Vicio y subcultura Charli XCX, antídoto contra el zorrerío pop

Pop y sexo. Javier Blánquez reincide en el que se viene convirtiendo en uno de sus temas favoritos y reivindica a Charli XCX como justo término medio entre la lubricidad escandalosa de Ariana Grande y el estudiado remilgo de Taylor Swift.

Charli XCX
Javier Blánquez | 23/12/2014 - 10:07

Si hablamos de alto voltaje sexual en el pop, 2014 ha sido un año flojo comparado con 2013: no ha habido ninguna Miley Cyrus paseándose en bragas por los platós de televisión simulando felaciones, poniendo el culo en pompa en ‘prime time’ para solaz de adolescentes y horror de padres mojigatos, ni arrastrándose un dedo ardiente por la entrepierna con los ojos en blanco.

Ya sabemos que la Cyrus no había inventado nada y que sus trucos de falsa suripanta de la calle Montera solo podrían impresionar a quien un día antes se había caído del guindo, pero en el día a día de la actualidad musical daba bastante vidilla, la verdad sea dicha. Un día se hacía un tatuaje en la corva y al otro fotografiaba un porro en Instagram (¡hala, qué chunga!); luego iniciaba su gira mundial cabalgando a lomos de un pene de porexpán y finalmente decía que en el siguiente disco tenía que madurar.

Si en 2014 se ha mantenido la temperatura erótica, ha sido por la inercia de Miley, más que por los esfuerzos de las starlettes que le tienen que tomar el relevo. Lo único relevante en ese aspecto ha sido la irrupción de Ariana Grande, con la frescura y lozanía de sus 18 años recién cumplidos, concentrando todo su talento en el brillo de sus pantorrillas.

 

Nicki y el año del culo

Lo que está claro es que, salvo contadas excepciones, las mujeres del mainstream consiguen un mayor impacto comercial cuanta más carne enseñan. Si les parece sexista vayan a reclamar al Defensor del Pueblo y no maten al mensajero, porque con un disco que está pasando sin pena ni gloria -eran más las ganas de que saliera ‘The Pinkprint’ que de escucharlo-, Nicki Minaj está consiguiendo más prensa que nunca, más apariciones estelares en revistas de estilo, pero no por sus canciones sino por el aumentado volumen esférico de su culo, en un año en el que una estrella de lo banal no es estrella si no enseña el bullate por los sitios.

Parafraseando a Alfonso Guerra, aquí la que no se destapa no sale en la foto, ya sea en ‘Complex’, ‘SModa’ o ‘The Sun’. A menos que te llames Taylor Swift, que no sabemos muy bien cómo se lo monta, pero sigue siendo la reina de todo este tinglado sin sugerir más body de lo estrictamente necesario.

En el último número de ‘Primera Línea’ disponible en el quiosco -vayan a comprarlo, que les dará alegrías y solaz durante toda las navidades, y va muy bien para tener en el baño cuando haya que exonerar el cocido, el pavo y los canelones- aparece un artículo que trata sobre esta cuestión: los polos eróticos del pop en 2014, con Ariana Grande en una punta del ring como la nueva polluela dispuesta al destape como complemento a unas canciones pegadizas como un chicle de fresa, y en el otro Taylor Swift, como la superventas que nunca ha querido pagar el peaje de hipersexualizarse a pesar de tener buena percha, porque comprende también que su gran activo es mantenerse como la chica ideal para una América conservadora y republicana que sueña con hijas monas y castas para sus hijos rubios con dentadura perfecta y un escudo de Yale bordado en el suéter.

Los discos de Swift cada vez son más chispeantes y sobreproducidos -en ‘1989’ se percibe la mano de Max Martin, el hombre que ‘hizo’ a Britney Spears, aquí intentando llevársela al huerto en el que se cultiva el melonar de Katy Perry-, pero ella no vende su vida privada, y en cuanto a enseñar, sólo enseña las piernas. Que es como enseñar tu casa en el ‘Hola’ y mostrar sólo el recibidor: sabe a poco.

Charli XCX

 El sexo es tendencia

El artículo que decíamos concluye con un apéndice que intenta averiguar cuál será el siguiente paso en esta corriente de sexualización del pop, que no es nueva -nos podemos ir hasta el matojo de Madonna en el libro ‘Sex‘, por lo menos-, pero que sigue marcando el ritmo y el termómetro de la industria musical.

¿Lo próximo es incrementar el zorrerío pero urbanizándolo, como en el caso de Iggy Azalea? ¿O el ejemplo de otra superventas con sello de autoridad generacional como Lorde nos llevará a una época en la que estará mal visto que las jóvenes chicas del pop (y las de la vida real) vendan primero su cuerpo y luego, si lo tienen, su talento?

El efecto Lorde, que irrumpió en 2013 y cuya sombra se ha extendido a lo largo de todo 2014, es importante: con su juventud rabiosa de adolescencia apenas estrenada, su intensidad emocional y su look gótico -realzando lo oscuro de su rostro y su espíritu, despreciando lo trivial-, la neozelandesa Lorde ha traído a este debate cuestiones importantes: la tiranía de la imagen, la falsedad del producto pop convencional, la mentira de sus estrategias. Ella hace canciones y las canciones se venden por sí mismas porque son buenas; ella se ha ganado una fama que utiliza para corregir vicios enquistados en la sociedad de las redes -contra el maquillaje y el Photoshop, contra la utilización de la mujer como objeto-. Lorde podría ser el ejemplo.

El problema es que Lorde sólo hay una, su caso es tan excepcional que está condenado a ser único, porque una imitación no funcionaría. Pero podría funcionar una tercera vía: en el pop de 2015, lo que intenta ser Albert Rivera en la política lo podría ser Charli XCX en el pop.

El problema de las terceras vías es que a la gente le gustan los extremos -o eres Dolores de Cospedal, o sea, Taylor Swift, o eres Pablo Iglesias, o sea Ariana Grande, pero no quieras ser, ¡por el amor de dios!, Rosa Díez-, y los híbridos se quedan en bienintencionados, pero no arrasan.

El personal arrufa la nariz cuando detecta una marca blanca, o las medias tintas. Pero esta no es una ley universal: Charli XCX ya lo está notando, lleva mucho tiempo sintiendo que su momento llega, y sus armas son distintas. Ella es la compositora pop con mayor imaginación y capacidad de su generación, es una máquina de hacer hits de los que luego se injertan como tallos de geranio en toda la publicidad en radio y televisión, es la maestra del gancho, pero está más presente su música que su figura. Todo el mundo ha escuchado ‘I love It’ de Icona Pop, pero no todo el mundo sabe que Charli XCX, inglesa de 22 años de moreno pelazo, es la autora de la canción. Todo el mundo reconocerá las primeras notas de ‘Break Up’ y ‘Boom Clap’ cuando te las pongan en un anuncio de teléfonos móviles, pero su proyección pública no acaba de progresar.

Lo que va de su primer disco, ‘True Romance‘ (2013) al nuevo recién editado, ‘Sucker’ (2014), en todo caso, es bastante notable: en su debut, Charli XCX firmaba canciones extraordinarias de pop hipervitaminado, colorista y modernísimo, pero nadie hablaba de ella. Se departía sobre Lorde y se hablaba de Miley Cyrus en las conversaciones pop, pero no había espacio para comentar sus habilidades como letrista y amalgamadora de estilos.

Su público, que tendría que ser básicamente teen, desconocía su existencia. Con uno de los singles de ‘Sucker’, ‘Boom Cap’ esto ha empezado a cambiar: la canción apareció en el drama juvenil ‘Bajo la misma estrella’, pero con la mala suerte de que la canción-de-película que lo ha petado este año ha sido ‘Yellow Flicker Beat’ -otra vez Lorde- para la tercera parte de ‘Los juegos del hambre’. Algo es algo, de todas maneras, y tras ese pepino -los 109 millones de reproducciones en YouTube no son moco de pavo, oiga- vino otro que tenía que reequilibrar las fuerzas en el pop de consumo.

El siguiente single, ‘Break the Rules’, a pesar de que tiene el que probablemente es el peor estribillo en muchos años (‘I Don’t Want to Go to School’, ‘I Just Want to Break the Rules’) es un hit de dimensiones épicas que encuentra un sonido refrescante para el pop de masas en 2014: básicamente, volver a las fuentes del rock sencillo -del estilo de Ramones– y rodear esos guitarrazos y esas melodías simples con la producción lujosa y tecnificada de un single de Lady Gaga.

Charli XCX

Y para acabar de redondear la maniobra, un poco de muslo y pechuga -más bien canalillo- en el videoclip, en el que aparecen Charli XCX y su pandilla de cheerleaders saboteando un autobús escolar y un baile de fin de curso. Echábamos de menos a Gwen Stefani, con sus cropped tops y sus pompones, y aquí está, renacida pero con un aspecto más Dita von Teese.

La reflexión sobre el momento dulce de Charli XCX tendría que ser ésta: lo erótico forma parte del pop y en ningún caso el pop debería desprenderse unilateralmente de ese activo comercial, pero el pop tiene un problema si, para vender, lo confía todo a un culo de la dimensión de dos sandías, un despliegue de maquillaje y plumaje, sacar la lengua y poner cara de estar corriéndose prolijamente y olvidar todo lo demás en este negocio, que es la calidad de las canciones.

Estamos hartísimos de que en los álbumes de todas estas jóvenes polluelas que dan muy bien el pego en las galas de entregas de premios sólo haya una (a lo sumo dos) composiciones que merezcan ser salvadas de una hoguera pública. Y estamos necesitados de artistas que, aunque no sean figurines -y en algunos casos incluso se acerquen al estereotipo de la ‘orcodiva’; algún día hablaremos de ella, si los vientos nos son favorables, como prometimos hacerlo sobre el ‘heterazo’-, tengan discos que superen el test del tiempo.

‘Sucker’ es uno de ellos: el equilibrio entre producción actual, diversión juvenil y transversalidad de géneros -la manera en que Charli XCX despliega guitarrazos, gritos, coros eufóricos y beats electrónicos hace de estas canciones perfectos hits para una noche de fin de año– sienta las bases para luego desarrollar todo lo demás. Y lo demás es, cuando conviene, destaparse un poco, sugerir pechuga, levantarse la minifalda, poner morritos, que ya sabemos que también existe el atractivo erótico de lo goth, y además hacía mucho tiempo que echábamos de menos un revival de Transvision Vamp.

Charli XCX

  • Imprimir
  • Enviar por e-mail
Este mes, en 'Primera Línea'
María Lapiedra: la vida sexual de la reina del escándalo
Este mes, en 'Primera Línea'
publicidad
publicidad
Búscanos en Facebook
publicidad

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Current day month ye@r *

© Ediciones Reunidas, S.A. | Todos los derechos reservados