por cualquier agujero y salir como los chorros del oro tras depositar la mermelada de perlas. Pero se equivocaba.

 

La mácula

Tener el sida en Hollywood es casi tan desmoralizador y letal como tenerlo en la industria del porno. Si eres actor o actriz X y te contagias de cualquier ETS, tu carrera se resiente, y cuesta volver al nivel más alto porque has entrado definitivamente en un registro de personas de riesgo del cual no te puedes borrar nunca, y nadie te quiere tocar ni con un puntero láser.

Pero no ha sido una enfermedad lo que ha tocado (y casi hundido) al actor más carismático de la industria, James Deen, sino una acusación vía Twitter de su ex pareja, Stoya.

James-Deen

 

Dice Stoya que un día James estaba in the mood for follar y se abalanzó sobre ella como tigre en celo, buscando enconadamente las aberturas del placer, las puertas del paraíso, pero que ella dijo que no, cariño, ahora no, pero él estaba en plan que sí, y ella que no joder, para ya, que me duele la cabeza, y él ni caso y venga y grrrrr arghhhh umpf zump zump.

Lo que equivale sin duda a una violación si damos crédito a las palabras de Stoya, y así lo dijo abiertamente al mundo. Poco después, otras actrices porno con las que había trabajado Deen se sumaron al coro de denuncias, y empezaron a explicar que él, delante de la cámara, era un intensito que a veces se pasaba de violento, que bombeaba con demasiada fuerza, que a veces le pedían que parara o frenara y nada, él seguía ahí hasta correrse.

Stoya

 

Líneas rojas 

Una cosa es tener fama de pasarse tres pueblos en un rodaje -tipo Max Hardcore, un hombre que se mea en la boca de las actrices y las humilla delante de la cámara, las deja llorando, con dilataciones monstruosas y magulladuras- y otra muy distinta ponerle más énfasis del normal a un coito. Pero en el momento en que una mujer te acusa (y al parecer, con fundamento) de violador, ya la has cagado.

No sirve que Deen diga también en Twitter que “respeta a las mujeres” -una frase comodín que ya no significa nada, tipo “tengo amigos catalanes”-, porque ya tiene el estigma colgado y si esto fuera a juicio lo más seguro es que pierda. Y ocurrirá que haya chicas que ya no quieran trabajar con él, estudios que no le contratarán y toda esta operación bien orquestada para hacerle el vacío y que le dejarán solo, aislado, y puede que muy pronto arruinado.

Nos perderemos sus corridas monstruosas, sus anales mirando fijamente a los ojos, sus gruñidos de gorrino en celo, ese aspecto de chico bueno tras el que se camufla un sátiro, el hijo de Príapo, 20 centímetros más eficientes que una taladradora Black & Decker, porque ésta es otra forma de caer en desgracia, y caer en desgracia está de moda, y parece que cuando te toca esa mala suerte –Deen, Sheen, Sanchís- es como viajar al infierno, y de ahí, salvo Orfeo y Eneas, nadie ha vuelto jamás.

Toño Sanchís

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One Response to Caer en desgracia está de moda

  1. Parece que ahora cuanto más cafre o desalocato/estúpido se es más de moda o más alto puedes llegar… buen artículo!

    Saludos desde bolivia!

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